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Domingo de serie: The Shadow Line

posted by Omar Little 1 enero, 2012 0 comments

La delgada línea sombría

 

The shadow line

A veces uno tiene suficiente con el primer minuto para saber que debe amarrarse a ello como si le fuera la vida. Me ha pasado recientemente con la oscura y lynchiana primera secuencia de The Shadow Line, correspondida por unos títulos de crédito escuetos, sencillos y con una música extremadamente inquietante, y majestuosa (como los propios títulos), que te acompañan para el resto de 7 capítulos que componen esta mini serie inglesa.

Al final el resultado no ha sido tan imborrable como el primer viaje con los amigos y sin padres o esa virginidad perdida rapidamente y de forma incómoda en los asientos traseros de un coche, pero eso no quita, que este producto de la BBC se encuentre, como algunos han apuntado, entre las grandes revelaciones del año que ayer dejamos atrás.

Su trama estalla ahí donde se recrea esa opresiva, inquietante y magnífica secuencia inicial en la que dos policías descubren el cuerpo inerte de Harvey Wratten, un capo de la droga recién salido de la trena. Con el demoledor diálogo que llevan a cabo los dos policías ya se entonan las notas narrativas y temáticas por las que girará toda esta vibrante historia durante sus siete capítulos: Jonah Gabriel, un agente con un pasado turbio (que no recuerda) por culpa de un tiroteo que terminó con la vida de su compañero y del que salió milagrosamente con vida pese a tener alojada desde entonces una bala en su cabeza (sí, un acentuado rocambolesco para el estereotipo de policía torturado), es la persona encargada de investigar el caso de Wratten. Poco se imagina el honrado policía que con su investigación terminará desenmascarando una sucia y corrupta trama donde mafia y cuerpo policial comparten algunos lazos.

Para que tengáis una idea más preconcebida de los tiros de la serie, imaginaros el retrato del submundo londinense que Cronenberg hacía en Promesas del Este (un poco más suavizado) y sumarle la clásica historia de corruptela policial en plan Asuntos Sucios, películas de Lumet o la reciente serie, y algo flojera, Luther.

La serie incurre en los clásicos devaneos de los thrillers policíacos, presentando una historia que va enredándose a su paso hasta dar paso a esa escena clave (aquí en un bote), que sin venir a propósito uno de los personajes tiene que explicarte todo el embrollo. Es en esa ambición narrativa cuando da espacio a ciertas lagunas narrativas, puntos flacos en su trama, y hasta momentos y situaciones difícilmente creíbles (una de muy descabellada en una cama de hospital).

Poco o importa (o nada) porque el dibujo de los personajes que pueblan The Shadow Line resulta excelso. Empezando por servir uno de los villanos más antológicos de los últimos años. Con Gatehouse, interpretado por el talentoso Stephen Rea, conseguirían poner nervioso hasta al mismísimo Santiago Carrillo. Rea moldea con todos los elementos a su alcance, (por favor que manera que tiene de acojonar al personal con el timbre de su voz, y no es el único), un carácter frío, seco, terriblemente eficaz, intachable, de una sangre fría pasmosa, de una presencia que achantaria hasta las turbinas de un jumbo. Un elemento despiadado que se mueve con naturalidad por las sombras, un reducto sanguinario del Mi6 y los personajes que pueblan la novelas de John Le Carré. Pero es que Gatehouse no transita solo, todos los personajes que pueblan estas capas corruptas y criminales del Londres oculto a los turistas, se empapan de personajes secos, cortantes y despiadados. Produce escalofríos incluso Jay Wratten, una especie de niño pijo a lo Chris Martin, malcarado e insolente pero que hiela la sangre cuando se pone amenazante. En el lado de los honrados tenemos a Chiwetel Ejiofor en el papel del agente Gabriel o Christopher Eccleston en el bando criminal.

Pero hasta todos los secundarios y pequeñas intervenciones insuflan un aire rematadamente oscuro, enigmático e irrespirable de cine noir de fogonazos contundentes. Son personajes de un calado y composición pocas veces vistas en televisión (¿O cuántos casos conocéis en que la dicción de un actor estremezca de terror?).

Otra de las mejores cartas, e inusuales en su formato (a pesar de estar hablando de una serie BBC) es la modelación de atmósferas asfixiantes, de un ardor indigerible. No hay resquicios para el Londres de las postales, ni incluso para el Londres brumoso y gris, aquí predomina el hedor cerrado de los espacios claustrofóbicos, los ambientes abrasivos. Y no lo consigue solo valiéndose del denso aliento que desprenden los personajes que los ocupan, sino por una acertada y dramática fotografía, por una dirección artística ejemplar, y con un uso de los efectos de sonido sobrecogedora. Pensareis pero de qué coño habla este flipado, y razón no os faltará, pero es que es para flipar el mal rollo que consiguen transmitir al insertar pequeños efectos de sonido de origen turbador.

The Shadow Line es otra muestra de la excelente cosecha televisiva que ha despenado Inglaterra durante el 2011 Este oscuro thriller de corrupción, submundo criminal, sobre el honor, la ética, y especialmente, la fina línea que separa los actos loables de los más repudiables a la que alude su propio título, y al que constantemente pone su vida en peligro el agente Gabriel por intentar descubrir quién está a un lado y otro, es un producto tallado con el mayor de los detalles, con una galería de personajes que pasearán durante días por las retinas, en definitiva un producto audiovisual ejemplar.

El mismo personaje que en el último capítulo cierra todos los cabos abiertos, en otra secuencia alerta al agente Jonah de que a veces es mejor mantener la mierda escondida, porque no saber ciertas cosas es lo que te mantiene en vida, con esta idea tan contundente y aplicable a nuestros días, le daría la vuelta del todo, porque esta mierda audiovisual necesita ser aireada y descubierta como por más teleadictos mejor. Juro.

8

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