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Breaking Bad: Impresiones 5×09 “Blood Money”

posted by Omar Little 13 agosto, 2013 0 comments
Breaking bad 5x09

Hello Carol

Apenas una semana atrás este espécimen preparaba el terreno a lo emitido el domingo con las cinco sacudidas más salvajes de Breaking Bad. Una entrada que, nueve días después, podría ser editada  para incluir algunos de los momentos antológicos que nos ha dejado la season premiere de la season finale de Breaking Bad.

Si has dejado de chutarte metadona (AKA The Fall, Dexter), o has pasado de consumir speed (Ray Donovan, Hannibal, Southcliffe) para retomar el cristal azul de la AMC, entonces eres bienvenido como serie adicto a estas líneas sobre la droga catódica más potente del mercado.

La espera ha sido eterna (11 meses) y las ansias han hecho mella en los pulgares y las ojeras de muchos desdentados adictos a la mercancía. Por eso, la rentreé a los 8 últimos capítulos de uno de los últimos tótems de la edad de oro se esperaba que fuera a la altura, y demonios si lo ha sido. De hecho para no sembrar ni una milésima de duda han optado por abrir de traca con una de esas secuencias de descolocación, en la que salen unos skaters patinando y grabando sus flips. Poco a poco se abre plano, y es entonces cuando el atento espectador se da cuenta que en realidad esos chicos están haciendo el cabra en la piscina y los terrenos abandonados de la familia White. En el exterior un imponente coche negro toma el protagonismo. De su interior sale un Walter White con las pintas de ese flashforward con el que abrió la temporada. Éste abre el maletero, y al lado de una metraca que deja la de Scarface en un juguete para Toys “R” us, se saca una llave inglesa, a través de la cual no le es difícil colarse en su antigua casa, y sacar una misteriosa cápsula escondida detrás de un enchufe,  que parece haber pasado invisible a los mil registros que imaginamos habrá practicado la DEA en el domicilio Heisenberg (bautizado así con visibles grafittis en las paredes). Una secuencia que termina con unos de esos guiños de humor negro tan característicos de la serie, Heisenberg volviendo al coche, mirando a su alrededor, hasta quedarse inerte por notar una presencia a sus espaladas. Finalmente se da la vuelta y se encuentra a su vecina,  a quien le espeta un… “Hello Carol”, mientras ésta se mea en las bragas y sus naranjas recién compradas bajan revoloteando  por su porche

Una primera secuencia introductoria en flashforward que no solo sirve para descolocar, enmudecer y humedecer parpados, sino que narrativamente viene a avanzarnos, para maldición de nuestro sueño, que la verdad sobre Heisenberg saldrá a la luz, que con ello, el motivo inicial por el que se pasó al lado oscuro se ha ido a tomar por culo (ni casa, ni familia), y que encima se convertirá en un prófugo célebre. Y sin olvidar otro dato importante… parece no haber ni rastro del cáncer.

Pero son ocho capítulos (a estas horas lamentablemente siete), y no hay tiempos de saboreos, digestiones ni reflexiones, de ahí que Gillian decida empalmar ese arranque de órdago con el punto candente con el que habíamos dejado la serie 11 meses atrás. Hank encerrado en el lavabo de casa de WW, con el esfínter apretando y el corazón a  mil por culpa de un puto libro de poesía de Walt Whitman dejado allí, a la vista de cualquier inquilino del váter. Tras un período de tiempo encerrado en el baño, que se intuye más largo que la espera sufrida por los adictos a la serie durante su último largo silencio, Hank sale catatónico por la revelación que acaba de tener, y mira alucinado a un WW haciendo mimos a su hija. Aludiendo un malestar gástrico decide abandonar la comida en compañía de su mujer por sorpresa de Skyler y Walter (sorpresa la suya).

En el viaje de vuelta, Hank, con cara de haberse pasado 3 semanas de gastroenteritis en unos lavabos tunecinos,  intenta atar más cabos. Es tal la intensidad de intentar digerirlo, que le coge uno de sus ataques de pánico, que termina por hacerlo salir de la carretera para estrellarse contra un buzón, y a él, salir ahogándose del vehículo.

La acción se traslada a casa de Jesse, donde un Jesse carcomido asiste indiferente a una conversación trekkie que mantienen dos de sus colgados colegas. En una de esas se cansa, y se le ve salir con dos maletas por la puerta. En la siguiente secuencia Jesse se encuentra con Saul, a quien le da instrucciones para repartir su dinero entre la familia de Eissenhover y la chica mejicana. Saul ante las cantidades insultantes de dinero que recibe, y cuya distribución según deseo expreso de Jesse podría  poner a la policía sobre aviso, decide hacer la llamada de rigor a WW.

Algo que da lugar a un reencuentro entre los dos ex socios. Un Jesse amargado, escucha musitando los discursos de Walt, y las mentiras que de él emanan, como por ejemplo, desmentir haber matado a Mike, y no solo eso, sino asegurar que sigue vivito y coleando. Entre todo el “bullshit volcado”, hay una sola verdad… Walter está fuera del negocio de la droga. Pero hay una última mirada de Jesse, en esa secuencia, tan reveladora o más que con la que concluye el capitulo, y que viene a decir algo así como: “Bitch, voy a descubrir tus mentiras y revelar tus patrañas, y el día que eso ocurra ni Heisenberg será capaz de salvar tu sucio culo”.

