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Domingo de serie: Generation Kill

posted by Omar Little 26 julio, 2009 2 Comments
Perros en llamas

 Generation Kill

Nos la han vuelto a dar. Nos han vuelto a dar una patada en las costillas, un codazo en la boca, un puntapié en nuestras conciencias. No, no es que el señor David Simon y el señor Ed Burns, creadores de The Wire, se infiltraran en el batallón Bravo de los marines que lucharon en la última guerra de Irak. La realidad está en que estos dos señores han utilizado el material de la novela “Generation Kill” de Ewan Wright  para elaborar una mini-serie de 7 capítulos con título homónimo. Ewan Wrigt, periodista de la Rolling Stone, estuvo aproximadamente dos meses con el 1er. Batallón de Reconocimiento del cuerpo de marines de los Estados Unidos. De toda esa amarga experiencia publicó un artículo en la Rolling Stone bajo el nombre de Elite Killer (lo podéis leer desde aquí), con el cual cosechó el National Magazine Award del 2004. Más tarde, Wright sacaría de sus notas de la contienda el libro Generation Kill, de cuyo material,  los creadores de The Wire han construido el guión de la mini-serie. Con estos antecedentes en la mano, se puede entender un poco más que esta serie de la HBO sea un producto tan duro, realista, violento, de tintes documentales, y en definitiva, descarnado como los mismos hechos que retrata.

Por mucho que los guiones vengan de las mentes brillantes de The Wire, hay que distanciarse de este referente a la hora de enfrentarse a Generation Kill. Con la serie que retrata el mundo de la calle y las drogas en Baltimore sólo mantiene dos nexos en común. Uno es el crudo realismo, se sustituye la dureza del asfalto norteamericano por el polvo abrasador de Iraq. El segundo punto en común es que algunos de los personajes que aparecen en The Wire nos los podemos imaginar alistándose al ejército para combatir en la guerra. Pero Generation Kill juega en otra coordenadas, la mini serie te sumerge en el día a día de un batallón de reconocimiento de los marines, focalizando su atención en la compañía Bravo, de la que nos iremos familiarizando a lo largo de los 60 minutos que dura cada uno de los 7 capítulos. En ellos observamos un abanico de personajes de lo más amplio y variopinto, de diferentes procedencias, con distintas ambiciones y motivaciones, pero con un mismo denominador en común: haber sido entrenados para matar. Algo que resulta fácil de decir en palabras, pero que espeluzna a medida que el relato te va desplegando las distintas personalidades que hay detrás de esos animales de guerra.

Es precisamente, en el retrato psicológico de los marines, cuándo el guión muestra sus mejores puntos. En uno de los principales caracteres está el sargento Brad “Iceman” Colbert, inseparable de su M-4 y que como su apodo bien indica es un hombre frío, que se debe a sus hombres en cuerpo y alma, que entiende que las misiones y sus resultados son un sin sentido pero es consciente de que su lugar en la vida está ahí y comportándose como un guerrero. “Let’s go to work” es la frase predilecta de Iceman antes de entrar en misión, un ejemplo perfecto de su personalidad y su filosofía ante todo. Le acompañan en su Humvee (vehículo de exploración que utiliza la armada, datos como estos los aprende uno siguiendo la serie), Josh Ray Person (el Ziggy de The Wire), un excitado cabo con una verborrea impagable, no hay nada de lo que Ray no sepa meter el dedo en la llaga siempre con la habilidad de dar en la diana. Es un poco, el personaje cómico que va adquiriendo conciencia de las atrocidades acometidas. También encontramos a Trombley (interpretado por el mismo actor que hacia de Kevin en los Hermanos Donnelly), el niño psicópata como se le conoce, un recién llegado deseoso de disparar su Saw M249 contra lo que sea. Mantiene un comportamiento perturbador, y disfruta con lo que ve y con lo que hace en la batalla. Luego, por supuesto está Wright, el reportero de la Rolling Stone que va amistandose con sus compañeros de viaje. Y luego hay un sinfín más de personajes destacable, como El Padrino, el teniente coronel que ordena a sus tropas las misiones, los movimientos a realizar, y que entiende la estrategia bélica como un partido de baloncesto donde él es Pat Riley. Se hace mucho hincapié en ello, a través el vocabulario que utiliza este personaje interpretado por Chance Kelly (visto también en Fringe). Luego hay una serie de oficiales incompetentes que son odiados y menospreciados por sus inferiores, como el capitán Craig “Encino man” Schwetje o el apodado Capitán América, una especie de lunático consentido y gafe.

