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Quinquis de los 80 en el CCCB (Barcelona)

posted by Marc Muñoz 26 agosto, 2009 0 comments

– Sácale el peluco a ese antes de que venga la guripa, que aún tendremos un jari del bueno.

– ¡Achanta la boca, no pienso volver al talego.!

– Bueno pues sácate el tate o rulate un Pink Floyd.

Si las expresiones de estas frases os resultan totalmente ajenas, puede deberse a tres causas. O bien en los 80’s erais demasiado pequeños como para enteraros de algo (aquí uno), o bien fuisteis enviados a un internado elitista de Bristol, o bien aún no habías sido engendrados. Todas las expresiones del diálogo imaginado al principio de esta entrada eran de uso común entre los quinquis, una generación de jóvenes que durante el período de 1978 al 1985 se dedicaron a delinquir, trapichear, drogarse, tener sexo y dejarse el dinero mangado en las recreativas. Algunos de esos delincuentes traspasaron la plana de los breves de sucesos para convertirse en una especie de estrellas mediáticas de la época. La cabeza más visible de esos jóvenes desamparados fue la del Vaquilla, pero también el Torete y el Jaro tuvieron su repercusión.

Todo esto es lo que recoge esta exposición del CCCB, que analiza la repercusión que tuvieron estos jóvenes delincuentes en la prensa y en el cine, influenciando, y en muchas ocasiones, protagonizando ellos mismos, un cine social español muy crudo y veraz, que tuvo en Perros Callejeros y El Pico sus piezas clave, y en directores como Jose Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia a sus principales abanderados.  Muchos de esos filmes mantienen a día de hoy cierto interés, más que por su aspecto cinematográfico, por el carácter social e histórico.

Pero la exposición no sólo abarca la subcultura creada al en torno de ese período concreto de nuestro país, que venía golpeado por la intensa crisis de los 70’s, sino que también indaga en el contexto social y económico de esos chicos de polígonos y extrarradio, que no conocían otra forma de vivir que el delinquir a edades extremadamente prematuras. Un ejemplo de ello fue el del Jaro, que con 15 años dirigía una banda de atracadores (de personas mayores que él), y ya llevaba 25 detenciones a sus espaldas, y quién sabe si se está volviendo a producir algo semejante con el azote de la actual crisis.

La exposición está montada de forma coherente y equilibrada,  ya que el recorrido está muy bien separado por temáticas. Una de ellas está dedicada al ocio de los quinquis, y resulta impagable poder recuperar nuestras añoradas máquinas recreativas de antaño y los pinball, mientras de fondo se oye en una gramola “Soy un perro callejero” de Los Chungitos. No faltan vídeos, fotografías, posters, recortes de prensa, reportajes y documentales, para recuperar ese mundo que parece muy lejano, pero que se vivió en España no hace tampoco mucho.

No pierdan la oportunidad de visitar Quinquis de los 80 antes de su cierre definitivo el 6 de septiembre.

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