Un capítulo que también da pie a ahondar en las vicisitudes morales que afligen a Jesse. Un ser frágil, de moral bondadosa, que mantiene su alma, pese a estar llena de mierda, sangre y droga. De ahí su intento desesperado de redención, en el que se embarca en esa disparatada escena de él conduciendo por los barrios más deprimidos de Alburquerque, lanzando fajos de billetes a cada puerta. Una escena, junto a la anterior con Saul, que en cualquier otro producto televisivo hubiera chirriado, resultado excesiva e inverosímil, pero que aquí, no solo sirve para señalar aspectos de los personajes y avanzar tramos de la historia, sino que llega a resultar creíble por el estado anímico por el que pasa Jesse (o que un gran Aaron Paul nos hace creer que pasa), y que además es ejecutada con la característica brillantez con la que se envuelve la serie.

Pero volvamos al pobre de Hank, que se recluye en su garaje para constatar con pruebas, el descubrimiento hecho en las letrinas de la morada de los White. Un Hank atónito, nervioso y superado ante lo que se percibe como fehaciente.

En el otro lado del ring las cosas se igualan antes de lo previsto. Justo en el momento en que el rebrote del cáncer parece hacer mella en Hank, éste descubre en el lavabo más celebre de la televisión (después del de Crónicas marcianas), la ausencia del mismo libro de poesía que le ha provocado la indisposición vitalicia a Hank. Nervioso, empieza a rebuscar por la casa, y le pregunta por su paradero a Skyler. Como solo él, y Mr. pollo, sabían hacer, empieza a atar cabos con una habilidad, inteligencia y rápidez inhumana, hasta el punto que se despierta a media noche para buscar evidencias de sus temores. Y las encuentra en la rueda trasera de su coche, donde hay depositado un localizador.

Finalmente “Blood Money” se cierra con otra de esas secuencias que merecen ser recogidas en los anales de la televisión moderna. Hank sigue reuniendo pruebas del caso Heisenberg/Mr Frings en su garaje, cuando, para su sorpresa, se acerca el coche de Walter. Tras entretenerse a hablar con compañeros de trabajo de Hank (tiempo suficiente para esconder las pruebas), se dirige a su cuñado para preguntarle sobre la evolución de su indisposición, éste le responde incómodamente en una secuencia donde Walter tiene la sartén por el mango. Tras desearle una pronta recuperación y despedirse, se dirige hacía el coche, y en unos de esos instantes tan Breaking Bad que nos ha deparado la serie, WW se detiene de espaldas unos segundos, se gira, y espeta un: “Ahh Hank, una última cosa…(Hank de nuevo con gastroenteritis aguda) ¿no sabrás quién puede haber colocado este localizador en mi coche?”

Cuando todo parecía indicar que no haría faltar la intervención de Kofi Annan y John Kerry mediante el uso de una mentira con la que salir del paso, Hank coge el mando de la puerta del garaje para cerrar la puerta. La tensión se acelera a cada segundo que el motor de la jodida puerta ruge. Y cuando termina, Hank le mete un derechazo a Walter, para luego recriminarle cómo ha podido ser tan hijo de la gran… y criminal durante todo este tiempo. Sin esforzarse en negarlo, Walter lo llama a la calma, y se escuda en su enfermedad para intentar persuadir a Hank de que no siga con su recopilación de pruebas acusatorias. Al ver que no surge demasiado efecto recurre a la familia y el núcleo familiar. Y como Hank sigue enrabiado y fuera de sí, y aprovechando que le ha dado pie con un “no sé con quién estoy hablando”, Walter saca a pasear su lado Heisenberg para amenazarle con un “i’m the danger” adaptado a temporada 5 año 2013. La mirada gélida, pasmosa pero a la vez desafiante, de un Hank convertido en perro de presa dispuesto a atacar en cualquier momento con la que termina el capítulo, resume a la perfección la excelencia del capítulo.

Una vez más el genio de los guionistas se adelanta a todos. Rompiendo con las quinielas, y lo que presumiblemente tenía que haber sucedido a 3 o 4 capítulos del Apocalipsis lo destapan en el primer capítulo de la última tanda, de la forma menos poética, la más abrupta, y en casa de uno de los implicados, en su puto garaje para más inri, ni una migaja de la poesía de herencia western del enfrentamiento con Gus. Y no es que nos duela, sí que nos sorprende, como todos los giros inesperados de la cocina Gilligan, pero sí que le duele especialmente a Hank,  maltratado, superado, atónito, pero especialmente dañado por un ser cercano, al que apreciaba, uno de la familia, que le demuestra en su propia casa, que efectivamente es el enemigo n1 que lleva tiempo obsesionándolo. Tan lejos, tan cerca. El descenso al infierno está listo para partir.

 

Bonus track

– Los tres enemigos de Walter están encima de la mesa para los siete capítulos restantes (cáncer, Jesse y Hank/DEA). ¿Cuál terminará con él? o sobrevivirá a todos para convertirse en El protegido 2.

– Cuando Jesse estalle, que sucederá cuando el pasado oscuro con WW vuelva a relucir, y salgan a la luz secretos inconfesables, que se preparen los sismógrafos del mundo, porque puede ser colosal.

– La vía del parricidio para concluir la serie, la veo cada vez más plausible.

– ¿Qué cojones pasará con la familia de Walter: Skyler e hijos?

– A favor de que a partir de este año los Emmy pasen a llamarse los Gilligan. Un Gilligan para Dean Norris, por favor.

– Las escuelas de cine, deberían dar como temario obligado, cada momento en que WW se queda de espaldas a cámara, frunciendo el cejo, y dándose la vuelta con intenciones imprevisibles para el espectador. Una marca de agua que se repite bastante en ese capítulo

 


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