Domingo de serie

Domingo de serie: Breaking Bad (Temporada 5)

posted by Omar Little 6 octubre, 2013 1 Comment
La caída de los Dioses

breaking bad 5 poster

Ha pasado una sola semana y los estragos resultan visibles en todas las capas de la sociedad: Incremento de la tasa de desempleo, consultas médicas desbordadas, subida del índice de criminalidad, largas listas de espera en manicomios, incluso la presencia cada vez más acentuada de hombres barbudos hechos un harapo gritando “Say my name, bitch” en medio de la calle.

El vacío dejado por Walter White y Breaking Bad ha sido devastador. Semejante a la pérdida de un familiar o amigo cercano. Rompiéndose ese lazo afectivo que nos unía con algo que era capaz de hacernos empezar la semana empalmados, que nos vigorizaba con sus dosis de genialidad. Sin embargo, todo esto ha desaparecido, y desoyendo las indicaciones de mi loquero, yo prefiero seguir hurgando en la inmensa herida que pasarme a Glee o alguna otra gilipollez. Además las muestras de gratitud adquiridas hacía Gilligan y su grupo salvaje son infinitas.

Si has logrado durante todo este tiempo mantenerte alejado de los secretos que esconde la trama de Breaking Bad no conviertas ahora tu vida en algo con menos valor que una subprime.

Si por algo se ha caracterizado esta serie a lo largo de su aplaudida trayectoria, es por haber mantenido todo su engranaje narrativo bien engrasado desde el principio. No ha habido espacio para fuegos de artificio forzados, ni giros imposibles, Gilligan y su cuadrilla han mimado a su criatura, manteniendo siempre una coherencia impoluta entre contenido y continente. Todo elemento de su argumento, por insignificante que pareciera, lo han mantenido a expensas de que luego revelará un significado, ya fuera en forma de guiño o de parte importante en la trama, como han señalado los más atentos y avispados a lo largo del recorrido final.

Breaking Bad se ha convertido en una experiencia televisiva  mayúscula, en parte porque ha sido un producto de ficción que ha sabido captar de forma unánime a los que se han acercado, convirtiéndolo en un producto mainstream (Volviéndolo, porque al principio la veíamos cuatro pelagatos). Una droga cocinada a fuego lento, añadiendo pequeños elementos, que han dado como resultado una receta irresistible, que ha tenido en su final de recorrido, su pico de sabor más euforizante, una formula que se ha desatado para estallar en pequeños pedacitos que se han incrustado de por vida en nuestros lóbulos cerebrales para envida de Ferran Adrià.

A diferencia de Lost, que en su final pinchó, poniendo en evidencia la debilidad narrativa del proyecto, Breaking Bad ha ido creciendo temporada a temporada, solidificándose a cada paso, hasta culminar con este final que retumba con intensidad en nuestra cabeza, y que como ya dije en la review de la semana pasada, no ha sido el más brillante imaginable, ni en su ejecución ni en su concepción, pero sí que ha cumplido con creces la parte emocional, a la altura del calado que esos personajes han fabricado a lo largo de cinco temporadas, y seis años, redondeando una serie irrepetible.

Esta segunda tanda de la quinta temporada, tal y como era lógico, ha sido el culmen de la adición. Esa en la que los elementos más preciados, las subtramas y la historia principal han colisionado sin posibilidad de marcha atrás. De hecho, recordar que la segunda parte de la quinta temporada, empezaba con el gran descubrimiento de Hank en el lavabo de los White, y como a partir de ahí, se ha desencadenado el derrumbe del proyecto de Walter White, el “crimen y castigo” obligado para una moral repudiable que había perdido el norte. A partir de este instante hemos sido testigos de cómo su mundo controlado se desmoronaba, su persecución se estrechaba, y con ella, la salida del atolladero se reducía.

Por el camino, un regazo de instantes gloriosos, de momentos imborrables, de instantáneas que nos han secado las gargantas (joder son tantos, que creo que debería escribir la secuela de “Los momentos más brutales de Breaking Bad” pero ciñéndolo a su quinta temporada). Muchos de ellos aglutinados en “Ozymandias”, un nombre para el recuerdo, un capítulo para la historia.

Y es que el salto cualitativo de esta quinta temporada ha sido abismal, no por méritos del momento, de la planificación, y la elección de los encargados de dibujarlo en imágenes, que también, sino de una historia, que a fuego lento y con mimo extraordinario, ha ido encaminada a esa recta final adrenalítica, tensa, cruel, triste y emocionante. Esa recta final que nos ha llevado en zigzag a amar y odiar a Walter White según el momento. A sentir compasión por un ser malvado y maquiavélico cuando lo hemos visto desamparado, débil, abandonado en el frío polar ártico de New Hampshire. Porque una de las grandezas de la serie, no solo ha sido crear un icónico antihéroe, de esos tan atractivos para la ficción televisiva contemporánea, sino por moldear un personaje, aunque fuera con dos personalidades, al que odiar y querer a partes iguales. Un mérito insólito.

Se hablará largo y tendido, de hecho, es para montar terapias de grupo a la americana, con Huell repartiendo abrazos, pero lo que no tiene posible discusión es que la quinta temporada fue la reostia, la culminación de una línea ascendente por la que pocos apostamos al principio (tenía que soltarla), y que con los ocho primeros capítulos ya nos agarraron por las pelotas, pero que con los ochos últimos nos las han pulverizado, y contentos que nos hemos quedado de ser seres estériles de por vida.

marco 9,5

 

PD: todo esto queda en pura paja cuando ves esto. Buen viaje WW. Hasta siempre BB


1 Comment

heiselman 7 octubre, 2013 at 00:22

Podía haber escrito lo mismo sin ser tan vulgar en algunos pasajes. Otra prueba de que el nivel de este periódico ha caído. En otras épocas no hubiera pasado por las reglas del Libro de Estilo que algunos aún conservamos.

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