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Domingo de serie: Breaking Bad (3a temporada)

posted by Omar Little 20 junio, 2010 1 Comment
Yo, that shit is fucking awesome, you know bitch!

Si al concluir The Wire sus inmensos capítulos pasaron a formar parte del programa educativo de varias universidades de comunicación, creo que ya va siendo hora en que Breaking Bad sea asignatura obligatoria para cualquier aspirante a guionista. Lo que sus guionistas nos han servido en la tercera temporada queda lejos de cualquier adjetivo superlativo que me venga a la cabeza. La serie de Vince Gilligan ha crecido desde lo alto, y se ha vuelto en una obra de ingeniera narrativa que te seduce, te atrapa, te asfixia, te conmueve, y te sacude.

En su tercera temporada hemos asistido con el corazón en un puño a la desintegración total del Sr. White. Si en la segunda ya se metió en un lío de dimensiones estratosféricas, en la tercera ha pagado las consecuencias, no sólo a nivel familiar (excluido del núcleo familiar), sino a nivel de ética, moral y humanidad. Walter White ha perdido su alma al cruzar la peligrosa línea que separa la gente decente de la indeseable. Está más cerca del calculador y desaprensivo Heisenberg  que del preocuado y honrado padre de familia que en su día fue.  Como siempre, las causas hay que buscarlas en los entornos, y es que el entorno de Walter, y el de su cada vez más necesario “buddy” Jesse Pinkman, se han radicalizado, no se puede convivir en el mundo de las drogas y del narcotráfico y no sufrir las consecuencias desagradables.

Lo han sufrido de entrada con dos asesinos a sueldo procedentes de Méjico que iban a por Walter, y por el camino han sembrado ríos de sangre. Al final acabó pillando Hank, el macho domado que no quiere mostrar nunca sus temores (que otro gran personaje). Luego las decisiones de “vendettero” de Jesse les ha costado a ambos enfrentarse directamente al inalterable y frío Sr. Pollo, y a su infalible Mike. Todo estas tramas, y otras subtramas, han empujado a la buddy televisiva  más gratificante a sumergirse en un agujero negro sin salida loable posible (viendo el último plano, parece que Jesse está tan enfangado en la mierda como el profesor).

A los que nos gustan las series llevadas a cabo con mimo (o sea producciones AMC y HBO): fotografía atractiva, secuencias talladas con precisión, dirección de arte que te sumerge en la historia, personajes que respiran autenticidad por los poros (Bryan Cranston tendría que alquilar un apartamento para dejar premios), estaremos de acuerdo que la tercera temporada de esta serie ha sido un jubilo constante. Y buena parte de nuestras recaída de domingo se debía a los tiralíneas argumentales que se han sacado de la manga los guionistas; los tirabuzones narrativos,  los giros asombrosos, las historias paralelas, el arco evolutivo de los personajes, etc. El fruto de todo ello ha sido recogido en capítulos que deberían ser materia de examen incluso para los estudiantes de arquitectura o medicina. Hablo por ejemplo del sobrecogedor “One Minute”, increíble desde el minuto 1 hasta el brutal enfrentamiento en el aparcamiento entre Hank y los dos primos mejicanos. O “Fly”, esa obra surrealista que hubiera estremecido las mieles de los labios de Dalí a través de un escenario, dos personajes, mucha mala baba y tensión, y sobre todo, miedos, rencores y disculpas entre líneas. Alucinante. Por no hablar de estos dos últimos capítulos finales. El trepidante “Half measures” con uno de eso finales sin aliento, y el no menos enmarcable “Full measures”, con su tremendo cliffhanger.

Breaking Bad tiene ese peculiar cualidad de decirnos a la primera secuencia de sus capítulos si éstos serán algo verdaderamente grandes. Esta serie ha sido grande desde el principio, por lo tanto yo ya sé que su final será grande, por mucho que dure 4 (ya confirmada), 5 (lo que propone su creador) o 9 temporadas (lo que nos gustaría tener a los teleaditcos desdentados como el que aquí antes hablaba)


1 Comment

Un año de serie | El Destilador Cultural 20 diciembre, 2010 at 02:24

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