Domingo de serie

Domingo de serie: Homecoming (temporada 1)

posted by Omar Little 25 noviembre, 2018 0 comments
Thriller memorístico

Homecoming

Homecoming es ya sin atisbo de duda una de las llegadas relevantes de la temporada televisiva y uno de los visionados más gratificantes de estos meses en curso (¿he dejado claro ya con esta primera frase su inclusión en las listas que se avecinan?). Tales méritos corresponden primero (por orden de importancia en los royalties) a Micah Bloomberg y Eli Horowitz, como responsables del podcast homónimo en que se basa la serie, Sam Esmail como el mago visual que le da forma, y Julia Roberts, Bobby Cannavale, Stephen James (ojo a esta estrella en ciernes), Sissy Spacek y Shea Whigham, otro secundario cuyo nombre nadie es capaz de memorizar pese a lo actorazo que es, insuflando verosimilitud a la historia.

Un elenco artístico de aúpa que no hace más que confirmar lo previsible, lo que ya anticipó uno de los trailers más rotundos de la temporada (sí, incluyendo cine), que Homecoming iba a ser bocato di cardinale. Y lo es desde los instantes iniciales, cuando el misterio alojado en las interioridades de Homecoming contagia ipso facto a quien observa. Ese aire inquietante y desconcertante que rodea el relato que cubre dos líneas temporales. Por un lado, el presenta, al que Sam Esmail fija con el formato cuadrado (una licencia que escapa de lo puramente estético para abrazar, además de esa señalización de la línea temporal, el recurso dramático ligado a la situación anímica del personaje central), y por el otro, el pasado, esa área que desde el presente resulta difusa para Heidi Bergman (Julia Roberts) y de la que el espectador va conociendo nuevos detalles a medida que avanza la temporada. En el presente, la línea principal la marca la investigación de un anodino trabajador del Departamento de Estado que encuentra en el caso de Walter Cruz en Homecoming y su investigación una válvula de escape de su gris vida de oficinista.  Mientras que el pasado, entremezclado constantemente con el presente, se dedica a la exploración del qué ocurrió, explorando la estrecha relación entre una psicóloga (Bergman) y Walter Cruz, un ex militar que intenta reincorporase a la vida civil formando parte como cliente de este programa de ayuda a ex combatientes con traumas.

Aunque el trasunto de toda la primera temporada no deja de ser ese latir conspiranoico tan propio de la sociedad norteamericana, el mismo que Esmail indujo en los raíles del thriller cibernético en la genial Mr. Robot. Aquí los contornos pertenecen al drama psicológico, la amnesia jodida de alguno de sus personajes, y esa sensación de algo turbio en las entrañas que no acaba por manifestarse. Y el resultado es admirable en casi todas sus cómodas y cortas cápsulas de 30 minutos o menos. En buena medida debido al excelso trabajo de Sam Esmail en la creación de una atmósfera perdurable. Imbuido por el thriller político y conspiranoide de los setenta (Desde La conversación a Todos los hombres del presidente), el de Mr. Robot arma un envoltorio fascinante, plagado de decisiones estilísticas de reposo almohada, mensajes sutiles, y ese lenguaje audiovisual rabioso que se gasta mediante encuadres asimétricos, planos secuencias inimaginables, y esa ruptura formal que anticipa con los dos formatos de cuadro o con esos títulos de crédito en plano estático pero en los que sigue fluyendo la acción (por mínima que sea), dejando así al espectador atenazado a la atmósfera y las revelaciones de los sucedido en los minutos previos del capítulo. Su apartado formal y estético es toda una lección de virtuosismo, uno que escapa del vacío puramente estético para enderezar las emociones y las sensaciones de los personajes principales. En ese sentido,  Homecoming resalta, y mucho, entre la media de la temporada.

Y también en su arco dramático y el diseño narrativo que busca en lo sutil su marca de agua. De hecho, todo ese misterio inquietante que rodea la temporada no se fragua desde el golpe de efecto ni con conspiraciones llevadas al extremo picaril, sino desde una perspectiva verosímil, equilibrada y ambigua, En el sentido de que las respuestas, aunque lleguen en cocción lenta, sellan las preguntas. Incluso con  interferencias testimoniales de Twilight Zone, El show de Truman o Lost (en ese mayúsculo capítulo 3), la serie se engrandece por reducir el impacto dramático sonado, y por buscar el misterio con cierta ambigüedad (creando confusión también en quien observa) pero siempre siendo capaces de dar respuesta con garantías. Que aquí no hay osos polares, vaya, ni falta que hacen.

Estamos así ante uno de las ficciones más estimulantes de la temporada, en una ración sobrada y superdotada en clave de thriller militar y psicológico contemporáneo bajo vestimentas, ritmos y ademanes de la época dorada del cine conspirativo. Esmail y compañía han armado una robusta ficción con la que Amazon, a las puertas de perder su principal activo (Transparent), podrá seguir vendiendo su Amazon Prime.

marco 75


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.