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Tres apuntes sobre la cuestión hipster

posted by Marc Muñoz 13 noviembre, 2014 0 comments

London hipster

Se está hablando muchos estos días sobre lo hipster a raíz de la publicación de “Indies, hipsters y gafapastas” (Capitán Swing) de Victore Lenore. Un libro que sin duda se ha beneficiado de toda la atención que sigue despertando  la simple pronunciación del vocablo en España. Si bien es verdad que desde hace varios años ninguna tribu urbana la ha conseguido remplazar –  lo del normcore parece que se quedará como una anécdota – también es verdad que se lleva demasiado tiempo arrastrando una obsesión, casi enfermiza, por la cuestión que centra este post.

Con tal de poner un humilde granito de arena en el asunto, y con el deseo de que se zanje pronto esa omnipresencia de lo hipster en nuestras vidas – os puedo asegurar que en Brooklyn, cuna del movimiento, la cosa se llevan con naturalidad, ni unos están obsesionados con serlo, ni los otros, para dejar de serlos – he querido recuperar una palabras muy elocuentes de Brian Chester, un periodista de la revista musical neoyorquina Deli, a quien entrevisté con motivo de este artículo sobre la gentrificación en Brooklyn para Fuera de series.

Es su respuesta aporta algo de luz clarificadora sobre la etiqueta, sus motivaciones y características.

“… the hipster has doubtless become the whipping boy of recent times. If I see another alternative newspaper or blog post some ridiculous diatribe about hipsters, I think I’ll jump off a roof. The irony is that the same people writing these stories are pretty much hipsters themselves. But since no one seems to be able to say exactly who or what makes a hipster, no one thinks of him or herself as one.
 
To me, the hipster label is not that different than the beatnik of the 1950s or hippie label of the late ’60s/early ’70s. No one who was branded “beatnik” or “hippie” actually thought of themselves as beatniks or hippies. What the three labels share in common is an insatiable appetite for culture, though I personally think the creative fruits of the Beat Generation and the Flower-Power generation were more subversive than the current hipster paradigm. The reason for this lack of subversion may be simple enough — the fall of the Soviet Union in the early 1990s left capitalism as the unmitigated victor. There was an arrogance that grew out of it.
 
So much bloodshed in the wake of the Soviet failure made it seem that capitalism was the more humane answer and, if that’s the case, then it should be allowed to show its favor in all areas, including the arts. So you had all of these businesses that were promising eco-consciousness or philanthropy based on our willingness to consume their products. Our consumption was thought of as a moral act. It sounds ridiculous now. But American creative types started new businesses and worked for corporations, where, especially in the fraternity-like atmosphere of the tech industry, it seemed like bohemianism and capitalism weren’t as incompatible as they’d once been. What we found, however, was that this brand of quasi-bohemian living was actually just a posture and thus the hipster is now a euphemism for the slightly alternative-looking bourgeoisie who aren’t really anti-anything, other than they have strong opinions about things like the “Star Wars” prequels or the Velvet Underground’s superiority to the Beatles. I’m generalizing here, but I think the problem goes much deeper than blaming hipsters for the high rent prices in Williamsburg. My hunch is that if you went around and asked twenty people whom you considered to be hipsters if they wanted the rents in Williamsburg to go through the roof, there answer would be 100% “no.” Are hipsters bad for culture? Or do they simply reflect the time and milieu that we currently live under?”

 

Aquí la traducción:

“… lo hipster se ha convertido, sin duda, en la cabeza de turco de los últimos años. Si veo en otra publicación o entrada de blog alguna diatriba ridícula sobre los hipsters, creo que voy a saltar desde un tejado. La ironía es que las mismas personas que escriben estas historias son más o menos los propios hipsters. Pero ya que nadie parece ser capaz de decir exactamente quién o qué hace ser hipster, nadie se auto define como tal.

Para mí, la etiqueta hipster  no es tan diferente de la del beatnik en los 50’s, o la hippie a  finales de los 60 / principios de los 70. Nadie a quien se considerada “beatnik” o “hippie” pensaba que lo fueran por sí mismos . Lo que las tres etiquetas tienen en común es un apetito insaciable por la cultura, aunque creo, personalmente, que los frutos creativos de la Generación Beat y la generación Flower-Power eran más subversivos que el paradigma actual del hipster. La razón de esta falta de subversión puede ser bastante simple – la caída de la Unión Soviética en la década de 1990 dejó el capitalismo como el vencedor sin paliativos. Hubo una arrogancia que creció fuera de él.

Con tanto derramamiento de sangre que motivó el fracaso soviético hacía parecer que el capitalismo era la respuesta más humana y, si ese era el caso, entonces se debía permitir mostrar su afiliación en todas las áreas, incluyendo el arte. Así tenías a todas estas empresas que prometían eco-conciencia o filantropía basadas en nuestra disposición a consumir sus productos. Nuestro consumo fue pensado como un acto moral. Suena ridículo ahora. Pero el perfil de creativo estadounidense empezó nuevos negocios y trabajó para compañías, en las que, sobre todo en los ambientes de fraternidad como los de la industria tecnológica, parecía que la bohemia y el capitalismo no eran tan incompatibles como alguna vez lo habían estado. Lo que encontramos, sin embargo, fue que esta marca de vida cuasi-bohemia era en realidad solo una postura y por lo tanto lo hipster es ahora un eufemismo para referirse a la burguesía ligeramente alternativa que realmente no son anti-nada, más allá de tener fuertes convicciones por cosas como las precuelas de “Star Wars” o la superioridad de la Velvet Underground a los Beatles. Estoy generalizando aquí, pero creo que el problema va mucho más allá de culpar a los hipsters por los altos precios del alquiler en Williamsburg. Apuesto a que si fueras por allí y les pidieras a veinte personas a las que considerases  hipsters si quieren las rentas en Williamsburg por las nubes, la respuesta sería en el 100% de los casos “no”. ¿Son los hipsters malos para la cultura? ¿O es que simplemente reflejan el tiempo y el entorno que vivimos en la actualidad ? ”

 


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