Domingo de serie

Domingo de serie: El embarcadero (temporada 1)

posted by Paloma Méndez Pérez 10 marzo, 2019 0 comments
Cosas sin acabar

El embarcadero

El embarcadero es una suerte de historia que se ha vendido como continuación de las aventuras de La casa de papel en este caso en Movistar aunque bajo la creación de Álex Pina y Esther Martínez Lobato. Es mucho mejor en su elaboración de las relaciones humanas, pero definitivamente decepciona si la aproximación se basa en las aventuras de los ladrones molones de la Fábrica de moneda y timbre.

Yo no necesito más tramas de robos complejas, ni más mentes criminales extraordinarias, estoy mucho más interesada en ver cómo se aceptan o se intentan digerir sucesos como el suicidio de un ser querido o el mantener una doble vida.

La trama se ha descompuesto en dos formas paralelas que transcurren contemporáneas y que se completan solo con el vacío de la otra. Hay dos sucesos extraordinarios en El Embarcadero. El primero es que hay un señor, Óscar (Álvaro Monte) que ha mantenido una doble vida por años. El segundo es que esta misma persona comete suicidio de una forma totalmente inesperada y que deja muchas dudas sobre la posibilidad de un acto criminal.

Sobre el mantenimiento de la doble vida solo una de sus parejas es conocedora del status de compartir y el caso es exactamente el contrario tras su muerte. Solo una de las parejas, la que era su esposa sabe de las dudas sobre el suicidio y se aventura a conocer a la amante y madre de la hija del fallecido.

La serie no se mide en patrones de esposa o amante, pero si pone distancia ante las distintas formas de ver la vida de ambas mujeres. Una, para la que un suicidio es una decisión de alguien que simplemente se cansó o que acepta que el sexo es otra necesidad más que cubrirse al día. Ella con sus decisiones y su actitud hizo posible la vida de Óscar pero ha sido su esposa quien ha tomado las riendas después de la muerte.

Quienes esperen una doble vida de pretensión por convencionalismo, se van a llevar una sorpresa. Alejandra, la esposa interpretada por Verónica Sánchez, con su carrera y sus edificios y sus proyectos en Asía, es tan actual como podría serlo Verónica, su amante interpretada por Irene Arcos. Simplemente su actitud es la de no aceptar, no entender que a veces la gente simplemente se cansa. Se cansan de qué, te diría y la acompañarían su madre y su colega.

La suegra del fallecido merece un punto aparte. Está interpretada por Cecilia Roth y tiene un alma de madre que te podría dar una paliza que da miedo. Empeñada en drogar a su hija para que pase el trago y en poner coto a las investigaciones de la infidelidad acaba acompañando a Alejandra en su aventura con esa actitud de mirar a la gente declarando que tienen dos ostias antes de abrir la boca.

Si el paralelismo es evidente al comienzo, según avanza la serie, la esposa gana importancia. La trama principal pasa a ser la del suicidio y eso implica una protagonista que va tomando cada vez más terreno en el territorio de la vida de Óscar con Verónica. Lo que nos lleva a la gran protagonista de la serie La albufera. Igual que Fariña no se hubiera hecho sin las Rías Baixas, o La Peste no se hubiera realizado sin Sevilla, en El embarcadero, La albufera, sus gentes, sus tradiciones y su localización a minutos de la complejidad de urbanismos, tramas, políticos y planes que tiene Valencia, es un hecho singular.

La trama no es todo lo estable que se espera de un producto tan corto, se ventilan un suicidio y una doble vida con hija incluida en 8 capítulos y con unos esquemas en principio tan claros; pero las interpretaciones, la música y la fotografía, hacen que el truco se mantenga.

7


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