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Domingo de serie: Dexter (Temporada 4)

posted by Omar Little 28 agosto, 2011 0 comments
My dark twisted fantasy

Probablemente Dexter sea una de las pocas series del momento que se disfruta sin venias pese a conocer exactamente el recorrido al que nos montamos desde el mismo inicio de cada temporada. Su cuarta temporada no es una excepción: Dexter se enfrenta al temible serial killer apodado Trinity, la obsesión del ex agente del FBI Frank Lundy, de Deb Morgan, y a la postre, de todo el departamento de homicidios. Por su parte, Morgan deberá lidiar sus oscuros instintos asesinos con la obligación de llevar una vida, más ahora que es padre de una criatura. A todo eso, hay que sumarle la constante vigilia para pasar desapercibido, como un huraño forense, entre sus compañeros de trabajos. En definitiva, un cúmulo de dificultades que se le amontonan dificultando su paso para cumplir sus planes de eliminar a asesino de la Trinidad. Antes sin embargo, decidirá aprender ciertas cosas sobre él y sobre sus estrategias para lidiar con una familia que desconoce su cara oscura.

Cierto, desde el minuto 1 nos dibujamos un mapa mental bastante claro con aquellos senderos por los que Dexter recorrerá sus doce capítulos. Sin embargo, esta temporada, también ha tenido el detalle de dejarnos gratos giros, muchos de ellos a modo de cliffhanger, y que voy a empezar a verter una vez saltéis el salto.

¿Si su esquema narrativo es tan definible porque seguimos enganchando a los frenéticos avatares de este asesino en serie? No me cansaré de alabar a Dexter Morgan como un gran personaje de ficción. La labor de Jeff Lindsay y los principales responsables de la serie de Showtime en convertir a un despiadado asesino en un personaje con el que el espectador simpatiza, se preocupa de un destino siempre tambaleándose en una delgada línea, e incluso, en ocasiones, lo encuentra entrañable (normalmente en sus lapsos familiares), resulta, como mínimo, admirable. A esto ha contribuido en sobremanera el trabajazo de Michael C. Hall, gran interprete que cuando abandone la serie corre el grave problema de ser absorbido por el propio personaje que ya lleva seis temporadas interpretando.

Y volviendo a fijar nuestro ojo en su cuarta season…esta capacidad de  conectar con el espectador mediante un personaje despreciable se apoya, en muchas ocasiones, en una voz en off que actúa como la verdadera expresión de la alma oscura que lo define, a pesar de que él intente aparentar una vida normal. Esto produce en muchas ocasiones inspiradas reflexiones que nos ayudan a entender más ese espíritu torturado por su naturaleza criminal (algo en lo que se incide especialmente en esta temporada), pero también como genial y divertido contrapunto a muchos diálogos con las personas cercanas a su entorno que ni por asomo son capaces de imaginarse lo qué Dexter hace por las noches de Miami.

Estas inspiradas reflexiones en voz en off  se aprecian ya desde el primer frame de la cuarta temporada. Dexter Morgan es ahora todo un padrazo que debe lidiar con las constantes privaciones de sueño que toa tierna criatura reclama. Ese momento en la vida de un padre es complicado de compaginar con el trabajo, más duro es, cuando se debe lidiar además con la faceta de ángel vengador en busca de asesinos que suele manifestarse en madrugada. Así pues, el primer capítulo termina como es lógico con Dexter durmiéndose en la carretera y teniendo un aparatosos accidente. Lo peor de todo, es que en el maletero lleva el cadáver de un asesino cortado a cachos. El primero de una serie de sorprendentes e ingeniosos giros finales a modo de cliffhanger que se irá repitiendo sucesivamente en otros capítulos.

Como viene siendo la tónica de cada temporada, el invitado ilustre para interpretar al villano de Dex ha recaído en una cara conocida. John Lithgow es aquí el actor que se pone en la piel del Trinity killer. Hay otro nuevo personaje con peso importante en la narración, que al contrario del veterano actor de cine, es recomendable no retener en nuestra cabeza. Hablo de  la periodista Christine Hill. Interpretada por Courtney Ford, me atrevería a decir que es la lacra de esta cuarta temporada. No hay ni un sólo momento en que resulte creíble, ni lo que dice ni lo que hace. Quién se va ganando nuestra simpatía paso a paso es el chulesco Quinn, con sus salidas de poli corrupto pero leal, comprometido y sensato, y con esa arrogancia que tan buenos resultados le da para terminar en camas ajenas. En otra liga juegan Masuka y el teniente Batita, y una Debra Morgan que se crece como el buen vino.

Sin embargo no todas son rosas en el jardín residencial de Dexter Morgan. Su cuarta temporada empieza con un torpedo en la que se intuyen noches sin dormir de sus guionistas para poner sobre la mesa situaciones efectivas y siempre inoportunas para nuestro querido asesino (significativo que su frase más utilizada sea “Actually this is not really a good moment”). Estos aciertos narrativos, tejidos de un capítulo a otro con soltura gracias a los comentados cliffhanger, provocan que el espectador se vuelque por completo en el ajetreo que rodea al protagonista de esta serie. Sin embargo la cosa decae, al contrario que otras seasons, y mayoría de series, hacía su desenlace. “Lost Boys” es uno de los peores capítulos de la temporada. El personaje de Christine Hill agrieta con la mayoría de sus apariciones, acciones y reacciones la solvencia del guión. Dexter es una serie que siempre se ha seguido sin importar demasiado la credibilidad que adquiría el relato en ciertos parajes (¿a fin y al cabo no es suficiente rocambolesca ya su premisa?), sin embargo, la incoherencia cobra niveles que resultan un poco insultantes para cualquier mente sana hacía los tramos finales de esta cuarta entrega. ¿De verdad alguien se cree los motivos y la manera en la que Christine lleva  acabo ese fatídico tiroteo en “Dex takes a holiday”? ¿Alguien se cree que el criminal más buscado de la ciudad se pasee con total normalidad por la comisaría de homicidios?  Son sólo dos pequeños ejemplos de estas grietas inverosímiles, a las que siempre hemos dejado campar con cierta benevolencia en pos de la adicción a que nos somete el relato y sus personajes, pero que terminan por deslucir un inmaculado inicio.

Por suerte, como ocurre en buena parte de la cuarta temporada, se guardan un último giro final, con el que dejan de nuevo al espectador chirriando en su sofá, sacándole dela cabeza cualquier pensamiento, incluido esas debilidades comentadas más arriba.

Yo, de momento, encantado de seguir explorando las oscuras fantasías de este particular vengador.


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