Todos ellos son personaje de ficción, pero es el hecho de que estén basados en personaje reales, lo que hace que adquieran un alto grado de realismo y de entidad. Algo a lo que ayuda, y en dosis altísimas, los diálogos, que rebosan en todo momento veracidad, crudeza, sinrazón y lucidez por partes iguales, y a veces, utilizando la mínima expresión para ello. No es sólo el hecho que reproduzcan en exactitud el slang que utilizan estos muchachos en estas condiciones, y en buena parte de su vida normal, o que se haga mucho hincapié en el lenguaje encriptado de la guerra con las radios y el “Roger that!”. Es también por su contenido, por el contenido altamente radioactivo que sale de las bocas de unos hijos de Norteamérica que han venido a matar por un país en el cual, la mayoría, han sido despreciados y marginados. Son una generación sin futuro, que no luchan por ideales ni ideologías. Son personas que han crecido con la comida basura, la FOX, los videojuegos, Wal Mart, que han crecido en caravanas de familias desestructuradas, con trabajos basura, y que han sido desplazados o marginados en los diferentes espacios de socialización: escuela, trabajo, familia. Todo esto queda recogido por la rabia, la agresividad, la impotencia de estos personajes que lo expresan a su manera, pero, que al espectador le llega en forma de drive directo a la mandíbula. Si hay algo que emparienta a todos los personajes de la serie es su nivel de indiferencia ante los macabros sucesos en los que son participes. Ya sea como barrera psicológica, o por haber sido entrenados para no sentir emociones, el hecho es que todos ellos coinciden al sentir total indiferencia ante la muerte de enemigos. Hay algunos momentos de diálogo tan antológicos, que he decidido dejar una pequeña muestra hacía el final de la reseña.

Si han llegado aquí se habrán dado ya cuenta que los derroteros de esta serie de la HBO no se cruza con los de una serie de acción del estilo, y también excelente, Hermanos de sangre. De hecho las incursiones y misiones de los protagonistas tienen muy poco de acción y glamour hollywoodiense, más bien son toscas y sucias. Con esto no quiero decir que no hayan batallas, tiroteos y muertes, los hay, y cuando estos aparecen se muestran en toda su crudeza, sin esconderse de nada, muy alejados de cómo la prensa del país cubrió la guerra. Generation Kill es una serie que tiende al tinte documental abandonando con ello el ritmo de acción que se le supone, de ahí, que para algunos espectadores se le pueda hacer algo reiterativa. Para que se hagan una idea de hasta dónde llega este anhelo de conseguir una representación hiperealista de los sucesos que se muestran en pantalla, sólo hay que señalar un pequeño detalle. En toda la serie no suena ni una sólo pieza musical. No hay banda sonora, lo único que llegamos a oír son versiones de canciones famosas cantadas a cappella por los miembros de las tropas embutidos en sus Humvees.

A nivel de forma es una serie de la HBO, con esto quiero decir que no se ha escatimado en esfuerzos ni dinero para reproducir la guerra de Irak. Impresionantes los trabajos en dirección artística, fotografía y efectos especiales (inconmensurables las batallas que observa el escuadrón al horizonte), y laborioso también la labor de recrear Irak en los escenarios naturales de Sudáfrica

El recorrido narrativo al que se nos lleva a los lomos de los Humvee a lo largo de sus 7 capítulos coincide con el período oficial en que los EEUU derrotaron al régimen de Sadam Hussein, o sea los 21 días que duró la guerra oficial. La serie no incide en la guerra de guerrillas ni el terrorismo que aún perturba a los habitantes del país.

