Domingo de serieSeries

Domingo de serie: Masters of Sex (Temporada 2)

posted by Omar Little 5 octubre, 2014 0 comments
Falling in love…softly… and slowly

Masters of Sex season 2

A nadie discuto que Masters of Sex es lenta de cojones. Puede que incluso no resuelva muchos conflictos por capítulo. Incluso que resulte irregular. Pero tampoco voy a discutir la miopía intelectual de los que piensan que la ficción de Showtime navega perdida por un mar banal.

Los que no sepan apreciar ni degustar el producto en toda su dimensionalidad son seguro los mismos ineptos que se cagan en Mad Men, porque ambas producciones estás más que hermandadas, comparten algo más que época y escenario cultural, comparten una forma de trasladar los conflictos a la pantalla muy de la vieja escuela, muy del gusto del Hollywood clásico y refinado, pero adaptado a los intereses  de nuestros días. Y que nadie me malinterprete, ambas no son comparables, pero Masters of Sex se adapta bien al molde dispuesto por la obra maestra de Matthew Weiner. Una digna aprendiz, tal y como ha demostrado con creces a lo largo de los doce capítulos que configuran la temporada que despedimos el pasado domingo.

Una temporada que ha sufrido sus altibajos, centrada en la pareja protagonista, pero a la vez dispersa en otros menesteres cargados a lomos de otras parejas. Se podría decir que la temporada ha vuelto a construirse alrededor del conflicto sentimental que afecta a la pareja formada por el Dr. Masters y la doctora Johnson, parapetada tras un estudio que se ha vuelto casi en el oxigeno en la vida de los dos protagonistas.

Hemos visto a un Dr. Masters (Michael Sheen) deshaciendose de una primera capa de hielo, apenas perceptible, pero parece que el frío y terco hombre de hielo tiene algo de sangre bombeándole el corazón. Algo que solo una mujer casi perfecta como la señorita Williams (Lizzy Caplan) ha podido descubrir.

Por otro lado, la repipi, sosa y servicial mujer de Masters, en un nuevo acto de mimetismo hacia su homóloga en Mad Men, Betty Draper, se ha auto descubierto sin necesidad de viajar a San Francisco o tomarse un tripi (aún no se ha llegado a esa época). Y lo que al principio parecía un inserto de guión brusco – poco creíble resulta ver a esa ama de casa sumisa de familia WASP interesarse por una persona de color (en esos términos hablaría ella) – se ha destapado como una mini trama interesante, y seguramente necesaria para que los explosivos sentimentales terminen de estallar en la tercera temporada dejando un regadero de conflictos deseosos de abordar por los guionistas. Incluso esa aproximación y deseo del hombre negro, mostrada primero como recelo, luego en una fase entre fascinación y curiosidad, para terminar en la carnal y liberadora, tiene ecos notorios de algunos melodramas de Douglas Sirk, y eso siempre son buenos referentes para un producto que anhela exquisitez y buen gusto.

Y es precisamente esos referentes del Hollywood clásico, del que tenía que burlar la censura y el puritanismo reinante a través de lo sutil y el subtexto – algo que esta temporada ha tocado en su tramo final lanzando de paso su dardo envenenado hacia la NBC -, lo que explora con gran acierto la serie en algunos capítulos. Brillante por ejemplo resulta todo el capítulo 6, una tanda de golpes a diestra y siniestra sobrecogedor. También un grato sabor de boca ha dejado el 10 y el último capítulo, con varios reveses importantes para Williams, algunos un poco incomprensibles sea dicho de paso (lo de los niños a ninguna madre le entra en la cabeza). Y escenas bellas y potentes a ambos lados de los doce capítulos, como la de Bill llegando magullado tras recibir una paliza, buscada, de su hermano, y encontrando el consuelo a brazos de Virginia.

Pero no todo fueron flores y orgasmos. Ha habido momentos de hastío, especialmente durante los primeros capítulos. Las elipsis de la temporada han sido bastante desastrosas, mal resueltas (¿soy el único que no sabe en qué momento Lilly ha tenido una segunda criatura?). Y algunas subtramas han incordiado más que alegrado las noches, por ejemplo el trío entre Helen, Betty y Gene, buscando una gotas de excitación burda, muy facilonas.

En líneas generales creo que ha sido una temporada notable, aunque sigue creyendo que el principal problema de la serie, más allá de lo incorregible: nunca alcanzará la proeza de Weiner con Mad Men, es su extensa duración, no hay ninguna necesidad de alargar sus capítulos a los 59 minutos, corresponderían igual de bien con duraciones de 44 o 40 minutos.

Por lo demás, la lección que emana de su visionado es la que ya sabíamos los que sobrepasamos el umbral de la juventud, las mayores satisfacciones llegan tras prevalecer, tras algunos esfuerzos, y tras realizar muchas preliminares, para la satisfacción inmediata ya hay otra gran cantidad de productos más emparentados con el porno o las prostitutas.

marco 75

 

Leave a Comment