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Domingo de serie: Narcos (Netflix)

posted by Omar Little 30 agosto, 2015 0 comments
Narcoterror

Narcos cartel

El viernes Netflix lanzó a sus usuarios un fardo entero de ficción propia: Narcos, una nueva mercancía de distribución global, con la que pretende seguir expandiendo su dominio en el universo del streaming de vídeo. Un producto diseñado muy especialmente para el mercado latinoamericano, pero también para el norteamericano y afines.

Algún que otro spoiler por cada gramo

El gigante norteamericano asalta los mercados del cono sur con este producto basado en las correrías narcos del capo de los capos, el sanguinario Pablo Escobar. La figura criminal de más gancho de la historia del narcotráfico, y objeto de mil y una revisiones en forma de biografías, películas, series, documentales, narcocorridos, y estoy seguro que hasta de merchandising (el cabrito tenía buen naming). Sin embargo, la merca que hoy analizamos se basa en su ascenso durante los años 70 y 80’s hasta aparecer en lo alto de la lista Forbes. Un recorrido meticuloso por el imperio de la droga con el que se erigió en la figura principal del cartel de Medellín, abasteció con cocaína las napias de todos los norteamericanos, y sembró el terror por las calles de Colombia.

De hecho la gran baza de esta ficción con reparto internacional, es precisamente un esmerado trabajo de documentación con el que imprimen de fondo documental todo el recorrido de ficción. Documentos de archivo, fotografias,  noticiarios, etc. dan la silueta contextual a toda la historia.  Un relato contado en una primera persona situada en el presente, con la perspectiva que eso le da, que narra los hechos del narco terror de Escobar en voz en off. La que pertenece a Steve Murphy, ese agente de la DEA que termina cruzando las líneas rojas con tal de dar caza a su obsesión, el señorito Pablo. Y así es precisamente cómo la serie se desdobla prácticamente en dos puntos de vista, el del Pablo, como ideólogo del narcoterrorismo, temido y querido patrón para los suyos, y en el otro lado, el punto de vista norteamericano, quien no desaprovecha la oportunidad de dejar apuntes cínicos y críticos sobre el papel que jugó su país a través de la administración Reagan en todo el asunto, pero también de fascisoides con respecto a las fuerzas especiales colombianas y sus brutales métodos.

Sin llegar a los niveles de adicción que provoca la cocaína que puebla todos los fotogramas, Narco se consume en un santiamén, engalopada por el interés en conocer todos los recovecos de la vida y obra de Escobar – y creedme que se sumerge con detalle en casi todos-, pero también por el siempre vistoso cóctel de crimen, sexo y drogas. Además José Padilha, como productor, y director de los dos primeros episodios, le imprime un ritmo bastante alto, con una realización, especialmente en las secuencias de acción que remite ineludiblemente a su Tropa de élite. Pero el equilibrio entre la acción y las estratagemas de poder alianza y traición entre el cartel, el gobierno colombiano y las fuerzas que intentaban apresarlo funciona muy bien.

De hecho los escasos contratiempos provienen de ciertos actores sobrepasados en su actuación, que incluso, provocan, que por momentos, el producto se acerque a la telenovela, así como una voz en off que reitera los que las imágenes, tanto de archivo como de ficción, ya explican por sí solas. En muchas ocasiones la voz en off resulta totalmente prescindible. El otro punto incomprensible es ese final brusco, sin clímax aflorando, que nos priva de la última imágen icónica del desenlace de este relato de ascenso pronunciado y caída en fosa.

Narcos no esconde su deuda con Blow y Traffic, y muchos antes de éstas con el estilo que marcaría a tantos dramas criminales con el que Scorsese esculpió esa obra maestra venerada que es Uno de los Nuestros. También Scarface, y series recientes como Carlos, con la que comparte su bis documentalista y enseña un trabajo de documentación afilado, así como Gomorra, que además de compartir negocios y crímenes, hay cierto aroma shakesperiano en toda la trama.

La merca de Netflix no se encuentra entre las más potentes de la plataforma, mucho más adictivo y engorilador resulta el chute de Bloodline, pero vuelve a dejar escrito el músculo de producción con el que aborda sus ficciones, la calidad de las mismas, y el interés implícito en ello. Nadie perderá la napia con esta ficción, pero resulta la última incorporación interesante del verano del 2015.

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