Domingo de serie

Domingo de serie: Atlanta (Temporada 2)

posted by Omar Little 10 junio, 2018 0 comments
La Atlanta renacentista

Atlanta 2

Donald Glover se ha puesto entre ceja y ceja empequeñecer a la humanidad y dejar al tropel de showrunner contemporáneos en un aprieto. Su creatividad 360º sigue conquistando audiencias y haciéndose con talonarios sin pretensión de aminorar mordida a corto plazo. Tras asaltar telediarios con su faceta musical bajo el alias de Childish Gambino y gracias al videoclip viral gestado con Hiro Murai (principal socio estético de la criatura que nos reúne hoy), el de California sigue ganando espacio en la taquilla cinematográfica y endulzando las pupilas de los teleadictos alérgicos a los corsés convencionales .

Aunque hoy aquí solo pondremos el foco en su faceta televisiva. Si con la primera temporada de Atlanta, Glover asentó una patada de optimismo y genialidad para marcar las pautas de un dramedy de corte FX – o sea, un Louie de tez negra-, la segunda lo encumbra como unos de los talentos creativos más incuestionables e inspirados de la actualidad. Bajo el subtítulo de “The Robbin’ Season”, la segunda se enmarca en la temporada alta de robos de la ciudad de Atlanta, cuando los cacos se lanzan a delinquir para poder afrontar la cuesta de enero y pagarse las cestas navideñas (una costumbre real). Pero que nadie espere una ración doble de realismo social Simonesco a lo The Wire– la hay, pero en equilibradas gotas – ya que esos robos, en la serie, obedecen tanto a lo físico como a lo espiritual, moral o social, desde algo concreto, como un peluco de herencia familiar como símbolo de la huella de la madre real de uno de los actores, que a su vez, se erige como homenaje póstumo a la fallecida, como a cuestiones más abstractas y de identidad racial.

Porque lo que en realidad transmite esta serie – y he aquí la seña autoral de Glover más contrastable – es la  experiencia de lo que resulta ser negro en los Estados Unidos, más en concreto, en la ciudad de Atlanta y en los circuitos del hip-hop. Pero más allá del concepto que irradia la ficción, la genialidad de esta, es el estimulante y desatado envoltorio que le permite saltar del mentado realismo, a una fantasía surrealista o a la comedia absurda de fumetas sin olvidar, en (casi) ningún momento, el avance narrativo principal de la temporada a los lomos del tridente protagonista. Atlanta supone la disparidad de tonos, géneros, y la voladura radical de etiquetas y moldes, para dar con un producto voluble, mutante, sorprendente y rompedor. Solo así se entiende que la serie gire de la comedia absurda enquistada en un hecho inofensivo, como puede ser la visita a un peluquero, al estallido terrorífico más alucinante de la temporada- Glover se mea en el jeto de Jordan Peele en la media hora de “Teddy Perkins” – hasta esa delirante fiesta de Drake donde lo más próximo que se va a estar del canadiense es a través de una sesión de fotos con réplicas de cartón del de “Hotline Bling”, pasando por un ejercicio en flashback de la etapa escolar de dos de los personajes principales- quizá el más forzado de la temporada.  Todo ello hilado con maestría del que se siente capaz de salir airosos en los terrenos más dispares y opuestos, sin transiciones toscas, ni artimañas narrativas de cabreo.

Los once episodios de Atlanta se escriben entre lo más notorio y celebrado de la temporada en curso, y denotan la calidad desbordante, de impacto transversal y multidisciplinar, de un creador que sonará a tópico de gañán, pero que tiene virtudes renacentistas que, por el momento, vuelca en un producto televisivo gourmet de altas prestaciones.

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