Domingo de serie

Domingo de serie: American Horror Story Asylum

posted by Omar Little 27 abril, 2014 0 comments
Manicomio generacional

AHS Asylum

Cada generación ha tenido una serie emblema. Una serie que ha quedado permanentemente grabada a un tiempo. Ficciones con las que toda una generación se volcó para compartir teorías, dudas, preocupaciones e ilusiones. Muchos situarían ese arranque con Twin Peaks, una serie que sin duda revolucionó el panorama televisivo norteamericano. Pero Inglaterra ya había tenido sus primeros precedentes con series tan avanzadas a su época como The Prisioner. Los que en los 90’s pasamos por una adolescencia penosa y poco agitada recordamos con una sonrisa photobomb nuestras trasnochadas en Telecinco viendo a Mulder y Scully en medio de mil fregados conspiranoicos y fantásticos. El último fenómeno indiscutible lo puso la ABC con Lost.

A los que el recuerdo de Perdidos les queda lejos, o que no lo vivieron en su eclosión mediática y febril, deben estar buscando aún esa serie vínculo de una generación. No es el caso de la serie que hoy nos cita con el “domingo de serie”, pero sí que tengo la sensación de que podría haber sido ésta, de haber estado en las manos apropiadas. Y es que American Horror Story, AHS desde ahora, tiene todos los ingredientes, al menos en sus dos primeras temporadas (ya he sido alertado de que en la tercera la cosa se destrempa considerablemente) para establecerse como una ficción perdurable. En esa serie a la que recuperar en la edad adulta y descubrir con orgullo a los retoños ya creciditos.

Una serie que mezcla sin pudor alienígenas, doctores nazis, locos de frenopático, monjas asesinas, monstruos deformes, presencias diabólicas y hasta asesinos en serie no puede ser mala. Un producto que parece una actualización de los Cuentos asombrosos con pizcas inocentes de terror y una gota de sobrenatural no puede ser fallido.

Sin embargo, toda esa aparente locura, termomix de ideas, y osadía en su planteamiento, en realidad resulta mucho menos nocivo de lo que se nos intenta vender. Algo, con lo que se debería inculpar directamente a sus dos creadores, Ryan Murphy (no olvidemos que su nombre figura en la tipografía más grande en los créditos de Glee) y Brad Falchuk.

Si en la primera temporada, American Horror Story, se nos emplazaba en la gran casa del terror norteamericano, para repasar, en un ejercicio muy meta, los episodios (“reales”) más sangrientos de su historia, esta segunda temporada cambia de localización y de personajes, y lo más sorprendente, de estructura narrativa.

Ahora nos movemos por Briarcliff, un manicomio dejado de la mano de Dios, y gobernado por mano de hierro por la hermana Jude (Jessica Lange, en otra demostración de porqué es una de las mejores actrices de su generación), quien responde a su vez a monseñor (Joseph Fiennes), y bajo sus órdenes actúan dos piezas de cuidado, el doctor Arden (James Cromwell) y el doctor Thredson (Zachary Quinto). En ese infierno conviven patologías incurables, con inocentes víctimas que han sido encerradas por sus inclinaciones sexuales, desviadas para la época, o confundidas con asesinos en serie.

La serie repite patrones estéticos, reorganiza a algunos de los actores vistos en su primera temporada, mantiene su apuesta por apariciones de nombre (Chloe Sevigny, Clea Duvall, Franka Potente), no se acicalan con su turmix de tramas, referencias, guiños y situaciones alocadas, y nos vuelve a deleitar con unos títulos de crédito que se merecen la creación de una categoría especial y exclusiva en los Emmy.

Sin embargo, lo que sorprende es un planteamiento narrativo más lineal, centrado, prácticamente, con algunas excepciones, en un mismo período temporal, los años 60’s, sin demasiadas fugas narrativas, más ligado al progreso de unos personajes en ese manicomio, y aún más arriesgado, revertir el polo empático de algunos de sus personajes, pasándolos de malos, malísimos de la función, a ámbar, y hasta a los buenos cuya suerte repercute en las pulsaciones del espectador. Una maniobra poco usual, y que los guionistas ejecutan con bastante fortuna.

Más allá de estas singularidades con respecto a su primera temporada. Estos trece capítulo de American Horror Story son un pasatiempo divertido, sin complicaciones, y menos osado de lo que pretende hacer creer. Es también una temporada que va de más a menos, a medida que la mayor parte de personajes de interés se van borrando del mapa, y con dos capítulos finales, a modo de epílogo dilatado modelado como un serial de cine negro de la época, que frenan la sensación dulce del resto de capítulos.

Termino con esa sensación de que la serie, de estar en manos más dispuestas y señaladas (pienso en James Wan y Ti West, sin salir de su proyección comercial y dirigida a un público amplio) sería un producto exquisito, de los que quedaría por siempre ligado a un período de nuestra vida. Pero como eso no es así, y dado que cada temporada cambia su arquitectura, es difícil conseguir ese estatus. Dicho esto, pido su asistencia, ¿me encamino hacia las brujas o me espero a que enderecen el rumbo con la cuarta temporada?

7

American Horror Story Asylum está editada en DVD por FOX Video

 


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