Por lo tanto, la historia se inicia en el campamento norteamericano en Kuwait, y avanza con la incursión por el terriotorio de Irak, hasta que llegan a su capital, Bagdad. Finalmente el último capítulo concluye cuando son enviados de vuelta al campamento base, con la intención de volver a sus hogares, algo que debería ser un feliz trámite, pero que cómo se ha podido ver, lo ha sido por muy pocos. De hecho la serie apunta en esa dirección cuando en la última secuencia se reúnen todo el batallón Bravo delante de un portátil, en la que un marine (el que anda grabando toda su trayectoria por el conflicto) muestra el vídeo montado con la canción de Johnny Cash, “The Man Comes Around” (pocas veces esta canción me había hecho un nudo doble en la garganta). A medida que las imágenes se suceden, todos en la tropa gritan y celebran cada bomba, cada disparo que se ha grabado, o simplemente cuando se identifican a ellos mismos posando a cámara. Poco a poco, el vídeo deja ver otras imágenes, las de iraquíes con un tiro en la cabeza, niños muertos por bombas, población civil moribunda (fragmentos en los que la canción de Cash impregna de forma cortante una dimensionalidad de significado pocas veces vista en la pequeña televisión), y es en ese momento, cuando los solados ven las consecuencias de su trabajo, cuando uno a uno van abandonando la sala, y por consecuente el visionado. Esa genial secuencia, concluye cuando el propio autor del vídeo abandona la sala, y es entonces cuando vemos que la única persona que se mantiene ante el portátil es Colbert, con su mirada de lunático perdida, y su sonrisa perturbadora. Finalmente él también abandona con su Saw M249 a bordo (podéis ver el vídeo al final de la entrada).

Así concluye uno de los productos más arriesgados que pueda ofrecer la televisión de hoy en día. No hablo sólo por el grado de realismo sucio, la crueldad de sus escenas más violentas, o por mostrar sin tapujos los pensamientos y personalidades de soldados de élite entrenados para no cuestionarse lo que hacen, sino hacer lo que dictan. Sino, sobre todo, por haberse atrevido a mostrar la guerra de Irak tal cómo fue, sin un ápice de heroicidad, ni clichés, ni arquetipos, ni glamour, ni manierismos, y en definitiva, sin artificios. Si de verdad quieren saber cómo fue la guerra desde el punto de vista norteamericano vean esta mini serie, pero quedan advertidos que de la guerra no se vuelve como uno llega.

8,5

Spoiler (Escena final)

P.D: Otra de las escenas más memorables que no podía quedarse en el tintero es una de las últimas secuencias, cuando los soldados han regresado de la guerra y se encuentran en el campamento. Por primera vez tienen tiempo para jugar un partido de fútbol americano. Es entonces cuando se enfrenta la división Alfa contra la Bravo, unos exhibiendo pectorales, y los otros con su uniforme. A los pocos minutos varios de ellos se enzarzan en luchas de perros a muerte, dignas de las de Amores Perros. Es como ver a bestias luchando entre sí. Pero detrás de todo ello esta una mirada a la agresividad, a la necesidad innata de esas personas de descargar su agresividad ante lo que sea y en la superficie que sea, una particularidad que no sólo afecta a esos soldados entrenados para ello, sino que afecta a toda una sociedad y a un país. Y que no se esconde de ello, con juegos tan brutales como el que los marines practican, o con guerras como la que libran en ese país tan alejado y diferente al de sus hogares.


2 Comments

Modern Warfare 2 (Xbox 360) | El Destilador Cultural 17 noviembre, 2009 at 01:18

[…] emotivas y cruentas. Si en sus primeros compases uno se siente cerca del realismo de Irak a lo  Generation Kill, pronto todo da un vuelco cuando cambias de manejar a un personaje para imbuirte en la piel de otro […]

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Las diez mejores series de la década | El Destilador Cultural 27 diciembre, 2009 at 23:12

[…] 7. Generation Kill […]

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