Domingo de serie

Domingo de serie: Master of None (Temporada 1)

posted by Omar Little 22 noviembre, 2015 0 comments
Aziz Ansari, best new comedian in town

Master-of-None

Netflix sigue expandiéndose como la factoría de rosquillas golosa. A un ritmo que desafía al adicto más antisocial, la última perla puesta a disposición de su catálogo es este Master of None, posiblemente la mejor comedia del año, pero con total seguridad, la mejor llegada cómica de la temporada.

Hace tres semanas Aziz Ansari era un completo desconocido en estos lares. Hoy las chicas se ponen ligueros para ver sus creaciones y ya le han llovido elogios comparándolo ni más ni menos que con Louis C. K. Eso por lo que respecta en España, que siempre hemos sido tan nuestros y orgullosos de vivir en el paleolítico. En Estados Unidos ya llevaban un rato sobre su pista gracias a su faceta como stand up comedian, a un best seller llamado “Modern Romance”, pero especialmente por su intervención en Parks & Recreation en el papel de Tom Haverford.

Aunque el verdadero salto  se lo ha marcado sin duda con este Master of None. Netflix es la impulsora de que su humor y talento quedara recogido en una temporada de diez capítulos de treinta minutos en los que desglosa con gran atino las dudas, angustias y semi logros de un neoyorquino treintañero intentando sobrevivir en la ciudad. Sí, es un tema tratado de forma muy sobada en Girls, de refilón en Mozart in the jungle, y en tantas otras series ambientadas en el Nueva York de estos días, pero la particularidad con la que Ansari, y su partner creativo Alan Yang, extraen cuantiosas muestras de humor es mediante la etnicidad de Dev, que no es otro que Ansari quedándose en gayumbos para el gran público. Un protagonista hindú estadounidense, cuyos conflictos de identidad y dificultad para ser asimilado al mismo nivel que otros compatriotas de tez blanca, así como el choque resultante entre la cultura de sus padres y la de adopción, dan fruto a elementos de comicidad impagables, como resulta todo el capítulo con el que a través de un diálogo de besugos entre padres e hijos expone el árbol genealógico y el drama inmigrante por el que tuvieron que pasar los progenitores para establecerse en la ciudad de los rascacielos. De hecho, la primera gran virtud es el saqueo intencionado que hace de su condición étnica, regirando y manoseando el arquetipo de su grupo racial para lanzar varias pullas al racismo velado de la industria del entretenimiento, que un producto como este, solo con su mera existencia, supone toda una colleja al sistema.

Aunque no es el único tema que preocupa a Dev, como cualquier treintañero viviendo en la ciudad que nunca duerme, sus pensamientos se concentran en su trabajo de actor de mierda, un vínculo que puede recordar al Extras de Gervais y Merchant, al amor y las relaciones de pareja – en ese sentido el último capítulo es oro puro -, o simplemente el mundo de las citas con la llegada del dating online, o las quedadas con los colegas – un grupo en el que destaca el enorme (nunca mejor dicho) Eric Wareheim.

Todo ello lo aborda con una simplicidad y una moderación de recursos que habrá hecho muy felices a los directivos de Netflix y al jefe de producción de la serie. Básicamente todos los asuntos de la serie se canalizan con él abriéndose la bata de su vida rutinaria, a través de charlas, comidas y paseos. Interiores en casa propias y ajenas, o bien, como influencer  sobrado (de pasta) de los baretos y los restaurantes más cool de la ciudad, especialmente los del área de Williamsburg, donde se ambientan un buen puñado de los momentos de la serie.

Pero Master of None no es solo un producto plenamente conectado con el bullir emocional y los quehaceres de los millennials, sino que rezuma un desborde de imaginación alucinante, una explosión creativa singular, de ahí las comparaciones con Louis C. K. Ansari y Yang adoptan el formato libre, enfilan los senderos menos previsibles para dar un nuevo aporte calórico con condimentos exóticos, aportando ese curry narrativo mediante un continente que  tergiversa la forma convencional para introducir apuntes delirantes, originales, que potencian la frescura que desprende todo el producto.  

A diferencia de Louie, Master of None no termina de regocijarse en un personaje patético, aunque por momentos roza el orgullo looser que presenta Lois C. K. cuando se flagela, especialmente con sus fracasos amorosos. Pero Ansari opta por alejarse de Woody Allen y  Louis C. K. como perdedor inteligente y se decanta por una figura más tierna, más encantadora, más agradable. Como el tipo con el que irías a tomar unas copas porque te divertirías toda la tarde, pero que también desearías llevar como novio a casa de tus padres. Porque al fin y al cabo Master of None es eso, una ficción pensada para encandilar a un grupo de público muy heterogéneo a través de una risa ácida y tierna, muy conectada con nuestros tiempos.  O sea que sí, consumid sin moderación esta pequeña joya catódica que nos descubre (aquí) un talento al que más vale no peder de vista ni un nanosegundo más.

marco 75

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