Domingo de serie

Domingo de serie: La chica del tambor (BBC/AMC)

posted by Paloma Méndez Pérez 24 febrero, 2019 0 comments
La pasión como antídoto de la muerte

La chica del tambor

Es La chica del tambor la historia de una chica extraña, de alguien que pelea con su vida sin que su motivación tenga nombre de dios, ni de país. Es casi extraordinario encontrar a alguien así, a un mercenario que se pague solo, y tan difícil es de encontrarlo como de contárnoslo. Lo hace John le Carré y lo ha hecho Park Chan-Wook en 6 episodios en los que la absoluta protagonista es la pasión de Charlie (Florence Pugh). Ella, que podría estar en un balcón en Benidorm, o dando cabezazos en un partido de la Premier, está sin embargo furiosa canalizando la rabia en un escenario, oyendo historias y contando las propias. El mejor trabajo de una actriz a la que hasta ahora se la había relegado a pura pose.

A mí misma me resulta difícil de explicar el origen de tanto amor por tan tibia recompensa. Como bien se dice muchas veces lo mejor es la caza y eso es precisamente de lo que se disfruta en La chica del tambor. Una caza llena de pasión y entrega en la que siguiendo a Charlie “el placer es el antídoto de la muerte”, luego convertido a “el amor es el antídoto de la muerte”. La más pura diversión la que solo dan las cosas más simples y más brutas, es la que mantiene a Charlie viva y la que la engancha en la misión.

Si gente así gobernara el mundo las cosas se resolverían en minutos y luego se limpiaría al salir. Por suerte o por desgracia son personas como Martin (Michael Shannon) o el Picton (Charles Dance) quienes ponen orden y así se manejan en los largos plazos y las oraciones subordinadas. No hay una queja en esto, igual son ellos el antídoto de la muerte o por lo menos el que tenemos como más efectivo hasta ahora. Desde luego se hace muy difícil discutir con cualquier interpretación de Michael Shannon o del propio Charles Dance, papá Lannister para los seguidores de la saga de dragones y tronos de hierro.

Si bien la serie no olvida tampoco el retrato fiel de aquellos seguidores que se fueron a pegar tiros al Líbano o a aquellos aplastados por el bulldozer israelí. Los retrata como lo que eran, parias sin tierra dejados de la mano de sus vecinos, obligados a vivir como refugiados. Un error histórico y geográfico como tantos otros, que no debería dar lugar a tanto odio y tanta muerte y que sin embargo ha propiciado guerras y asesinatos sin control y generaciones de hombres nacidos para ser mártires. No pretende ser sin embargo una disculpa y para ello quedan el capítulo 5 en el que se retrata con frialdad el entrenamiento para matar y la visita de Martin a la placa en recuerdo de los deportistas judíos asesinados en las Olimpiadas de Múnich.

La visión de John le Carré siempre crítica con la política y la actuación diplomática, especialmente la británica, pone el foco varías veces en la falta de atención de sus conciudadanos ante el desastre que se dejaron atrás en Palestina.

Pero si La chica del tambor es algo es una historia de pasiones y de amor. De ese que saca a la gente de casa y abre balcones. Es gracias a la pericia de Gadi (Alexander Skarsgard) que la causa palestina no se lleva a una intrépida Charlie mucho antes. Ese interés de protección de ojo avizor es un extra en una tarea en la que Charlie fue siempre indispensable pero prescindible.

La propia narración cinematográfica, limpia y sencilla siempre lejos del foco principal de violencia y sobre los personajes, da un sentido mucho mayor a la trama de roles que es esta serie, lejos del retrato de actos violentos y respuestas armadas de unos y otros. Referencias históricas que le dan una relevancia y un contexto que el propio paso del tiempo también ha ayudado a asentar, hacen de La chica del tambor una historia cerrada con consistencia y coherencia, algo que a las novelas de espías y a las tramas amorosas muchas veces le falta.

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