Domingo de serie

Domingo de serie: Louie (temporada 2)

posted by Omar Little 28 abril, 2013 0 comments
Un cabroncete despiadado

Louie temp 2

La figura del looser avinagrado, descreído y cínico que se ríe de su patetismo, e incluso se recrea en él, siempre ha dado buenos réditos en el campo de la comedia. El mundo del cine tiene en Woody Allen un caso notorio y ejemplar. Pero también el mundo de la televisión se ha nutrido de esa figura del looser autoflajeador. Uno de los especímenes más reivindicables, rara avis  y que más veces nos han hecho limpiar los lacrimales en los últimos tiempos, es  Louis C. K. y su prodigiosa comedia Louie.

Como apunté en el primer bocado, el humor que mastica Louis C. K. resulta difícil de clasificar, incluso de encajar. Embarazoso el recuerdo el que me transporta a mi primer contacto con el comediante, el que me resultó frío, distante, desconcertante, violento como esa entrada a una dama de la que has oído maravillas, y sin embargo la primera impresión resulta todo lo contrario. Por suerte la madurez mental hizo presa en mí, y ahora, abro todos los orificios de mi cuerpo para percibir la incisiva, desternillante, imprevisible y genial mente de este talento de la stand-up comedy.

La segunda temporada de Louie sigue las pautas que configuraron la primera. Capítulos breves de 20 minutos en los que se intercalan actuaciones de este seboso pelirrojo subido encima de un escenario en un local neoyorquino, con las recreaciones ficcionadas de lo que resulta ser su vida de padre de dos hijas divorciado, fracasado, y abocado siempre al ridículo, y a las situaciones más embarazosas de imaginar. Como ya ocurría en la primera, sus monólogos sobre las tablas resultan mordaces, canallescos, incómodos, cafres, llevando lo vulgar hacía un nuevo nivel. En definitiva dosis y dosis de genialidad desternillante.

En el plano de la ficción, Louis C. K demuestra ser ágil y habilidoso planteando situaciones hilarantes, incómodas (cuantas veces habré repetido el adjetivo) que conducen a la carcajada inmediata. Como ya ocurría en la primera, hay capítulos en los que se palpa en mayor o menor grado la inspiración del comediante. Por ejemplo,  en esta temporada quizás se podría haber ahorrado uno de los viajes a Afganistán en ese tour de apoyo a las tropas norteamericanas (capítulos dedicados al fallecido fotógrafo y documentalista Tim Hetherington), unos fragmentos en que se esperaba mayor caña y salidas ingeniosas por parte de Louis. C.K. Sin embargo, eso es algo que no afecta a la valoración final de la temporada, más si en la ecuación entra este antológico capítulo final con el que cierra la temporada, poblado de cameos (Chris Rock y F. Murray Abraham) e infectado de situaciones surrealistas que solo le pueden ocurrir a nuestro objeto de estudio, diálogos afiladísimos, y ese monumental final que invita al descojone eterno, rescribiendo con humor efectivo y absurdo ese lugar común del aeropuerto como último tramo ( reversible o no) de la despedida de dos seres, supuestamente, enamorados. Louis. C. K coge ese elemento tan característico de las comedias románticas y le inflige su particular pose de perdedor ganador.

Da igual que su sitcom presente fallos de raccord, y que al tipo le dé por presentar (con cierta gracia y habilidad hay que decirlo) guiños imprevisibles al cine indie norteamericano (de Cassavetes a Jarmusch) porque la segunda temporada de Louie resulta ser otra clase ganadora de un comediante reconvertido, con maestría, en actor, productor, director, y que evidencia que su producto es uno de los más frescos, inteligentes, corrosivos, divertidos y estimulantes de la televisión del presente.

8

 


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