Domingo de serie

Domingo de serie: Fleabag (temporada 1)

posted by Omar Little 20 octubre, 2019 0 comments
Una mirada femenina de referencia

Hay series a los que a uno le cuesta llegar por mucho que todos los parabienes le abran un pasillo hacia estas. Ha sido el caso de Fleabag para el que abajo firma. La producción de Amazon se convirtió en el cohete propulsor de Phoebe Waller-Bridge, guionista de moda y una de las mentes creativas más solicitadas del momento. Mi tentempié con su universo firmante fue en la algo menos desequilibrante Killing Eve, pero el terremoto Waller-Bridge empezó con Crashing, y, de forma más acusada, con este Fleabag que ya alcanza la tercera temporada.

El fenómeno de la actriz, guionista y showrunner británica ha aterrizado en el momento oportuno en el mundo post-#Metoo. Con la industria del ocio y entretenimiento en busca no solo de talento femenino, sino de nuevas miradas con ovarios. Y han encontrado una de alto valor en la piel blanquecina de esta londinense de tan solo 34 años. ¿Pero que es lo que la hace tan singular?

Pues es difícil de resumir, al menos, durante los primeros episodios de Fleabag, su boya más apreciada y reconocible. Esta comedia dramática de seis capítulos de corto minutaje que pone el foco en las vicisitudes emocionales de una joven precaria en el Londres contemporáneo encajaría en el molde de otras comedias de pelaje amargo vistas recientemente, sea Girls, The Bisexual o Catastrophe. Con ambas, y con sus creadoras, comparte una mirada desinhibida a la feminidad y a su sexualidad, así como cierta reformulación, en clave femenina, del arquetipo del looser, el perdedor, el fracasado de cuyos tropiezos regulares emerge la carcajada. También en su forma de trasladar ese humor a la pantalla se hallan referentes reconocibles, la sombra de Woody Allen se multiplica cada vez que rompe la cuarta pared para verbalizar sus pensamientos y sus anticipaciones de lo que sucederá a continuación ( pronósticos a veces acertados, a veces erróneos, algo que le da un plus de humor a la retransmisión narrativa). Un marca meta que sin resultar novedosa, aporta una frescura considerable a un molde visto y transitado: el de chica perdedora atrapada en un remolino de relaciones con pronóstico reservado, encuentros sexuales vanos y vacíos, familia descosida y esa clase de precariedad tan adherida a la juventud global.

No obstante, el verdadero valor bruto de su talento, ese destello talentoso que la diferencia del resto emerge prácticamente en el último capítulo, con una tremenda transición hacia el drama más desolador, sin resquicio cómico al que acogerse. Es cuando la pluma de la inglesa ata esos flashbacks, hasta ese instante,algo desconnexos y de poca relevancia,  – los que incuben su relación con la amiga con la que abrió su cafetería – con una revelación demoledora, la de una incontinencia sexual que, indirectamente, precipitará el trágico desenlace de su amiga. Y lo hace mediante una cadena de situaciones embarazosas, incomodas, que rozan la violencia sentimental. Una transición modélica del tono desenfrenado y divertido hacia un amargor descorazonador, el que aflige (el espectador apenas había tenido pistas en los anteriores cinco capítulos) a esta joven de risa impostada con la que esconde su dolor más profundo.

Fleabag se convierte así en un dramedy de hondo poso, capaz de transmutar de la risa al escozor en un par de secuencias desangelantes. Queda así constatado el talento innato de esta joven. A por nuevas raciones de Fleabag a la salida de esta entrada.

7

 


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