Domingo de serie

Domingo de serie: Arde Madrid (Temporada 1)

posted by Omar Little 2 diciembre, 2018 0 comments
Pasión edulcorada

Arde Madrid

En el ámbito nacional Arde Madrid se ha revelado como una de las sensaciones seriéfilas del curso a punto de finalizar. Por la misma razón se ha convertido en uno de los nuevos activos más mimados por Movistar +, hasta el punto de haberle otorgado ya una segunda temporada.

La ficción de Paco León gira alrededor del Madrid en blanco y negro del franquismo cuya vida social se vio alterada por la presencia huracanada de Ava Gardner y sus sonados guateques sin límite horario. La serie despliega su trama sobre dos empleados domésticos de la actriz de Hollywood. Por un lado, Ana Mari (Inma Cuesta) una coja que la Falange ha enviado para que espié los malos hábitos de la La condesa descalza y sus posibles reuniones con personalidades rojas, y por el otro, Manolo (Paco León), un chófer cuyas intenciones reales se desconocen pero que tiene la obligación de llevar a la estrella de Hollywood ahí donde le plazca,a la vez, que aparenta ser el marido de Ana Mari sin poder compartir siquiera las mismas sábanas.

Si en su momento, tras ver del tirón los cuatro primeros episodios en el pase para prensa, manifesté la frialdad con la que me había llegado la propuesta española, ha sido principalmente ese murmullo entusiasta hacia el serial, lo que me ha empujado a darle una segunda oportunidad con la segunda parte. Y sí, la serie mejora. Se beneficia de un ritmo considerablemente alto (qué bien le sienta a cualquier ficción los treinta minutos) que bloquea el bostezo. Es un producto que entretiene con ciertas garantías pese a lo estructurado y previsible de su desarrollo. León (junto a Anna R. Costa y Fernando Pérez) se desenvuelve con soltura y arma una trama, que como la gran mayoría, se beneficia de la tensión sexual y el lío amoroso entre sus dos personajes principales. Sin embargo, también presenta varias taras.

Más allá de las faltas históricas o el anacronismo musical (que ha molestado a Diego A. Manrique) y que desde mi punto de vista se justifican desde el momento en que León formula una realidad desarticulada del verismo, más inclinada en el entretener que en aproximarse a la realidad de los hechos en que se inspira. Y es en ese marco que encuentro justificadas las licencias nada rigurosas que se pueda tomar, como anticipar un tótem del rock progresivo andaluz y hacer sonar Bogaloo en una fiesta del domicilio Gardner, o incluir a Rosalía en el pastiche (esta suena de manera extradiegética, o sea, que no hay que dar parte a nadie). Pero más discutible es sin duda esa capa edulcorante de un período tan oscuro de nuestra historia. Entiendo que el entorno de la actriz hollywoodiense viviera en su propia burbuja de la Dolce Vita madrileña, y eso se retrata con cierta gracia, sin embargo, más preocupante me resulta la ausencia de la maquinaria y opresión franquista en el día a día del resto de los personajes. Más allá de algún símbolo, algún gesto y alguna orden, y algunas decisiones que mueven a los personajes (que parecen más vinculadas al jugo católico y el conservadurismo en la sociedad de la época), los personajes de la capa proletaria, o sea,  todos los empleados domésticos, parecen ajenos a la cruda realidad del país. Un discurso que, seguramente, sin ninguna intención oscura detrás, parece normalizar esas voces, ahora despiertas y sonantes, que dicen que el franquismo no fue para tanto, o que, incluso, sus nostálgicos defensores, nieguen que se tratara de una dictadura bárbara. Hay algo en la mirada tibia de sus creadores sobre el período histórico que marca el producto que, indirectamente, preserva esa banalización de la memoria histórica hacia alguno de los episodios más terribles de nuestro país. También entiendo, que resulte complicado exponer eso dentro del encuadre de una comedia, pero también se hace extraño, como algo incluso fantasioso, que la cuestión, apenas salga de refilón en una serie ambientada en el franqusimo.

Otra incongruencia, o traba de la que defenderse, es el poco fuego libidoso que prende la serie. Con un título tan sugerente, y conociendo la sed sexual de Ava, extraña la poca carnalidad y escenas de cama de la serie. Más allá de algún miembro que ocupa toda la pantalla, la serie mantiene el termómetro erótico a baja temperatura. Son sin duda, sus fabulosos títulos de crédito, la nota más ardiente.

Inconveniencias que no molestarán al común de los telespectadores, y que tampoco han supuesto ningún impedimento para el visionado placentero de una serie que sin grandes maniobras en su guion, sin urdir giros ni grandes rompecabezas, simplemente construyendo personajes con cierto carisma y retratando una atmósfera más cercana al halo fantasioso, lujurioso y despreocupado de la corte de Ava Gardner que de la realidad tétrica de la España de los 60,

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