Domingo de serie

Domingo de serie: Better Call Saul (Temporada 2)

posted by Omar Little 12 junio, 2016 0 comments
Asuntos de familia

Temporada 2 Better Call Saul

Qué rejodidamente bueno es Vince Gilligan. Digámoslo rápido y de entrada. Sabedor(es) de que su obra magna Breaking Bad resultaba imbatible, su siguiente paso se encamina, con cierto riesgo, a la obra que hoy nos ocupa. Un universo paralelo vestido con las mejores galas que se recuerdan en un spin-off. Así de magnánima se compromete la serie tras su segunda temporada.

Si no has contratado nunca los servicios de Saul replantéate tu existencia.

Si en la primera temporada nos conquistó confirmando el potencial dramático existente en Jimmy McGill a través de sus andanzas pre Saul, la segunda sigue explorando el personaje, acercándose hasta una distancia que permite oler sus entrañas, para poner el foco dramático en ese polvorín familiar anunciado en la primera temporada, y que aquí modula los altibajos dramáticos, configura los giros y precipita los derrames cerebrales en el espectador.

Pero sería de obtusos hablar de esta hermana menor como del spin off sobre ese desternillante personaje dispuesto siempre a suavizar la tensión de Breaking Bad con su humor y sus modos de trilero. Porque hay otro invitado mayúsculo en Better Call Saul, otro de esos secundarios de lujo sonsacado de la fuente original. La historia de un personaje tan frío y hermético como Mike Ehrmantraut , no solo sirve para aportar esa luz que permita entender las cicatrices, modus y actitudes del personaje, sino que es la conexión noir que se guarda la serie con los acontecimientos incendiarios que nos volaban la azotea cada semana no hace tanto tiempo. Una subtrama alrededor de los corredores criminales con el otro lado de la frontera, que sirven para indagar en la intrahistoria pretérita de la serie imborrable. Y pese a compartir espacio, pero formar universos contrapuesto (el de Jimmy/Saul y el de Mike ) la fluidez en la que encuentran el mismo vórtice es de ,  justificando así sus dos historias en paralelo, aunque la de Saul sea la predominante.

Volvamos ahora a este carismático y resbaladizo picapleitos. Porque en realidad no siempre lo fue, uno de los grandes WTF producidos por la serie, es ver lo alto que llega a pisar en el mundo de la abogacía, y como él mismo se induce el descarrilamiento laboral  para volver ahí donde el destino lo tiene pegado como born loser, o sea, esa oficina en la trastienda de un sitio de manicura, el coche con el tubo de escape que escupe más dióxido de carbono que el territorio que lo acoge, sus trajes de colorines y sus comerciales denunciables a la FACUA. Ese  Jimmy/Saul que ya conocíamos, pero que por fin, la serie, nos explica el porqué, y ese porqué es pura magia de narración.

Me quedo corto utilizando el calificativo admirable para describir la relación de amor y odio entre los dos hermanos; Chuck, el brillante abogado y defensor de la moral recta, y Jimmy el del corazón blando y bondadoso, pero tramposillo y del atajo fácil. Una relación que marca el hueso narrativo de la serie a través de sus choques, especialmente de un Chuck – personaje de por sí brillante, su fobia infundada a la electricidad le da ese plus que Gilligan y los suyos saben aportan a su galería de iconos – que no le perdona rencillas y episodios familiares de su pasado en común – magistrales también los flashbacks en los que se detalla la construcción de sus identidades y el odio no recíproco que se gastan-. Porque Jimmy, en el fondo, adora a su hermano y lo haría todo por él, pero desde el otro bando, Chuck, rencoroso y orgulloso, solo vive obsesionado por hacerlo caer tal y como denota ese plano final con el que cierra la temporada. Aunque aquí la genialidad no está en trasladarlo en un melodrama familiar que podría llamar la atención de los comensales de Celebración, sino darle esa estructura casi de thriller industrial, como el disparadero de golpes a traición, y acciones que centran los tres últimos capítulos y que mantienen en vilo al espectador en un universo, a priori, tan dado al tedio, como la abogacía. Incluso consiguen afectar el riego sanguíneo con golpes y giros dramáticos insertados con la finura característica de los productos de su autor, o sea, sin subrayados, un tono sutil que recompensa aún más los hallazgos en la historia y los destinos de los personajes.

Por si no hubiera suficiente con un guión modélico que te atrapa con su conexión constante con la tragicomedia latente en esa relación de (anti)héroe y antagonista familiar, donde es imposible no sentir empatía por ambos, hay que sumarle ese carcasa visual sorprendente y siempre a la vanguardia que definió el estilo de Breaking Bad. Ángulos impensables, planos a los que el ojo humano no tiene acceso, o travellings majestuosos como ese arranque del capítulo 8. Una batería de hallazgos visuales, innovadores y/o sorprendente en muchos casos, que dulcifican aún más su visionado.

Así pues la segunda temporada de Better Call Saul redobla la apuesta por este spin-off, erigiéndola como una obra de mayor logro que el propio interés acumulado por descubrir la protohistoria de dos personajes, y otros colindantes (así como sus escenarios), de la obra padre. Ha adquirido una entidad independiente suprema, en un tono distinto (pese a la historia de Mike) pero manteniendo algunos de los valores que convirtieron Breaking Bad en una de las grandes.

8


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.