Domingo de serie

Domingo de serie: Bloodline (Temporada 1)

posted by Paloma Méndez Pérez 10 mayo, 2015 2 Comments
El cayo del miedo

Bloodline

Hablábamos de Bloodline analizando sus primeros 3 capítulos en nuestro apartado de pilotos. Como dijimos entonces, no faltaba mucho para acabar la serie ya que no siendo una trama que te mantuviera con al borde del infarto, era lo suficientemente atractiva para verla con la máxima brevedad.

Con la excepción de algún capitulo entre estos tres primeros y la transformación definitiva del paraíso en infierno, la intensidad es siempre patente. Desde el principio en el que sientes un interés curioso por ver qué pasó en esta agradable familia para terminar como ellos mismos te anuncian, haciendo cosas de las que no se sienten orgullosos. Somos gente buena, solo que hicimos cosas malas. Dramática declaración que no puede ser más cierta. En los 13 episodios pasas de sentir curiosidad por la intriga, a sentir ese pulso cotilla de querer saber cómo ser torció todo hace tanto tiempo y que acaba en esa tensión ante la deriva de maldad por la que se conduce la serie. De sentir comprensión y afecto, pasamos a sentir agobio y claustrofobia.

El cambio no es inmediato, ni brusco. No es una deriva hacia la ignominia o hacia la deshumanización, es el transcurrir de un día soleado con previsión de nublarse en el que chispea y luego truena. Es como la historia esa de hervir la rana que siempre cuentan en la tele cuando creen que hay pocas hordas de personas protestando en la calle. Metes una rana en agua y empiezas a subir la temperatura hasta que acaba al dente, si la tiraras en agua hirviendo la rana saldría de un bote de medalla olímpica. Tiene mucha lógica aunque no imagino a quien se le ha ocurrido hacer ninguna de las dos pruebas. Eso es Bloodline solo que te enseñan el cadáver de la rana muerta desde el principio y sobre eso van desplegando una historia que consigue algo de lo más difícil, resultar argumentalmente coherente, emocionalmente creíble y lógica desde el punto de vista de la investigación policial.

Para lograr que la triada argumento, afecto e intriga policial se sostenga en 13 capítulos más o menos en una proporción igualitaria, la serie descansa sobre 2 pilares y un adorno de regalo. Los dos pilares son las actuaciones y el guión. El friso resultón que pone el detalle a lo básico, son el escenario y la ambientación. Los Cayos de Florida son una zona exclusiva y decadente en igual proporción. Como cualquier sitio cuyos ingresos principales proceden del turismo, ha generado una población con mentalidad de servicio. Residentes a las órdenes de turistas, siempre esperando propina, siempre pendientes de las necesidades ajenas. Así puedes ser rico como el Tío Gilito que no vas a dejar de estar para que te pidan cuentas, en vez de pedirlas tú. Ese microcosmos sirve para crear las condiciones de laboratorio ideales para estudiar problema parterno-filiales, descontentos, tensiones y decepciones. De hecho la manera de recobrar la normalidad de uno de los personajes es mudarse a New York y empezar con el marcador a 0. Para dar todavía más relevancia a este enclaustramiento, la familia protagonista, los Rayburn, dirigen una casa de huéspedes que es la foto que ponen en la enciclopedia con la definición de “hotel con encanto”; no os penséis que es en plan Psicosis. Ni mucho menos. Porque Bloodline juega a las apariencias. La historia pretende que es un drama familiar, hace como que juega a Las tribu de los Brady crecidos y te sueltan pistas sobre la posibilidad de que al final acaben como si fueran una de las historias accesorias de The Bridge. Y te enganchan y te lo crees. Picas en la trama familiar, te interesas por esa pobre madre Sissy Spacek, piensas que hay algo más allá en la muerte de Sarah, te compadeces y sufres por Danny (Ben Mendelsohn) y te preocupas por las infidelidades de Meg (Linda Cardellini, atentos los seguidores de Mad Men porque a mí me costó varios capítulos reconocerla). Después viene la trama policial y el desencadenante de tanta desgracia. Ves traficantes donde antes solo había familias bailando al ritmo del ukelele y barcos llenos de droga donde antes había toneladas de pescado. Luego ya ves asesinos y conspiradores donde antes solo había hermanos. Esa es la historia de Bloodline y no estoy descubriendo nada, porque el primer capítulo es significativamente revelador si se presta la suficiente atención. Hasta las menciones posteriores del traje de lino de rayas son totalmente intencionadas para que se te corte la respiración brevemente.

Sobre las interpretaciones, comentar primero el gran acierto de casting de Netflix con esta serie. Muy consecuente buscar actores experimentados lo suficientemente desconocidos. Es el caso de todos ellos menos de Sissy Spacek a la que parece que ya hemos visto más veces en ese papel de madre preocupada pero poco atenta. Kyle Chandler que es el hermano tutor y por eso se siente mucho más responsable por los actos del pasado y toma la determinación de resolverlos en cuanto amenazan la paz familiar, caza el papel de buen hombre desde la primera escena. Ben Mendelsohn es el bala perdida con rasgos psicopáticos. Empieza Beetlejuice y acaba Joker. Aunque la lejanía a su familia hace que durante mucho tiempo pienses que es el único que va a salvarse. Porque esta serie trata sobre la condena de una familia. Y cualquiera dentro de ella sale damnificado por la culpa antes o después. De ahí que los personajes externos a la familia resulten tan entrañables. De monumento lo de Chlöe Sevigny, creando una chica de suburbio con no muy buena suerte, que es junto con Katie Finneran como esposa de Kevin, los únicos personajes que traen un poco de sincera alegría a esta serie.

No todas las familias son desgraciadas, pero si lo son, parece que es bueno que además lo parezcan.

8

2 Comments

Omar Little 14 mayo, 2015 at 18:02

Fantástico drama familiar encauzado en los raíles del noir. Sigo días después de su conclusión maravillado con muchos de sus apartados, especialmente con su guión modélico: completo, complejo y sin apenas fisuras. La estructura que presenta: marcando desde el inicio lo que va a suceder pero aún así manteniendo toda la atención y la tensión, sobre todo, en la tremenda ráfaga final compuesta por los tres últimos capítulos El elenco actoral por su parte está a otro nivel. Todos lo bordan y te arrastran hacia ese falso paraíso familiar. Me ha costado un huevo decidirme, pero creo que Kyle Chandler está incluso por encima del trabajo de Ben Bendelsohn, y eso es mucho decir. Gran título-referencia que has encontrado para referirte a esta excepcional nueva llegada. El único pero es ese cliffhanger final, forzado, y probablemente autoimpuesto para dar la posibilidad de una segunda temporada que no tiene razón de existir. Este relato estaba diseñado para una temporada, completa, vibrante y cerrada. No tiene sentido volver hacía esos pasos, más con la ausencia del elemento que desencadena todo, pero igualmente aceptaré de buen grado una nueva invitación al ardor de los Cayos del miedo.

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Paloma Méndez Pérez 17 mayo, 2015 at 13:39

Por ahora para mí la serie del año. Merecía una única temporada y me daría pena pensar que ese final tenía la intención de abrir la puerta a una segunda. Si ese momento segunda generación ha sido para enseñarnos que la familia es una cosa de la que no te desprendes ni a las malas, ni a las peores, entonces es para quitarse el sombrero porque eso es mejor que el fantasma de Hamlet.

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