Domingo de serie

Domingo de serie: Homecoming (Temporada 2)

posted by Omar Little 24 mayo, 2020 0 comments
Borrado y cuenta continuista

La irrupción de Homecoming en 2018 supuso la llegada a Amazon de un producto notable tallado con materiales reciclados de ese cine setentero conspiranoico nacido en la coyuntura de desconfianza y hedor putrefacto que emanaba de las cloacas gubernamentales de la administración Nixon. Ese tipo de cine que tanto parece haber calado en la figura de Sam Esmail, quien lo ha reflotado en sus incursiones televisivas. Tras invitarnos a ese universo de pasajes ocultos y turbios en la primera temporada, donde dio rienda a esa factura cinematográfica y a una atmósfera magnética y desconcertante, llega ahora una segunda con cambios importantes en el tablero pero bajo la misma tonalidad y con el suspense como troncal pauta de juego.

Micah Bloomberg y Eli Horowitz vuelven a ejercer de cabecillas en este thriller conspiranoico alrededor de programas gubernamentales secretos y corporaciones al servicio del entramado oscuro del gigante norteamericano. Sam Esmail se desmarca del área de control y cede (parte del control) a Alvarez Kyle Patrick, quien dirige la totalidad de la serie. También saltan a la vista cambios en el elenco actoral con un mero repaso a los títulos de crédito. El principal es la salida de Julia Roberts (quien mantiene su rol como productora ejecutiva), sustituida por Janelle Monáe. A su alrededor repite Stephan James como Walter Cruz, personaje clave en la primera; Hong Chou quien sube en presencia y rango laboral; y nuevos rostros como los de Chris Cooper o la recuperada Joan Cusack.

Su tapete argumental se despliega a partir del plano de apertura, con el personaje interpretado por la músico pansexual despertando en una balsa a la deriva en un lago. Aturdida, y sin la menor idea del porqué ni el cómo de su situación, su personaje alcanza a ver en la orilla una sombra humana que se pierde en la inmensidad de bosque en el momento que alerta su mirada. A partir de ese instante generador de preguntas y misterio, la trama se desarrolla para arrojar luz a los acontecimientos que conducen hacia esa situación de amnesia absoluta, hasta el extremo de no tener ni las más puñetera idea de quien es. Una premisa encuadrada en el cine de suspense hitchcockniano que, a medida que avanza por sus sietes capítulos (se hacen escasos), se irán descubriendo sus conexiones con personajes y tramas de la primera entrega, muchos de estos condensados en la figura de Walter Cruz.

Así, el capital narrativo de esta temporada se concentra en reconstruir los pasos (a modo de flashback) de este nuevo personaje hacia el camino que la lleva a la situación de arranque descrita arriba. Una vez completado ese primer puzzle, se abre otra vía hacia adelante para descubrir los mecanismos y vínculos que ligan esa trama de identidad y pérdida de memoria con los acontecimientos de la primera temporada, y con todas las prácticas turbias que se llevan a cabo bajo el techo de Geist, la empresa cuya filial controlaba el programa Homecoming, y que, en otra de sus divisiones, se dedica a producir toneladas de una droga (también bebida) de alto interés para el Pentágono.

La serie mantiene su aspiración cinematográfica, una estética cuidada y detallada, una fotografía impecable, su ritmo parsimonioso, la apuesta por el suspense y los ambientes desasosegantes, sin embargo, trasluce una ejecución menos distinguida, más acomodada al molde de la primera, sin el estallido ni el atrevimiento estético de esta. También en lo narrativo se percibe un pilotaje más en autonómico, no es que la historia presenten peros, pero sí que parece algo más perezosa en su desarrollo; en el enlace de subtramas y en las conexiones entre personajes nuevos y antiguos. También influye que las pistas de su resolución sean más claras, debido, probablemente, a una trama menos laberíntica (sin que la primera llegara a lo inextricable). Y, depuesto el factor sorpresa, no hay ningún intento par revitalizar el producto, como hiciera con riesgo y acierto (a partes iguales) la reivindicable The Girlfriend Experience.

En definitiva, es un trayecto que se disfruta, con una carcasa muy noble, demasiado ajustada a los moldes de la primera y  desprovista del factor sorpresa. A un servidor, como buen fan del thriller político setentero hollywoodiense, le sigue seduciendo el universo de la ficción de Amazon, pero sin la misma intensidad ni con el mismo disfrute sin reservas de la primera invitación.


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