Domingo de serie

Domingo de serie: El pequeño Quinquin (Arte Francia)

posted by Omar Little 14 junio, 2015 0 comments
El pueblo de los disparates

El pequeno Quinquin

El pasado viernes se estrenó en salas españolas El pequeño Quinquin, la mini serie de Bruno Dumont que cautivó a la crítica tras su paso por la quincena de realizadores de Cannes y la sección Zabaltegi de San Sebastián, y que por primera vez, convenció a los críticos de la prestigiosa revista Cahiers du cinema para que alzarán una mini serie hasta lo más alto de las mejores películas del año. Good Films y La aventura se han encargado de estrenar la versión integra para poner en evidencia que la aventura de Dumont funciona igual de correctamente por episodios que presentada en su totalidad, descubriendo su dispositivo a medio camino entre el formato película y serie. Enmarcándose de este modo en la mejor tradición de la mini-serie de recorrido corto, ahí dónde Carlos y Mildred Pierce pusieron la pezuña con toda su fuerza.

Si no has visitado la Bretaña francesa de la mano de unos personajes estrafalarios no deberías cruzar la cinta policial, o si, porque te van a entrar ganas de visitarla. 

200 minutos son los que utiliza el autor canadiense para armar este cuento detectivesco ubicado en un escenario de lo más peculiar e insólito. Mediante una premisa sencilla pero efectiva, una serie de asesinatos que convulsionan la apacible normalidad de un pueblo costero de la Bretaña francesa, Dumont hilvana un relato condimentado por situaciones delirantes, un cierto costumbrismo específico a la región donde acontece, y los personajes estrafalarios que la habitan.

Ante esa mezcla la primera referencia que pica la cocotea es Twin Peaks, pero puede que mayor influencia, ejerza Las vacaciones del Sr. Hulot, o la mezcla entre el humor surrealista y el slapstick que formaba parte del ADN humorístico de Jacques Tati. Porque El pequeño Quinquin es eminentemente una comedia surrealista y absurda con un trasfondo noir, que al fin y al cabo, no es más que el simple pretexto – su resolución o conclusión no es su foco principal-, para abordar ese fascinante y divertido tour por una región poblada de escenas rocambolescas, personajes estrafalarios y disparates varios. De aquí que su acercamiento con el maestro francés, resulte más aproximado que a la obra de Lynch, con la que comparte el asesinato como puerta de entrada a un mundo interior  y especial que merece ser desvelado y explorado por el espectador, así como las gotas de humor que Lynch y Frost insertaron en varias de sus fases.

Más allá de las situaciones hilarantes- esos cuerpos en los interiores de una vaca, los trompos del coche de la gendarmerie, el abuelo sirviendo la mesa (sic), etc.- su visionado permanece tras su conclusión gracias a cierta iconografía usada, pero especialmente al gran poso que dejan unos personajes igual de entrañables que inimitables. Carismáticos y lo siguiente, iconográficos si la serie hubiera salido de su reducto de serie autoral y de culto, son la pareja de policías, así como el pequeño chaval que sigue sus pasos, o ellos siguen el suyo. Ambos interpretado por acores no profesionales, un nuevo hurra a sumarle a esta deliciosa gema catódica…o cinematográfica, lo que prefieran.

marco 75


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