Domingo de serie

Domingo de serie: Gomorra (Temporada 1)

posted by Omar Little 9 noviembre, 2014 0 comments
Shakespeare a la camorra

Gomorra serie poster

Ni trajes Armani, ni operas en la Scala, ni habanos, ni mansiones, ni coches de gamma alta, ni costosos vicios. Olvidados de todo el imaginario que Hollywood ha construido alrededor de la mafia. Esto es Nápoles, esto en la Camorra. Aquí abundan las casas de protección oficial destartaladas, barrios salpicados por drogas, suciedad y pobreza que provocarían una erección a Fernando León de Aranoa, chándales Umbro, motos de 60cc, peinados cholos (que no del Cholo, pero que también) cazadoras fluorescentes capaces de provocar glaucomas, palacetes lujo-kitsch en el que John Waters y Pedro Almodóvar soñarían tener su primera cita. Ni rastro de sofisticación, ni rastro de glamour. Esto es una parte de Italia en pleno 2014. Y esta es la puta serie definitiva sobre la Camorra, y la cosa más valiosa a la que Roberto Saviano se puede abrazar cada vez que piense en lo desdichada que se ha vuelto su vida desde que tiene que llevar escolta las 24 horas del día.

Si no te has adentrado en territorio comanche de Nápoles, donde impera la ley del crimen, por tu propia seguridad no te saltes este párrafo. Y de paso hazte un favor y tragarte del tirón esta serie italiana.

Un par de apuntes para los despistados ante de entrar a degollar a la bestia. Gomorra es una serie de Sky Atlantic de 12 episodios que fue emitida el 6 de mayo en Sky Italia y que desde entonces no ha hecho más que avanzar, a modo viral, por networks de toda Europa, incluido el nuestro a través de La Sexta. La serie se basa en la novela Gomorra de Roberto Saviano para elaborar un fidedigno dibujo de la temible organización criminal que opera en la ciudad italiana, Está dirigida por Stefano Sollima, quien ya construyó otro alabado relato en torno a la mafia con Romanzo Criminale. Y sin necesidad de llegar al último párrafo, lo suelto ya para los perezosos de lectura, estamos ante una de las mejores producciones del año, y la mejor serie europea de los últimos veinte años (me encanta la impunidad que comparto con los políticos a la hora de soltar sentencias a la ligera).

Hay muchísimas cosas que destacar y por las que arrodillarse ante esta obra italiana. Así que intentaré ir por partes para no descontrolar mi discurso.

Gomorra se edifica sobre el clan Savastano, y a partir de ahí elabora un estudio con despuntes realistas sin precedentes de cómo funciona esta importante organización criminal, desde las entrañas hasta sus conexiones internacionales. Pero en realidad su trama está más ligada a la lucha de poder interno para comandar el clan cuando el gran capo, Pietro Savastano, es pillado por la policía y enviado a prisión por un largo periodo.

En su disección de cirujano con alta cualificación que elabora de esta parte de Italia donde la lacra de la violencia y el crimen resulta una mancha imborrable bulle el nombre de David Simon y su The Wire. Como siempre que se compara alguna serie con la obra magna de Simon se corre el riesgo de caer en el más absoluto de los ridículos, o como mínimo, de sucumbir en el agravio comparativo, pero en el caso de hoy, nada de esto ocurre. Porque la serie de Sky Channel, en su remarcable ambición y amplitud de miras, abarca todas las facetas, estamentos y dimensiones en las que desarrolla su imperio la camorra. Desde su funcionamiento interno en las barriadas más marginales, sus modus operandi de los miembros encarcelados, los negocios con las otras organizaciones en época de paz y los recados de sangre en época de no paz, las sucursales internacionales (con un capítulo dedicado a la ciudad de Barcelona, donde la organización tiene importante vínculos), e incluso, sus conexiones con la esfera política y económica. De este modo, la serie abarca la fotografía completa, no hay ni un rinconcito que se escape o se olvide, dejando la impresione al espectador, tras el visionado de la serie, de que es todo un especialista en la materia, de que realmente ha convivido con ellos.

