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Black Mirror 2×3: “The Waldo Moment”

posted by Omar Little 3 marzo, 2013 0 comments
Waldo Grillo

Black Mirror waldo moment

Finalizada la segunda temporada de Black Mirror podemos constatar varios aspectos…. Charlie Brooker sigue obsesionado con las mismas cosas: las nuevas tecnologías, los realities y la política; se repite el mismo esquema de la primera temporada pero alternando el orden temático (del 1-2-3 de la primera hemos pasado al 3-2-1 en la segunda); y que el impacto y la calidad se ha reducido pese a mantener el discurso aplastante, cínico y deshumanizado.

En esta última entrega, “The Waldo Moment”, se repite el mismo patrón que ha regido toda la segunda temporada: grandes ideas al servicio de un desarrollo atropellado y desequilibrado que termina por debilitar el potente impacto ideado por Brooker.

En este tercer capítulo, Brooker centra su afilada mirada sobre la política mediante la historia de Waldo, un personaje animado de un programa de televisión que traspasa el éxito de su show televisivo para convertirse en un candidato político que termina por incurrir a unas elecciones, pese a no ser más que un personaje de dibujos animados.

Base idónea para lanzar sus cuchillos contra la clase política, para poner en evidencia el descrédito absoluto,  hacía estas esferas, existente en las sociedades europeas, y para dibujar una clase política deshumanizada, sin atisbo de ética, moral, crédito, programa, ni incluso, forma humana. Pero en realidad el temible hachazo de Brooker, que cobra dramatismo y nueva dimensión con ese último giro final, también carga fuerte contra los ciudadanos que eligen a representantes de esa calaña y lanza una advertencia… si apoyamos el populismo, la política que hace del malestar general su programa, podemos desembocar en algo mucho más oscuro y terrorífico.

Una visión de la política que pone de manifiesto, de forma reveladora, certera y hasta terrorífica (por haber dado con tanta claridad en la diana), fenómenos actuales como el caso del comediante Beppe Grillo en las últimas elecciones italianas,  señal del triunfo de la antipolítica o la cumbre del descrédito a la política.

Temas que sobrevuelan en esta entrega, y otros de afinada puntería, así como ideas brillantes que pueblan los pequeños recovecos de este futuro ya presente que enmarca esta última historia. Porque no olvidemos que las distopías que configuran Black Mirror son un reflejo de nuestros días, más que proyecciones futuras, eso sí, enmarcadas en un contexto  futurista.

Sin embargo, todo este potencial crítico, lúcido y certero vuelve a quedar desamparado a nivel narrativo. Los responsables vuelven a errar en el desarrollo de esta potente idea, con un guión fragmentado, con poco valor dramático, de estructura desaguisada, y final atropellado.

Esta historia parida por Brooker, y el también incorrecto y temido Chris Morris (Four Lions), se desvanece, tras partir de una brillante idea, en un desarrollo dramático que no está a la altura de lo que pretende. Algo que ha sido, por lo general, la tónica de esta segunda temporada. Brooker ha sabido lanzar sus afilados cuchillos, y limarlos con brillantes ideas y detalles que proporcionan material ámplio para la reflexión, pero le ha faltado corresponderlo con un hueso narrativo lo suficientemente grueso y sabroso como para tener las dentaduras de los espectadores apiñadas sobre él.

En ese sentido, opino que le ha pasado factura los timings apretados que el canal Channel 4 le ha exigido para traer nuevos modelos de estos espejos que reflejan el lado oscuro de nuestra sociedad. Brooker ha demostrado a lo largo de su carrera ser un visionario, cínico, y desalmado creador, pero denle más tiempo para desarrollar sus proyectos, todos lo agradeceremos.

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