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Domingo de serie: The Walking Dead (Temporada 6)

posted by Omar Little 10 abril, 2016 0 comments
Avance circular

The Walking Dead temporada 6

The Walking Dead sigue siendo carne de Iker Jiménez. Un producto tan irrespetuoso con el espectador con un mínimo de tejido gris, tan poco generoso, tan trilero, tan irritante, y seis temporadas después, ahí seguimos reportándole audiencias millonarias a la AMC. Ese algo indescifrable que nos empuja a seguir viéndola pese las decepciones constantes, a los desplantes frecuentes, ese cancer vestido de ficción tan difícil de extirpar sin entender muy bien el motivo. Pues bien, queridos lectores, tengo que decir que sí, sigo perdiendo el tiempo con esta ficción, pero cada vez me la suda más ver o no ver sus capítulos, y menos hacerlo con celeridad ante el temor del factor spoiler.

Campo plantado con un mínimo de spoilers

The Walking Dead apenas ha variado su discurso con los años, apenas ha sufrido las más mínimas variaciones en sus estructuras y sus esqueletos narrativos. Sin haber leído los cómicos, uno podría dibujar casi con total exactitud lo que va a deparar una de sus temporadas. Resumiendo va a ofrecer: dos o tres capítulos eléctricos, alguno de bueno, y gran dosis de relleno, de capítulos insípidos e incluso tediosos. Cuando ese tedio se acumule en la grasa del animal de la AMC lo van a intentar limpiar con fases de gore gratuito con zombies más inofensivos que los de cualquier producto de serie Z. Y cuando las cosas estén muy mal dadas, jugarán con la tensión de cargarse algún personaje con varios contratos a sus espaldas, o aún peor, como ha sucedido con esta temporada, amagarán con hacerlo, e incluso, lo usarán como cliffhanger final.

Aunque el mayor problema de The Walking Dead siguen siendo sus guiones. Torpes, absurdos, inverosímiles, patilleros hasta extremos insultantes, y de una transparencia aplastante en que solo falta poder leer las anotaciones en bolígrafo de los guionistas, o los que sean que firman como tal. Obviamente eso lastima considerablemente la mirada del espectador hacia el universo diegético, así como su paciencia. Cambios en la escala de valores inexplicables, tomas de acción absurdas para dar explicación a lo primero, y un sinfín de trucos de manos de trileros con el que tiran pedrolos a su propio tejado. Aunque lo peor son las pocas sinapsis ejecutadas para dar forma a las situaciones que dan canje a que la calma apacible estalle de nuevo en un baño de vísceras. Léase voy al cementerio de zombies a hacer no sé qué mierda de ingeniería de caminos y acabo montando un pollo catastrófico. O vamos a aniquilar a los salvadores porque nos aburrimos en casa y nos faltan medikis. O que tal si jodemos a Maggie con una enfermedad vírica más letal que el ébola para que nos de pie a abandonar los aposentos de Alexandria y embarcarnos en un disparatado viaje con roulotte hasta que nos quedemos sin gasolina para que los “otros” nos apresen y maten a uno de los nuestros. Sí, lo absurdo en The Walking Dead no tiene límites, pero sí la paciencia para el espectador con un mínimo de juicio.

Y lo más jodido es ver como dejan escapar los resquicios de lucidez… tramas o subtramas que podrían dar encaje a un juego de tensión psicológica, de desgaste moral ý ético, mucho más valioso, ya sea sobre la superficie o entre líneas (poco probable este último), que todas las tramas pisadas y disparatadas que nos ofrecen a cada temporada.

Es difícil que la serie se enderece – las temporadas que transcurren en espacios cerrados nunca han ayudado, también es verdad -, haría falta remover los cimientos, limpiar la casa de personajes, hacer muchas obras que  la AMC, bajo el respaldo de sus ratings millonarios, no le interesa lo más mínimo.

Quien lea esto pensará que tras la sexta temporada servidor ha tomado la decisión irrenunciable de apearse del barco, pero eso es algo que no hay que afirmar hasta el próximo octubre cuando el nuevo lote llegue y los mecanismos de nuestro cerebro empiecen a equilibrar si vale la pena malgastar tanto tiempo solo con la promesa de que ese año puede ser diferente. Yo de momento, la he conseguido ver sin prisas, pero sigo sin entender mi fidelidad.  

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