Domingo de serie

Domingo de serie: Legión (temporada 2)

posted by Omar Little 8 julio, 2018 0 comments
Laberinto psicotemporal

Legión temporada 2

La primera temporada de Legión cayó la pasada campaña como una bomba de racimo en la cabeza ajetreada del seriéfilo. La creación de Noah Hawley se desmarcaba ingeniosamente como un inesperado artefacto de formas atrayentes, rompedoras y originales, mientras que en su interior habitaba una criatura de aspecto decimonónica (a fin y al cabo no estamos hablando de El retorno de Twin Peaks) pese a los laberintos narrativos intrincados de sus tramas. La segunda temporada repite la fórmula, pero llevando más al límite sus partes menos decorosas.

Si la primera contienda se reivindicaba como un vistoso artefacto capaz de implantar el aparato psicológico en las tramas arquetipicas de la factoría Marvel y hacerlo con un estruendoso y virtuoso estilo visual cargado de referencias pop en el que además se deconstruía el espacio para incidir y apuntalar el constante choque entre cordura y locura, amor y violencia, bien y mal que persiguen al protagonista y a la trama central, la segunda mantiene la mayoría de ingredientes (aunque modifique las proporciones de estos) y le añade la línea temporal al tinglado (como un X-men: Days of Future Past pero sin entender una mierda) para aún complicar más el entendimiento de las subtramas y el desarrollo entre los capítulos. Así que el espectador no debería extrañarle ir colocado a ciegas  buena parte de la temporada ante un laberinto narrativo, que para servidor, resulta demasiado excesivo con tal de camuflar la escasez de avance narrativo que caracteriza la primera mitad de la temporada. Porque de hecho, y al fin y al cabo, el esquema temático que irradia la narración es el mismo y archiconocido: la lucha del bien contra el mal, la confrontación del héroe con el villano, con la particularidad de que las artimañas utilizadas por ambos bandos provocan que la definición de quien pertenece a cada bando sea difusa. Y con otra particularidad de la serie, formando parte de esa idiosincrasia que la distingue de cualquier producción actual en antena: sembrar un mar de dudas entre cordura y delirio, realidad o imaginación, para dar así consistencia a esa mente esquizoide sobre la que gira el relato.

El segundo encuentro con Legión lleva el paroxismo ese enrevesado y esquizofrénico tapete narrativo, aunque a veces, con la sensación de hacerlo solo con tal de llenar huecos para alcanzar el minutaje total. Convirtiendo su visionado, y perdón por la expresión, cada vez más en una experiencia sensorial, en un estímulo ocular desvinculado de una narrativa confusa, y de poca profundidad debajo de su confusa capa. Pese a ello, la creación de Hawley sigue demostrando ser un prodigio técnico; de realización, efectos especiales, fotografía, dirección artística y de una puesta en escena en transformación, como un escenario rubik de múltiples caras, todas ellas, visualmente espectaculares y altamente atractivas.

Descontando la ausencia del factor sorpresa, las inconveniencias de seguir su enrevesada trama, y quizá también esa reducción en cuanto a referencias del universo pop (Nicolas Jaar ha ganado espacio a los Who), Legión sigue siendo la mejor aproximación al machacado universo Marvel. La propuesta más rompedora, más desatada y con mayores estímulos por frame, que no es poco.

7


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.