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Domingo de serie: Boardwalk Empire (Temporada 1)

posted by Omar Little 26 diciembre, 2010 1 Comment
Muelle carcomido

El plano que cierra la primera temporada de Boardwalk Empire, sin revelar nada de la trama, representa la Omega que ha tomado el desarrollo de la serie a lo largo de sus doce capítulos. La serie se despide con una panorámica en plano general del muelle de Atlantic City cuando los últimos rayos del sol aún permiten ver los carteles publicitarios de las marcas de tabaco, los transeúntes que pasean por el muelle, o el oleaje suave en la playa. Esa oscuridad, esos tonos anaranjados del atardecer, ese humo, esas luces de neón, ese aire genuino contrapone la luminosidad, la brillantez cegadora en su ambientación, ese aire tan limpio y perfecto, y en definitiva esa suma de factores que generaban esa sensación de asistir a un Atlantic City parque temático, donde el cartón piedra eclipsaba el corazón de la historia.

Por suerte, esta serie precedida por altísimas expectativas, ha conseguido remontar poco a poco esa sensación de irreal en su inicio. Pero pese a solventar una ambientación excesivamente brillante y aportar mayor peso a su trama y sus personajes, al que esto firma por algún lado, Boardwalk Empire no ha terminado de ser la obra que se le presuponía al Dream team que ha trabajado en ella. También le pasó al Barça de Guardiola la temporada pasada: cuando tienes el mejor equipo del mundo, y puede que el de la historia del club, no puedes contentarte sólo con ganar la Liga, debes ir a por todas, y algo así le ha pasado a la serie de Terence Winter. Supera la criba, pero deja la sensación, sobre todo hacia su final, que se están guardando carne en el frigorífico para su próxima temporada.

Y siguiendo con los símiles chorras, que hoy estoy pletórico, la primera temporada de esta serie producida por la HBO es como ver Los Intocables pero faltándole la inolvidable escena del tiroteo de la escalera en la estación del tren. Tiene un piloto (con Scorsese metiendo la zarpa que da gustillo) y un capítulo final de los que uno disfruta en plenitud; sin emabrgo, en sus diez restantes este servidor encuentra a faltar ese añadido, ese elemento, que diferencia una buena obra de algo cojonudo. El problema no está en su ritmo pausado, en el lento discurrir de la trama, o en su poca acción, me refiero a la falta de golpes de efectos en sus guiones que nos hagan estremecer en nuestras butacas, de inspiraciones narrativas que nos agarren y provoquen ansias desbocadas para enchufarnos su próximo capitulo. Algo, que por lo que deja entrever en su capítulo final, lo viviremos en su segunda temporada.

Resulta extremadamente difícil discernir que le ocurre a una trama que no termina de despegar con un dibujo de personajes tan fiel y acertado, e interpretado por un elenco de lujo. Seguramente al que más espectadores habrá golpeado es Michael Shannon en el papel de un agente del FBI: Nelson Van Alden es un ser ofuscado, obsesionado con su cruzada contra el alcohol y la impureza; su enfermiza personalidad queda agravada por su intensa devoción religiosa que lo arrastra a la violencia más desgarrada y al tormento interno. La lección de Shannon en el rol del agente de la prohibición (tan sólo lastrado por cierta exageración como cuando se acuesta con Lucy Danzinger)  llega hasta el nivel de provocar más temor que el propio Al Capone, Lucky Luciano, Nucky Thompson, u otros gángsteres reales que pueblan las historias de esta producción. También se merece un alabado comentario Michael Pitt en el papel de James Jimmy Darmody, un ambicioso pistolero al servicio de Thompson afligido y atormentado por su experiencia en las trincheras durante la I Guerra Mundial. Y por supuesto Nucky Thompson ese capo corrupto que controla todos los entresijos que rigen la vida política, social y económica de Atlantic City, y cuya esfera de poder va más allá de la ciudad del pecado en los años 20. Su personalidad maquiavélica, su ambivalencia, su deshonestidad quedan recogidos por Steve Buscemi, sin que el actor de Reservoir Dogs tenga que hacer demasiado esfuerzo en desempeñar el papel. Cierra el acta notarial de protagonistas Kelly McDonald como la remilgada e inocentona Margaret Schoreder en un personaje que va ganado dimensionalidad, y con ello, interés para el seriefilo.

A estos hay que sumarle una cantidad de roles secundarios de alto nivel, desde la cuadrilla gangsteril que componen Al Capone, Luciano, Rothstein, a las grandes interpretaciones de Shea Whigham en el papel del sheriff condenado siempre a vivir eclipsado por su hermano Nucky, y por supuesto, la de Michael K. Williams. Cuesta ver a mi hermano en otro traje que no sea el de Omar Little, pero como ya ocurriera con su breve aparición en The Road, Williams vuelve a construir un personaje con carisma y presencia destacable.

Un abanico de personajes, motivaciones e historias que rellena los minutos de los capítulos, sin embargo el hilo que aglutina sus historias no muestra suficiente potencia como para atrapar al espectador o emocionarlo hasta el júbilo, como ocurre con otras series.

Una vez más aplaudo el trabajo desarrollado en la recreación de esa América golpeada por la ley seca, la corrupción y los grupos criminales campando a sus anchas. La cualidad técnica de toda la obra ayuda a sumergirse en la marea de corrupción que chapotea a todos sus personajes, para hablarnos también de las ansias de poder, la violencia implícita para alcanzarla, la clase política carcomida (sin muchas diferencias con la de nuestros días, pero sin un Julian Assange destapando el velo), las dudas morales y éticas, la culpabilidad, el alcohol y el sexo como síntomas evidentes de la doble moral que rige a la sociedad. Una sociedad que afronta nuevos tiempos como el sufragismo femenino, la primera gran contienda mundial, etc.

Ha sido bello e interesante pasear por este paseo marítimo levantado con cuidado y esmero por el gran canal de televisión norteamericano, sin embargo esperaba algo más potente, ese plus que me haga en su segunda temporada pasearme una y otra vez por el muelle principal de Atlantic City para correr de emoción o saltar perseguido por su violencia desgarrada, sexo desinhibido o trama punzante. Sólo pido y deseo más garra para que ese muelle carcomido se venga abajo con nuestra afiliación. 

7


1 Comment

Un año de serie | El Destilador Cultural 27 diciembre, 2010 at 19:18

[…] 4- Boardwalk Empire […]

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