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Domingo de serie: El cuento de la criada (temporada 2)

posted by Omar Little 29 julio, 2018 0 comments
Las criadas maltrechas de Gilead

El cuento de la criada 2

La primera temporada de El cuento de la criada (The Handmaid’s Tale) reseguía los rincones pesadillescos de una distopía patriarcal en un futuro con paralelismos obvios con el presente (como distopía que se precie) a través de los ojos de una de estas criadas convertidas en úteros violables. Sin embargo, pese a la pertinente y oportuna (con la era Trump en el centro de la angustia colectiva) crítica al paroxismo de sociedades puritanas y patriarcales, el efecto punzante de la serie quedaba reducido por la factura estilizada, la fotografía Vermeer y esos decorados victorianos y vestuario amish que te distanciaban ligeramente de las barbaries y el dolor dramático de las víctimas de la función. Así, pese al movimiento de adhesión procurado ya con un piloto electrizante y angustiante, El cuento de la criada era elevada pronto por encima de sus méritos, unos, que sin menospreciar, eran notables en la mayor parte de sus tramos para un producto de las características.

Llegados a la segunda temporada las cosas han cambiado poco…o nada. June (Offred o Peggy Olson en el corazón de quien narra) sigue siendo el eje rotor de un relato gracias a la solvencia  de su intérprete, la genial Elisabeth Moss. Un personaje que se ha vuelto a ver rodeado de las situaciones más chungas y jodidas por culpa del matrimonio Waterford, el comandante y su arpía esposa. Sin embargo, la rítmica de la temporada se ha visto adolecida por ciertas reiteraciones y por desajustes en un interés decreciente. Tras el plot twist inesperado de su arranque, la ficción surcaba muy bien las grietas más angustiosas, alterando el pulso al otro lado de la pantalla con esa escapada de la protagonista que podría haber dado un vuelco de 180º grados a la serie de haberse completado. Pero su desenlace en derrota empieza a deshilar las costuras de una trama atrapada en su dispositivo de la maldad más extrema. Hay de hecho varios tramos en el guion de la temporada que requieren la asimilación forzosa del observador más crítico.

Por ejemplo resulta difícil de explicar, más allá de los pactos de no agresión en la sala de guionistas, ese atentado en que se sacrifican unas cuantas criadas con tal de permitir recuperar algunos de los personajes de la colonia, ya que el efecto en el universo Gilead es mínimo. O esa inexplicable excursión de June y Nick a las afueras, sin vigilancia, sin intento de huida previo de estos, y que termina ofreciendo un eficiente capítulo a nivel de tensión, pero con varios baches en verosimilitud. Además de lo inexplicable del gesto del comandante a la persona que acaba de violar, ¿tiene algún sentido que June no agote todos los intentos de fuga con o sin coche? Aunque más saltos de fe requiere el vuelco de un personaje clave, como era Miss Waterford, que pasa de extrema villana a víctima con corazón en cuestión de escenas en cada capítulo, hasta coronar lo inexplicable con ese final humanizador en que deja irse a June y al bebé sin rechistar. Toda la queja previa ante el tribunal de sabios (también incomprensible) no justifica, ni por asomo, ese cambio de valores radical del personaje, como tampoco que June siga volviendo a la casa de sus amos pese a las insistentes demandas para tenerla alejada de ahí.

Porque la sensación de toda la temporada, ha sido un poco de estar asistiendo al seguimiento ordenado y excesivamente respetuoso a los mecanismos de narrativa clásica de guion sin deparar realmente en las motivaciones y carácter de los personajes.

Además el final no puede sorprender a nadie (tampoco causa el efecto deseado la subtrama engañabobos del comandante que termina liberando a Offred), porque con June lejos del horror, la serie no tendría razón de existir. Y esa sentencia irrefutable resta valor a los intentos por alterar las pulsaciones del espectador. También empieza a hacer mella en su estructura y valor unos flashbacks reincidentes y que aportan poca chicha (más allá de los centrados en los personajes secundarios), que apenas haya hombres decentes en el tablero (precisamente uno de los de esta temporada se lo sacan de la chistera y el cambio de signo de negativo a positivo de Serena resulta incomprensible) y que el horror, y sus salvajes manifestaciones, se sirvan siempre como el golpe de efecto con el que mantener agarrado al espectador.

Aunque bueno, todo lo comentado sería un poco buscar las cosquillas al gato, porque al fin y al cabo El cuento de la criada funciona como entretenimiento. Presenta capítulos de choque, su factura técnica es más que digna, y tiene a Ann Dowd y Elisabeth Moss en su nómina. Pero basta de inflar a un producto desbordado de nominaciones. Ni ha venido a sustituir ningún producto de la tercera edad de oro, ni parece que pueda lograrlo en el futuro más inmediato.


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