Domingo de serie

Domingo de serie: Cuatro estaciones en la Habana

posted by Omar Little 12 febrero, 2017 0 comments
Noir cubano

Cuatro estaciones en la Habana

Lastimados por el avasallamiento del nordic noir y sus derivados de supermercado, y el siempre presente homólogo yanqui, complace dejarse aventar por nuevos aires de procedencias lejanas, que pese a tirar de molde, aportan ese plus de exotismo, tan alimenticio para esnobs, sí, pero también para los agotados del negro blanqueado de los países nórdicos.

4 estaciones en la Habana es una miniserie emitida aquí por Movistar + que resigue los pasos del detective Mario Conde (sí, habéis leído bien), algo así como el Pepe Carvalho de la isla del Caribe. Creado por el escritor Leonardo Padura, la serie adapta las cuatro primera novelas protagonizadas por Conde, a razón de dos capítulos por libro. Pero no hay que entenderlas como cuatro películas estructuradas por episodios, ya que la continuidad tiene su peso. Si bien es verdad que cada relato plantea el mismo esquema prototípico del género negro: asesinato, resolución marcada para no dejar nada sin atar entre los vagos, pibón (sin usar la figura de la femme fatale) que se cruza por la vista de un detective looser, mujeriego, borracho, especialmente cuando le da por reunirse con sus compañeros de colegio – ahí sobresalen las notas de humor más preciadas de toda la serie.

Aunque como apuntaba arriba el verdadero interés está en el escenario: una Habana decadente que sirve para dar adorno lustre a unos relatos negros muy esquemáticos y poco sorprendentes. Acostumbrados a la parafernalia de los forenses rock star de CSI y todo el complejo sistema ultra técnico que usan para analizar las pistas y pruebas congratula toparse aquí con la metodología policial del racionamiento: técnicas y métodos austeros,  incluso arcaicos, donde prevalece ese presentimiento del que Conde hace bandera, cuando no está pensando en mujeres o dándole lingotazos al ron mientras sus pensamientos se escurren en su “nostalgia de mierda”.

No solo la cinematográfica Habana y sus zonas oscuras engrandecen el decorado, también los personajes a uno y otro lado de la ley y la decencia tienen su grado de interés. Así como su posiciones opuestas y encontradas con el régimen  y la situación de precariedad en la que viven. En ese sentido, el Conde a la que da aliento Jorge Perrugoría, es la mejor perla. Un desencantado policía, crítico con lo que le rodea pero leal a los suyos. En resumidas cuentas, la frialdad del norte se sustituye aquí por camisas sudorosas y feromonas en el ambiente.

Sin embargo, esas formas caribeñas pasionales van perdiendo su poder de seducción a medida que la serie avanza y unos se familiariza con una estructura formularia y esquemática que dibuja con demasiada evidencia un mapa esquemático entre culpables, sospechosos, falsas pistas y resolución. El ceñimiento excesivo en el molde noir resta originalidad y sorpresa a una propuesta muy bien encarada en el plano formal y contextual. Una lástima que la seducción general de una propuesta inusual, un rara avis dentro del género y fuera de éste, no logre apuntalarse con historias más sólidas. Aún así, se gana el derecho de dar un rulo entretenido, a ratos incluso más gracias a una factura envidiable, por terrenos poco transitados en la ficción que se consume en Occidente. 


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