Domingo de serie

Domingo de serie: Juego de tronos (Temporada 7)

posted by Omar Little 3 septiembre, 2017 0 comments
Escalada en falso

juego de tronos temporada 7

Y a la séptima saltó la sorpresa. El panteón seriéfilo más venerado empezaba a mostrar grietas. Las primeras corrientes críticas dentro de la feligresía empezaban a florecer. Los vientos de dudas invadían Poniente.

Aunque las voces de alarma resultaron desmedidas, hiperbólicas, ante la catedral de ficción construida por HBO durante todos estos años. Esas voces principalmente señalaban el ritmo vertiginoso de la temporada, no daban crédito a la mensajería express de los cuervos bajo cualquier tipo de climatología, ni las teletransportaciones de ciertos personajes omnipresentes en los siete reinos. Detalles sin mayor trascendencia pero que ponían sobre aviso un problema mayor: la urgencia por condensar mucha trama y acción en siete episodios, haciendo de la elipsis el nuevo recurso favorito del guionista de Juego de tronos.

Señales de alarma medio justificadas cuando el personaje no se desenvuelve en su espacio lógico, atendiendo y adaptándose a decisiones y situaciones repentinas, tomadas con el acelerador en el culo. Ahí sí que doy razón a los que claman que desde que la serie se apartó del ritmo arrastrado, detallista pero de lentitud exasperante de George R. R. Martin,  perdió cilindrada, incluso se despegó del espíritu original (la fórmula de sexo, violencia con muerte/s WTF y trama palaciega de enfoque shakesperiano quedaba desequilibrada). De nuevo, creo que son acusaciones muy abusadas, porque Juego de Tronos sigue siendo una serie con un ratio de satisfacción y placer enorme. Los detalles de los cuervos y la teletransportación no tienen mayor importancia, de hecho, en cierto modo, han elevado el ritmo de la serie, dejando que no haya espacio para el bostezo en prácticamente toda la temporada. Pero por otro lado hay que reconocer que la serie parece haberse ablandado, debilitado, plegado al fan service, y encarrilado en una senda más previsible.

Aspectos de quisquilloso que no quitan que la temporada haya seguido sirviendo secuencias y momentos sobrecogedores. Alimentando la memorabilia del seriéfilo con un material que tiene esa calidad intrínseca de enganchar a todo tipo de personas, de hermandad a catalanistas y españolistas, brexistas con europeístas, kukluxeros con black lives matter. Ese factor la sigue convirtiendo en la madre de todos los dragones, tal y como señalan sus récords de audiencia.

Y la temporada séptima no ha escaseado en momentos gloriosos, de hecho estos se han reproducido en prácticamente todos los capítulos, con o sin barbacoa de por medio. Ahí queda el cliffhanger de “Eastwatch” con el Suicide Squad sugiriendo un spin off, las consecuencias inmediatas de esa misión en “Más allá del muro”, la espectacular batalla final de “The Spoils of War”, y la grata preparación estratégica del choque insinuado en toda la temporada durante los primeros capítulos. Sin embargo, esas dosis cargadas de tantos inputs y alicientes para los que entendemos esta serie básicamente como un espectáculo fantástico-medieval de altura, una altura superior a la mediana de Hollywood, supo a muy poco el clímax apagado del último capítulo. Una senda ascendente detenida en seco por un enfrentamiento entre vivos y muertos aplazado para la octava temporada (cuando esta tendría que ir dedicada en exclusiva a la guerra contra los Lannister),y que encima sucumbió a giros burdos, de manual de primero de carrera. Incongruencias narrativas, y fallas lógicas, que han estado presente, más o menos, a lo largo de la temporada, pero que no se esperaban comiendo metraje en el último capítulo que nos dejó entre decepcionados y con la barriga poca llena ante la larga espera que se nos avecina hasta la conclusión de la serie.

Con todo Juego de Tronos sigue siendo un divertimento a gran escala, un placer compartido por clanes de todos el mundo. Esta breve, y acelerada temporada, ha dejado grandes instantes de satisfacción, la única pega quizá haya que buscarla previamente, en esa reunión en que los directivos optaron por dividir la última temporada en dos, una de siete y otro de seis capítulos. Cuando sin problema alguno, por personajes y las subtramas que estos representan, y por lo apretado del conflicto principal, se podría haber alargado hasta los diez episodios como era costumbre.

marco 75


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