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Breaking Bad: Impresiones 5×11 “Confessions”

posted by Omar Little 27 agosto, 2013 1 Comment

Confessions breaking bad

Lo adelanté, y no voy a colgarme la medallita por eso, ya que el título era bastante explícito. Lo importante es que por fin todas las fichas están sobre la mesa. La última en caer en el atolladero, es una enorme, una pieza capital. Todo lo que queda por venir será un regadero de dolor, sufrimiento, rabia, venganza y sangre, litros de sangre.

Antes de seguir con este energúmeno el repaso semanal, asegúrate de ir puesto con la medicación adecuada, y la equipación reglamentada para recibir los duros embistes de la crew de Vince Gilligan.

Ya es marca de agua de esta última tanda de capítulos empezar con una acción desubicada en el espacio o el tiempo. Para “Confessions”, se han decantado por una tercera vía, pero igual de desconcertante. Abrimos plano con Todd, quien deja un mensaje en el contestador de Walt explicándole los cambios que ha habido en la dirección del negocio de la meta. Luego se reúne en un Dennys de mala muerte con su pariente, el de raza aria, y les explica con orgullo el robo de tren de la meticilina, mientras cierran los flecos para cocinar meta a gran escala.

Cierta desconexión de trama y personajes con respecto a la orientación actual de la serie que no hace más que confirmar la importancia, que en un momento u otro, está obligada a adquirir esta subtrama y sus personajes, más ahora que Jesse está metido de lleno en el cotarro, y que le tiene ganas a Todd.

Precisamente Jesse es el segundo personaje en entrar en escena. Ahí en la sala de interrogatorios recibe la visita de Hank, quien no se anda por las ramas, y le pone rápido en aviso sobre su reciente hallazgo familiar con la intención de que le ayude a encerrarlo de por vida. Sin embargo, conocedores de que el fuerte de Hank no es ni su elocuencia ni su capacidad persuasiva, se entiende que no obtenga nada de Jesse antes de que Saul entre por la puerta armado de triquiñuelas legales para ahuyentar a la mosca cojonera de su cliente.

Mientras, en casa los White, irrumpe en escena Walter Jr, ese denostado personaje que se disputan White-Skyler y Hank-Marie y que los guionistas probablemente utilicen como telón de Aquiles para Heisenberg. Walt Jr. avisa a su padre de que se dirige a casa de su tía para ayudarla con unas movidas del ordenador. Éste, en lugar de contestarle con un rotundo NO, se encarga de urdir uno de sus maquiavélicos planes, al espetar a su hijo que el cáncer ha regresado, y que tendrá que volver a hacer quimio. El hijo conmovido decide quedare en casa en compañía de su padre, y dejar estar lo de su tía.

No mucho más allá, asistimos a una cena familiar sin precedentes (lo dicho en anteriores entregas, cada secuencia está bañada por agua bendita). Walter y Skyler esperan a Hank y Marie en la taqueria de Port Aventura. La pareja de la ley llega a la mesa con cara de si me has llamado para inflarme más las pelotas te tiroteo aquí mismo. Walter arranca anunciando que el motivo de esa incomoda escena (enorme las intervenciones del camarero) es para que dejen de intentar secuestrar a sus hijos, y que es importante que éstos se mantengan al margen. Pronto Hank estalla harto de las gilipolleces de su cuñado y dice que no le vuelva a soltar lo de la unidad familiar ni el puto cáncer porque no va a descansar hasta trincarlo, envalentada, Marie le sugiere a Walter que se suicide, como única salida del embrollo (glups en la mesa, camarero fuera de cámara tirando las bebidas por unas mesas). Algo ultrajados, Walt y Skyler abandonan la mesa dejando sobre ella una última carta, una caja con un DVD.

Jugada de poker que se resuelve ya en casa de Hank, cuando éste y su mujer ponen el DVD y descubren a un Walter confesando su implicación en el negocio más bestia de la droga que se recuerda en Nuevo Méjico. Pero ohh…espera… sorpresa…en calidad de cocinero, y no de mandamás…a quien guarda el honor al propio Hank. Un tirabuzón arriesgado, de difícil encaje, y demasiado rebuscado y simplón para la masa gris que atesoran los guionistas de este prodigio televisivo. ¿De verdad alguien puede creerse que un capo de alto rango en la DEA como Hank, controlara a la vez el mayor negocio de narcotráfico de la zona? ¿De verdad esa amenaza de Walter resulta creíble para alguien? Walt ofrece muchos detalles pero creo que es una baza de guión que no se sustenta por muchos lados. Entiendo esa necesidad de empujar a Hank a una misma situación que la de Walt,  la del callejón sin salida, pero no de ese modo tan basto. Primera mancha negra de esta temporada, que queda suavizada por la interpretación de Dean Norris, con careto estilo “me están a punto de explotar las entrañas”.

La agenda de Walt sigue sacando humo. Alertado por Saul de las fechorías idas de Jesse se reúnen con los dos en la estampa clásica del desierto de Nuevo Méjico, allí convence a Jesse de que quizás ha llegado el momento de largarse de la ciudad, dejar todo eso atrás, y emprender una nueva identidad en cualquier otro lugar. Un Jesse escéptico rehúye de las palabras de Walt, pero finalmente parece que un abrazo paternal de éste lo acaba convenciendo. ¿Ese escapismo de Jesse no es el que se tendría que haber maquinado el propio Walt junto a su familia desde hace tiempo? Porque si Jesse tiene aún abierta la salida, la de Walt cada vez es más minúscula.

Finalmente vemos a un Jesse muy tenso en las oficinas de Saul, quien prepara su salida de Alburquerque. Ahí otra vez los pequeños detalles cobran una importancia capital. Jesse se saca un porro de una bolsita y lo enciende ante la mala leche de Saul, quien le prohíbe fumar allí y le obliga a no ir colocado con el encuentro de este Ray Donovan que va a ir recogerlo. Finalmente Jesse le hace caso, pero se guarda la droga en la sudadera. Ya en el exterior, vemos a un Jesse igual de alterado, quien busca bajar pulsaciones con uno de sus porros, pero voilà, alguien se los ha mangado. Mientras rebusca bien por todos los bolsillos da con el paquete de la misma marca dónde guardo el cigarro envenenado de Brook. Rápidamente sus sinapsis hacen saltar chispas, y deja tirado a Ray Donovan para irrumpir de malas en el despacho de Saul a quien le rompe la cara hasta obtener la información necesaria. Efectivamente su gorila pickpocket, por órdenes de él, le ha robado los porros, y efectivamente hicieron lo propio con el cigarrillo de la discordia por orden de Walt.

Caja de truenos destapada. No de la forma más limpia que muchos hubiéramos imaginado, pero se ha llegado a un punto en el camino, que cualquier adicto de esta serie, ansiaba alcanzar.

Un Jesse enloquecido y desatado le roba pistola y coche a Saul, mientras vemos que Walt también se equipa con un revolver tras recibir una llamada de su fiel abogado. Y el capítulo termina con Jesse esparciendo gasolina por casa de los White.

Vigila Alburquerque dos ex socios andan sueltos, enrabiados, van armados y son peligrosos. Se va a liar la de san quintín, bitches.


1 Comment

ManDouble 25 septiembre, 2013 at 17:34

Recién visto el capítulo, he de discrepar con parte de esta crítica. No es que la confesión de Walt sea creíble; es que es tan magistral que es mucho más verosimil que la historia real.

Rain of caca incoming…

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