Domingo de serie

Domingo de serie: Así nos ven

posted by Omar Little 9 junio, 2019 0 comments
Wrong time, wrong place

El otro día escribía un articulista (creo recordar que en El país, papel) que la calidad en el marasmo seriéfilo había que encontrarla en las miniseries. Afirmación que suscribo. Y no por la coincidencia de dos miniseries que se encumbrarán en lo más alto de la cosecha del curso, sino por la mera definición de un formato que posibilita un final cerrado, un no alargamiento narrativo, y, en definitiva, un encapsulamiento en 4, 5, 6 o 8 episodios de una sola temporada, suficiente para desarrollar todo el arco narrativo de los personajes y los vericuetos de una trama no chicle.

El último exponente, ofreciendo relevo al boom de afiliación en nuestro territorio de Chernobyl, es Así nos ven, una de esas miniseries que dan algo de brío al tullido catálogo del gigante Netflix. La serie de Ava DuVernay resigue el caso de “Los cinco de Central Park”, uno de los episodios más oscuros de la larga historia de injusticia racial del país de las barras y estrellas. Es de nuevo la temática del falso culpable, o el incriminado inocente, el que acciona el dispositivo de un drama que seca la garganta.

Todo arranca un día cualquiera del Nueva York de 1989, jornada fatídica para todos aquellos que fueron involucrados, pese a su inocencia, en la brutal paliza y violación de una corredora blanca en Central Park. En plena ola de crimen e inseguridad en la ciudad que nunca duerme, el caso conduce a una rápida cacería para atrapar y juzgar a sus culpables. Encuentran a las víctimas idóneas en un grupo de jóvenes negros del Harlem que, a la misma hora, pero distinto lugar, se habían paseado causando alboroto y algún incidente que no sobrepasaba la gamberrada. El perfil, una manada de adolescentes negros asilvestrados de Harlem, parece propicio para colgarles el muerto. Así que pronto una vitriólica fiscal y los métodos abusivos de la policía enfilan hacia una resolución catastrófica apoyada, y acelerada, por la sed de venganza de la ciudad de Nueva York a través de la influencia de unos medios que, como sigue ocurriendo, adelantaron la condena, así como campañas de personajes infames como Donald Trump (a quien DuVernay no le niegan protagonismo como enlace a los tiempos actuales) clamando por la restauración de la pena de muerte. Ante este contexto desfavorable, la condena parece inevitable para estos cinco jóvenes inocentes.

Otro caso de un “Making a murderer” que se ajuste al imaginario colectivo estadounidens enraizado del hombre negro como violador y criminal peligroso. La suerte para estos chavales estaba echada en el momento que decidieron salir de casa y pasar por el lugar equivocado, en el momento equivocado. Como enseña el segundo capítulo, y pese a no tener pruebas físicas que demostrasen su participación, ya era demasiado tarde, las confesiones bajo presión y esa criminalización al hombre negro que ha persistido en el sistema norteamericano desde la abolición de la esclavitud, resultarían suficientes.

Pero la miniserie no se queda en el desarrollo de esas fatídicas jornadas posteriores al crimen, ni a los juicios y las fallas del sistema judicial, sino que abarca todas las fases de la catastrófica suerte de esos cinco chavales, y, especialmente, de la sentencia que los marca de por vida. Incluyendo su pena en prisión, su intento por salir en libertad, los daños colaterales para las familias, y finalmente la vuelta a una libertad condicionada y saboteada por trabas burocráticas e impedimentos para salir a flote – brillante ese metraje utilizado para describir la vida en libertad condicional del chaval hispano y como acaba empujado al trapicheo de drogas – Una espiral en la delincuencia que el propio el sistema alienta al negar oportunidades a las personas con condena, por mucho, como en este caso, fueran inocentes.

Los cuatro capítulos reparten sus minutos entre los cinco chicos (adultos en la segunda mitad de la serie), poniendo en pantalla el amplio espectro de consecuencias devastadoras que acarrea una condena como la que tuvo lugar. Así, donde muchos ponen el foco en el drama carcelario o el judicial, DuVernay va más allá, destapando las otras víctimas y las otras fases peliagudas por las que pasa alguien con una mancha criminal. En cualquiera de estas DuVernay remueve consciencias y acelera la rabia hacia esas élites blancas que preservan un sistema racista y la encarcelación masiva como parte del complejo carcelario, con gran impacto en el PIB. Hay muchos matices, que la autora ya abordó en clave documental en el también obligado la “Enmienda XIII”, pero aquí los resuelve con un relato de apego inmediato, muy bien hilado como drama que descubre verdades más profundas, con un constante efecto hiriente en las retinas, gracias a la empatía que sonsaca de sus cinco personajes y esos familiares valerosos y luchadores (la historia de uno de los protagonistas con el padre que interpreta Michael K. Williams resulta devastadora).

También es una serie que entra por los ojos, gracias a una fotografía que reproduce los tonos del Nueva York de los 90 (inspirada en los films de esa época de Spike Lee), los solventes actores que pueblan el universo ficticio, encomiables decisiones de realización y montaje (hay brillantes elipsis), y todo el andamiaje de ambientación: dirección artística, vestuario y peluquería que mantiene, en todo momento, la verosimilitud a buen recaudo.

Así nos ven se convierte en un apasionante visionado, cargado de emoción, que desata una rabia lacerante concentrada en el vientre mientras sufrimos con la suerte de esos desdichados chicos, víctimas de un sistema podrido.

marco 75

 


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