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Domingo de serie: Treme (Temporada 1)

posted by Omar Little 24 julio, 2011 0 comments
Diques musicales

En la monumental The Wire David Simon, con cuchilla de cirujano, diseccionó la ciudad de Baltimore para destripar el crimen, la corrupción y la tela de intereses que se cernía sobre la ciudad. Luego le siguió la menos reivindicada Generation Kill, donde esbozaba un crudo relato de un escuadrón de marines norteamericanos en la guerra de Irak.

La última mirada del genial autor se centra en la Nueva Orlenas post-Katrina. Treme irrumpió en el panorama televisivo en 2010 de la mano de la inseparable HBO, y ya cuenta con una segunda temporada terminada.

Por razones que aún no logró comprender, este aficionado a las series e ídolo confesional de Simon, no terminó de ver su primera temporada hasta la pasada semana. Tiempo suficiente para verter mis satisfactorias impresiones tras el salto.

De entrada Treme no parece un producto asignable a la impecable trayectoria de este autor televisivo. Sin embargo, tras los primeros capítulos, tras acomodarnos a su lento discurrir, si que podemos señalar con el índice algunas señas definibles de la narrativa de Simon.

En Treme la exploración descriptiva se come la acción. El relato se sustenta prácticamente en una galería de personajes que intentan recomponer sus vidas tras el devastador paso del Katrina por la ciudad que adoran. Pronto se nos aclara que los habitantes de la ciudad de Louisana son una especie aparte, con una idiosincrasia que los identifica y los diferencia del resto de norteamericanos. Nueva Orleans es una isla culturalmente rica, económicamente pobre y adminsitrativamente olvidada en este mar de islas compuesto por los Estados Unidos de América. Pero las gentes que la habitan están orgullosas de formar parte de ella, y pese a las desgracias e inconveniencias prefieren seguir haciéndolo a desplazarse a otro sitio.

En esa línea circula la mayor parte del relato de esta primera temporada. Seguimos a una serie de personajes que atraviesan dificultades de distinto calado (casi todas ligadas a los efectos del letal huracán) y cómo escogen diferentes caminos para afrontarlas, o en la mayoría de casos, sobrellevarlas.

En todas ellas se encuentran un componente indisoluble, inextirpable, básico, que actúa como elemento revitalizante de sus vidas, y que conforma el paisaje característico de esta ciudad cajun: la música. Una música que se respira, se palpa en todos los rincones y locales de la ciudad, y que actúa como una especie de catarsis para los castigados supervivientes. El jazz de Nueva Orleans intercede en todas las facetas de los habitantes, incluso en las más tristes y amargas, como en los entierros (de hecho la serie abre y cierra su particular círculo con una secuencia de un entierro con banda de por medio)

El eje musical, el leit motiv de la serie, es el jazz. Ese sonido característico de esta ciudad del sur que recompone las vidas de sus habitantes, que da de comer a sus músicos (en la mayoría de casos más de forma espiritual que literal), y que sirve como arma identitaria en las diferentes expresiones de carácter público que tienen lugar.

Con estas bases, no podía ser de otra manera, que la banda sonora de la serie a lo largo de todos sus capítulos sea un must, empezando por el irresistible tema de los títulos de crédito, y siguiendo por las aportaciones de artistas que han definido el sonido de la ciudad, de los cuales, algunos, hacen acto de presencia actoral a lo largo de la serie: Dr. John, Allan Toussant, Elvis Costello.

De la galería de personajes que componen este drama coral repiten algunos actores vistos en The Wire, e irrumpen con fuerzas otros rostros desconocidos. De las caras familiares vuelve a destacar Clarke Peters (detective Lester Freamon) en la piel de un gran jefe indio, o el carismático sabueso de homicidios que interpretaba Wendell Pierce en la serie policíaca y que aquí hace de músico callejero que se gana la vida como buenamente puede. De los nuevos rostros destacan los papeles del siempre enorme John Goodman, de Melissa Leo, y de esa grata revelación que supone Steve Zhan en el pellejo del divertido y entrañable Davis McAlary.

La primera temporada de Treme fija su atención en esta reconstrucción de la ciudad a través del empeño y actitud de sus habitantes olvidados por su propio gobierno, y cómo la música, integrada en la ciudad, actúa como catalizador de ese modo de vida, tejiendo una particularidad cultural más resistente y efectiva que un dique de hormigón.

Este suculento plato criollo hará las delicias de los gourmets que se rinden ante la lucidez y la perspicacia de David Simon. Sin embargo las mismas cualidades se le pueden atragantar al espectador que no esté dispuesto a la dispersión narrativa, al tempo lento, y a una narrativa que no se ciñe a un centro de acción claro, compuesto por un o dos protagonistas. Mientras os posicionais en un bando u otro, que siga sonando la música en Treme. ¡A por la segunda ya!

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