Domingo de serie

Domingo de serie: Juego de tronos (Temporada 6)

posted by Omar Little 3 julio, 2016 0 comments

Juego de tronos temp6
Por primera vez en la historia, bajo una sensación inevitable de osada anomalía, intentaremos dirimir la calidad de la última temporada de Juego de tronos sin utilizar las variables tetas + protas guillotinados…bueno, al menos, lo vamos a intentar.

Si aún no has sido arrojado al vacío por los vientos de invierno deja de leer estas líneas y ponte ya en la difícil misión de ser un ente antisocial.

En Juego de tronos sí hubo sorpasso. De hecho…. ¿cuándo no lo ha habido?. Su intrahistoria de temporada es siempre la misma. Un arranque algo indiferente, alguna capítulo que te lleva al tedio, suficientes minas de potencial spoiler para no separarte de la cita religiosa semanal, suficientes golpes calóricos que le permitan seguir ocupando el trono de popularidad, y ahí, cuando las fuerzas del espectador flaquean, y su superioridad catódica se ve cuestionada contraatacar con el 9. Ay el número 9, los juegos pirotécnicos del capítulo 9, la fuerza épica que arrasa cualquier principio, duda o fe puesta en cuarentena. A este le sigue un capítulo 10 que afloja el ritmo, que predispone el nuevo escenario, recoge los daños colaterales dejados por el choque del capítulo anterior, pero que en la temporada que nos ocupa, ha resultado ser mayúsculo, casi (casi) a la altura del 9.

Una estructura que se ha repetido en esta temporada, pero si cabe de forma más definida, más reforzada, más visible, y al final más apremiante. Juego de Tronos ha vuelto a demoler cualquier signo de fatiga con su incuestionable traca final. Pero alejados del estruendo y el fragor del impacto nuclear de esos dos capítulos, hay que sacar la faceta quisquillosa y denunciar los inconvenientes de esta temporada.

Se ha repetido hasta la saciedad por redes sociales, grupos de whatsapp sin límite de mensajes, conversaciones etílicas acaloradas, y demás puntos de encuentro de la comunidad GoT que la sexta temporada sufría un proceso de Disneyficación. Ese argumento se respaldaba, básicamente, en el hecho que la ficción televisiva había adelantado la lentitud exasperante de la pluma/sable del impecable George R. R. Martin, y pese a que este siga teniendo una voz muy autorizada, los directivos y la dupla David Benioff y D. W. Weiss, habrían optado por dulcificar la serie. Tal argumento lo intentaban apuntalar con las pocas muertes sonadas que ha dejado la temporada. Si bien es cierto que no tener a Martin como guia supervisor es de lo más peligroso, el que escribe no está del todo de acuerdo con ese argumento a la contra, y sobre lo de las muertes sonadas, con los caches adquiridos por los seis/siete grandes personajes que quedan en los siete reinos, y el merchandising que generan, ya no se van a deshacer a la ligera de ellos hasta las últimas cometidas… ya no hay tiempo material para introducir nuevos personajes que levanten vitores. Y puede que el sexo se haya reducido, pero la violencia seca y contundente, aunque no se haya ensañado sobre ningún personaje de alto valor emocional, ha sido igual de potente que en anteriores temporadas (al final he terminado en los valores de siempre).

Lo que sí ha incomodado más a este servidor, son los dos deus ex-machina que se han marcado. La de Jon Snow no por previsible ha dejado de ser patillera, y hasta cierto punto escandalosa. Tanto o más, la no esperada de un Perro que ha renacido en una aldea pacífica en un punto inconcreto. Otro recurso que harían bien en enterrar para mantener dignos los cimientos de la serie son las máscaras MI2 de Arya Stark, por favor, basta de tomar el pelo. Han habido otras argucias narrativas cuestionables, otros aspectos de guion cogidos por pinzas sin esterilizar.

También algunos pasajes han lastrado mucho la debilidad por la serie. Todo el entrenamiento, las expulsiones y reingresos de Arya Stark con los no names se han hecho pesadas. También, y sin que sirva de precedente, Tyrion Lannister ejerciendo de guardián de Meereen ante la ausencia de la reina, especialmente cuando le ha dado al vino, y se ha puesto a hacer bromas con sus colegas de bota, no le ha favorecido para nada. El inicio renqueante (“The Red Woman”), el tedio personificado en el 6×3 y el 6×6, hicieron temer lo peor.

Aunque la balanza ha quedado de nuevo más inclinada hacia lo positivo. Las buena sensaciones empezaron a llegar con ese final coco-épico de Daenerys en “El libro del desconocido”, luego otro final de episodio, con despedida de un grande incluido, el incrustado en las retinas hold the door, recuperó la forma necesaria. Aunque de nuevo, no fue hasta la llegada de “The Battle of the bastards”, que los aficionados volvieron a clamar al unísono lo de best episode ever, a la semana volvían a repetir los cánticos con una conclusión filmada con tono operístico, removiendo las cloacas de los siete reinos, para recordar que los métodos de House of Cards no están tan alejado de los de Poniente.

También ayudó, y mucho, el fichaje de dos grandes de la interpretación como Max Von Sydow y Ian McShane – el cual se lo llevaron con una celeridad totalmente repudiable – y la limpieza de ciertos personajes que, a mi gusto, lastraban la opinión sobre la serie; el atentado de Cersei ha hecho más bien que dolor, porque además entrona a esta como la supervillana definitiva, especialmente tras la desaparición de otro gran villano, que al menos, tuvo una muerte a la altura de sus méritos.

Pero la historia ha sido la misma, una de cal y otra de arena borradas de cuajo por una doble traca final de ensueño que nos ha dejado sin aliento. Primero por el alarde técnico y el salvajismo crudo y realista desempeñada en una de las mejores batallas vistas nunca en una pantalla, y luego por ese electrificante capítulo final de hora y poco. No ha sido la mejor temporada de su historia, pero una vez más Juego de Tronos nos tiene a todos convertidos y creyendo que sí lo fue…y desde esta madrugada huérfanos de droga que compartir y defender a machete.

8


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