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Canibalismo ambiental, ¿hechos o sensacionalismo?

posted by El Destilador Cultural 3 febrero, 2020 0 comments

Las fuertes protestas políticas y la indignación social sobre el mal amor hacia el ambiente han ido ganando voz en los últimos años. Por mencionar un ejemplo, Greta Thunberg es casi una celebridad de la que ha oído hablar hasta la suegra. Los señalamientos de esta activista de 16 años a mandatarios de todo el mundo, sin embargo, poco o nada han cambiado las cosas. La que aspira al Premio Nobel de Paz en 2020 fue señalada por Donald Thrump como profeta de la fatalidad. 

La realidad es fulminante: el Acuerdo de Escazú sobre protección al medio ambiente apenas ha sido ratificado por seis países de toda América Latina y el Caribe. Los devastadores incendios en Australia han generado un alto riesgo de extinción del koala: la impotencia de la prevención inútil. El Acuerdo de París sobre reducción de emisiones de efecto invernadero, firmado por 195 países (55 ratificaciones), un fiasco: a la fecha, ningún país ha reducido los suficiente sus emisiones.

La crisis ambiental del planeta era, hace un par décadas, un hecho apenas controversial, un tema de pompa para documentales de cadena. En ese entonces todavía podíamos escuchar al señor de la carnicería del barrio, a nuestra abuela o a nuestro padre, hablar sobre las exageraciones de estar “matando” al planeta. Con esta última expresión, me llega siempre a la mente el Mundo de las Margaritas, una ilustración de la Hipótesis Gaia planteada por el científico James Lovelock en 1969. Lovelock, hombre que, dicho sea de paso, disfruta sus 100 años de vida en su casa de Dorset, Inglaterra, al suave refugio de más de 200 artículos científicos publicados, 50 patentes y ocho Doctor honoris causa de las más prestigiosas universidades del mundo.

El Universo de las Margaritas plantea una situación en la que el mundo entero es sembrado por dos variedades de margaritas: negras y blancas. Las margaritas negras absorben el calor del sol, por lo que el planeta es más caliente. Las blancas, reflejan los rayos, y el planeta es más frio. Tanto aumenta la temperatura del sol, tanto se compensa con proliferación de margaritas blancas que reflejan la luz. Y si la temperatura disminuye, proliferan margaritas negras que absorben la energía y conservan al planeta caliente. Si la Hipótesis Gaia es cierta y el planeta se autorregula, dicha regulación dependería de la velocidad de colonización de las margaritas.

Las margaritas (blancas, en nuestro caso) podrían colonizar el planeta en un día, o en cien años. 

Mejor aún, ¿qué sucede si Nosotros somos el exceso de margaritas negras? Y tal vez por eso, no deja de impactar el cine de zombis, el sorprendente aumento de películas postapocalípticas (apocalípticas también). Inminente exterminio, o supervivencia, de la raza humana. Genera, en últimas, cierta sensación de capitalismo verde y marketing ambiental de último nivel. La gesta del cambio climático: ayudar al planeta con la compra (y uso) de automóviles eléctricos. Claro, siempre y cuando se trate del flamante Cybertruck de Tesla.

Y la pregunta detrás de todo esto es: ¿Hechos o sensacionalismo? Contribuir al cuidado ambiental, o esperar para adaptarnos al dinero que otros hacen de él.

La regulación, ¿cuándo, y a qué costo?


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