Y se llega mediante un estilo realista, que no rehúye ni una bala, ni un momento despiadado ni una brutalidad acometida por esa chusma que controla las calles con miedo y extorsión. Pero también por una fotografía feista, grisácea, de tonos apagados, por un trabajo de localización que te vuelca directamente en los puntos calientes de la geografía camorrista. Así como un laborioso trabajo de casting. A todo ello hay que sumar infinidad de detalles que emana de un guión que los sonsaca de la lectura imprescindible de la obra que le ha costado al periodista Saviano su libertad.

Pero todo ello quedaría en nada, a lo sumo en un interesante documental, si no estuviera alimentado por una trepidante trama. Una historia y unos personajes que se agarran con virulencia a tu mando para que no tengas ojos para nada más. En ese sentido la serie no aporta nada nuevo, porque al fin y al cabo adapta a esa realidad concreta de la Italia sumida en la ley mafiosa, el estudio del ser humano  que un inglés superdotado hizo hace unos 500 años. Por supuesto hablo de El Bardo y su capital obra que tanto ha fluido desde entonces. El retrato de Gomorra escarba en las mismas cloacas de la condición humana, para discernir como la ambición ciega nuestra razón y puede convertir a los humanos en seres aún más despreciables. Ambición, traición, poder, engaño, vendetta y muerte son los ingredientes diarios de este submundo criminal tal y como lo refleja la serie con deslumbrante precisión, algo que ya subrayó cinco siglos atrás Shakespeare con Hamlet, Macbeth, El rey Lear, y tantas otras obras suyas.

Pero lo que sí  hay que dar todo el mérito a los guionistas de la serie es el haber logrado un carrusel de personajes inolvidables, tan carismáticos como multidimensionales, como hasta aterradores. Es tal la aprobación sobre los personajes, y los actores que los dotan de vida, que cuesta quedarse con uno solo. Desde el temible capo Savastano, el calculador, devorador y orgulloso Ciro, la arpía Inma Savastano que por momentos parece hacerle sombra a Gemma Teller Morrow. Y uno de los grandes méritos es haber poblado el metraje de asesinos indeseables, y aún así, encontrar su punto de conexión con el espectador. Primero mediante la figura de Ciro, un anti-héroe por el que se siente debilidad, pero tras varios giros de guión modélicos, la simpatía se traslada a Jennaro, el hijo pardillo, charnego e inmaduro de Savastano, que tras un vuelco de los acontecimientos se transforma en una pieza clave de carácter fuerte, reforzado a través de una herida, pero a la vez sin perder un destello de humanidad. Al menos de todos ellos, parece el único en tener cierta compasión. Como digo un gran mérito afiliarse a la historia con todos esos anti-héroes pululando por ella, pero es que el perfil de los personajes es tan preciso, real y modélico que resulta inevitable.

Por último nos arrodillamos hasta besar la punta de la bota de los guionistas con motivo de un guión digno de estudio en escuelas de cine y televisión. No solo por ahondar todo lo que propicia lo comentado arriba, sino por disponer de un engranaje narrativo ajustado al ritmo con precisión suiza, por dotarlo de varios giros de guión que estrujan las cabezas, y por abarcar todo ese complejo y ambiciosa radiografía sin perjudicar para nada el ritmo, ende la atención del espectador. De hecho la serie ofrece instantes de puro fuego inspirador. La vuelta de Jennaro, el capítulo en Barcelona, las rencillas intraclan o ese imborrable final son solo una pequeña muestra.

Gomorra no solo le toma la ventaja a la película homónima de Matteo Garrone, que también se inspiraba en la misma novela de Saviano, ganándole en profundidad, estilo, aptitud, poso y realismo, sino que se posiciona como uno de los productos de ficción más encomiables levantados en televisión desde la creación de la Unión Europea. Una producción brillante, altamente electrizante  y voladora de sesos que empequeñece el resto de la ficción europea de la cosecha de este año, y que se permite luchar con las grandes series del imperio norteamericano sin sentimiento de inferioridad. Ha nacido un paradigma de los que puede y debería ser la ficción europea de calidad si directivos y productores los tuvieran más bien puestos.

8,5


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