Domingo de serie

Domingo de serie: Better Call Saul (temporada 5)

posted by Omar Little 3 mayo, 2020 0 comments
Saul & Kim

Predicadores de la nueva blogosfera, de la podcastera y de los inescrutables submundos de Internet, se llenan estos días la boca de orgullo comparando la calidad de Better Call Saul con la de Breaking Bad. Pero no éramos tantos (y aquí me cuelgo una medallita) los que veníamos alertándolo desde el principio y, especialmente, desde esa tremenda tercera temporada de connotaciones cainitas. De hecho, seguimos aseverando que el spin off no supera al original, pero que tampoco lo envidia.

Y es precisamente cuando el drama legal ha confluido con el criminal que reventó azoteas, cuando las loas le llueven con mayor densidad. Y no es para menos con esa traca final desplegada a lo largo de los tres (gloriosos) últimos capítulos. Pero antes de recrearnos en esos detalles, remontémonos al inicio.

La temporada arrancaba con ese dispositivo desconcertante tan característico de la narrativa de Gilligan y Gould, con un Saul Goodman en una Nebraska del blanco y el negro, escapado de su pasado y alejado de su ubicación característica. Una especie de prólogo en flashforward para enlazar con ese final de la cuarta temporada.  A la siguiente escena la acción ya se emplaza en el calor abrasivo de Alburquerque donde finalmente, tras cuatro temporadas, se asiste formalmente al cambio de identidad del personaje central de este spin off: de Jimmy McGill al archifamoso y peripatético Saul Goodman. Y lo hace, para mayor inri, de la manera menos pomposa imaginable, con un mero trámite burocrático. Desde ese instante se asiste a la creación de la nueva marca; un Jimmy adoptando la piel de un picapleitos de baja gamma que le permite, sin enredos, ni disgustos personales, ni un armario de trajes Armani, llevar a cabo su manual de picaresca judicial.

De hecho,  en este primer tramo de la serie, hay una secuencia de una tremenda hilaridad que sintoniza plenamente con lo patético y dramático del personaje. En esta se asiste a una especie de rebajas de sus servicios para un tropel de energúmenos, delincuentes de medio pelo y slackers de su zona horaria. En esta teatralidad mercadotécnica para darse a conocer y abrir mercado, Saul ofrece sus servicios al 50% de sus honorarios, una campaña de marketing chusca que lo aboca a cumplir ante un avalancha de gente que se amontona formando colas como las que se ven estos días en los bancos de alimentos del país del dólar. Más allá de la comicidad descacharrante de la situación, ese momento de bajeza ética y profesional, de bajada de estatus profesional buscada y concienzuda de un personaje que podría aspirar a más, entona, a la perfección, la tragedia que lo rodea, atrapado en la rueda insaciable del capitalismo neoliberal – en la imperiosa necesidad por acumular dinero como símbolo de éxito -, como poderoso contraste de sus trajes horteras, dudosos gustos, y esa clientela de baja estofa que alienta, con sus acusados descuentos, a cometer delitos como los que encadenan  esos yonquis a consciencia,  y narado mediante una de estas licencias narrativas tan propias del binomio Gilligan-Gould. En definitiva, la de un abogado que, en lugar de la reputación y el honor de su profesión, prefiere rodearse de clientela criminal y sin recursos, allí donde su inteligencia le permita urdir sus planes retorcidos sin juicios morales ni reprimendas familiares. Algo que lo lleva irremediablemente a convivir con el crimen más sanguinario de su zona geográfica. La temporada ha invertido recursos y tiempo en esa intersección en la que Saul se ve atrapado en la telaraña criminal. El drama judicial y melodramático se acoplan a la perfección cuando Saul es contratado por Lalo Salamanca, el tipo del cartel que controla el business al otro lado de la frontera. A partir de ese punto, se entrecruza, sin remisión aparente, con el drama criminal característico de la fuente original.

Pero no toda la temporada ha versado en Saul, Por fin Kim se ha emancipado como su personaje se merecía, convirtiéndose en la gran co-protagonista del serial. Primero dejando patente un arco dramático multidimensional y de mayor ambigüedad de lo imaginado, desde el instante en que empieza a cuestionarse su ética profesional en el caso de Mesa Verde, instigada por la empatía que le genera el entrañable viejecito que su cliente pretende engatusar con dólares para construir un call center en la tierra que ocupa su hogar. Y luego, evidentemente, cuando ofrece un inesperado giro, vistiéndose de heroína y esposa desvivida, tras esa sufrida travesía por el desierto de su devoto esposo. Una singularidad que encuentra su clímax en el tenso encuentro doméstico con Lalo, y su seguimiento desde distintas mirillas. Es en ese instante, cuando Kim adopta sin medianías un carácter explosivo y robusto. Dejando en evidencia el amor ciego que le une con su esposo, pese a las burradas de este. En ese sentido, la relación entre ambos ha dejado instantes entrañables, e, incluso, ha quedado fortalecido, hasta el punto de que Kim actúa de catalizador en las hazañas de Saul,  justo cuando todo parecía indicar que sus torpes decisiones, y el rodearse por malas influencias, destruirían la relación

Aunque como comentaba en la entrada, el amago de colapso en la aorta ha llegado con esa traca final compuesta por los tres últimos episodios. Una escalada de acción, tensión y drama criminal desencadenado por ese recado de Saul en medio del desierto. Un capítulo con resonancia al “Ozymandias” para poco después convertirse en puro survival, con sus impagables notas de tensión dramática y de humor – el plano de Saul y Mike achicharrados por el sol, respirando con cierto alivio en un resquicio de sombra de una área de servicio, es para enmarcar en la memoria. Una aventura árida, de sangre y orina, que forja la relación entre Mike y Saul. De hecho, la trama criminal, anteriormente incluida casi a modo de trasfondo recordatorio de la fuente original del relato, en esta temporada ha cobrado un protagonismo significativo, incluso, con personaje como el indestructible Lalo o el atrapado Nacho Vargas. Ambos abrazando un peso y una profundidad notorias, y haciendo que los cameos nostálgicos de Hank y Gomez no trasciendan de la anécdota de agradable recepción.

En definitiva, Better Call Saul ha materializado una vuelta a esa adicción genuina de la serie madre, sin perder su anclaje cómico, la orientación psicológica multicapa de sus protagonistas, la naturaleza trágico-patética de su protagonista, ni las subtramas judiciales que han convertido esta serie en uno de los productos a batir dentro de la actual televisión de calidad.

Solo queda una temporada, pero visto el nivel de esta, solo podemos pedir que sea apoteósica. Es el único final concebible para este pedazo de serie.

8

 


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