Domingo de serie

Domingo de serie: Juego de tronos (Temporada 3)

posted by Omar Little 16 junio, 2013 0 comments
Nadie está a salvo de George

juego de tronos temporada 3

Bravo. Chapeau. Magnífico. Seguiría con una larga lista de superlativos hasta completar un párrafo si no fuera por esas mañanas de secundaria en el bar… Por fin lo han logrado, Juego de tronos ha llegado a la excelencia que se le exigía, las dosis justas de violencia, a costa de menos destape y forniqueo (¿acaso el mundo es perfecto?),  potenciando las intrigas palaciegas, y la estrategia militar digna de las pesquisas de Julian Assagne. Simplificando… rapapolvo en toda la cara a Tolkien y lo que representa El Señor de los anillos, demostrando  cómo sacar brillo a una historia épico-fantástica de tono adulto dirigida a grandes audiencias.

Si aún no has experimentado estas reacciones, debes dejar de leer esto de forma inmediata o nunca más volverás a ser el de antes.

George R.R. Martin tiene los cojones del tamaño de un toro. No satisfecho con la que lió en la primera toma de su novela, en esta tercera temporada, va y agrava la herida hasta cota insospechables. Un tío que es capaz de cargarse de un plumazo al heredero de los Stark, a la matriarca del clan, a la nieta de Chaplin, e incluso a otro Eddie Stark, merece el cielo…. aunque sin prisas eh, no vayamos a joderla.

Todo esta escabechina congregada en un capítulo enorme, el de las bodas de sangre. No solo por esta ratonera en la que se aniquila al clan Stark de la forma más cobarde, deshonrosa (a Robb no le dejan ni degollar el cuello de un pollo), y triste, sino por toda la acción y jaleo que se arma antes, con la batalla entre Jon Snow y los salvajes, o el asedio de toda una ciudad amurallada por parte de los tres macho-killer fieles a Khaalesi. Por eso, y porque el número 9, históricamente, ha demostrado siempre ser mayúsculo, debemos verlo como el mejor capítulo de la temporada, y uno de los mejores del año.

Quizás por eso, la última dosis suministrada el pasado domingo, clarificadora y necesaria, y de naturaleza intermedia (ya que finaliza la temporada pero no el volumen que se adapta) dejó una sensación no del todo satisfactoria. Algo que ni por asomo se puede decir de una temporada brillante, arraigada  al savoir épico, al consistente y atractivo avance de todas las historias en paralelo, a los diálogos dilatados de unos guionistas en estado de gracia, y a la consolidación de unos personajes carismáticos, a los que cuidadín con coger apego porque recordad… nadie está a salvo de George.

Aparcando el capítulo 9 en nuestras cavidades lagrimales, ha habido otros capítulos antológicos, llenos de sangre, batallas, manos amputadas, e impresionantes ejércitos que crecían y crecían en un alarde cada vez más sofisticado de la producción y los medios volcados en la serie de la HBO. Parece que todos los flancos han entrado en un estado óptimo de cocción, presentando así atributos obligados para agravar la adicción del telespectador. Quizás la única trama a la que no termino de encontrarle su qué, es la de Stannis Baratheon.

El resto de los personajes están cogiendo el punto dorado. Es el caso del siempre pletórico Tyrion Lannister, con su pequeño corazoncito puesto a prueba por su malvado padre, y por la encrucijada amorosa al que lo somete. Por no hablar de la tremenda Arya Stark, acogida por unos nuevos personajes interesantes, y que se encamina a su particular camino de amor y odio con piel de perro quemada. O incluso Jamie Lannister, quien en su travesía por volver a El desembarco del rey sin todas sus facultades, nos ha mostrado su lado humano, y hasta seguro que alguno incluso ha sentido lástima por él (¡¡cabritos!!), gracias a la relación de proteccionismo mutuo que establece con Fernando Torres. Incluso Jon Snow se ha espabilado un poquito, y parece que será uno de los personajes a los que depositar esperanza de vendetta antes de que se lo cargue RR en una comunión.

En definitiva, esta temporada de Juego de tronos ha incidido con insistencia y pericia  en las grandes tramas shakesperianas: traiciones, amores, odios, y luchas de toda clase por el poder, dejando también un generoso espacio a las artimañas maquiavélicas que desenfundan con genialidad los Lannister, especialmente el trío calavera compuesto por Twyn, Cersei y Joffrey, a cual más mezquino y odioso.

Una temporada espectacular, palpitante, y aguerrida, que se ha mantenido constante y bulliciosa desde los primeros compases hasta los últimos. A la altura de lo que debe exigírsele a una serie de tantos quilates.

8


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