Domingo de serie

Domingo de serie: Master of None (Temporada 2)

posted by Omar Little 27 agosto, 2017 0 comments
Sensibilidad a la europea

Master of none 2

Nos costó poco apegarnos a la sobaquera de Aziz Ansari cuando entramos por primera vez en contacto con su savoir faire gracias a la primera mordida de Master of None. Ahora dos años después su encanto prevalece con un segundo asalto alrededor de sus alegrías y penas.

Y eso que la temporada arranca lejos de su zona de confort, del distintivo Nueva York donde ubicamos las peripecias de Dev. Lo hace en territorio europeo, en concreto en la ciudad de Módena, donde Aziz se traslada para recibir un curso de cocina. Aunque no es la única repentina diferencia, el color del ajetreo neoyorquino da paso al blanco y negro. Decisiones que pronto cobran el mayor de los sentidos en la mente de los cinéfilos: Ansari se marca un homenaje inequívoco al neorrealismo y al cine de autor europeo, más en concretamente Al ladrón de bicicletas de Vittorio de Sica como pone en alerta el argumento de esta puerta de entrada a un mundo reconocible, el de Ansari, pero en un tono, contexto y textura inesperado.

Aunque la decisión no resulta baladí ni un capítulo de desajuste como constata luego el resto del lote. Ansari se apropia de los ropajes del cine de autor europeo, de su sensibilidad, con la intención de llevar su criatura hacia un nuevo estadio, una madurez narrativa que se transmite en numerosos planos, en los que el subtexto colapsa la aparente simplicidad o comicidad de la superficie para terminar tiñéndola de pena, amargura, de una mezcolanza de sabores sentimentales, en definitiva, de un sentimiento más elevado a lo que nos tiene acostumbrada la sitcom yanqui.

En contraposición el trayecto se resiste en pegada cómica. A excepción del segundo capítulo con la boda en Italia, las apariciones de Eric Wareheim o las de Bobby Cannavale o toda la situación laboral de Dev, el tono que prevalece es el sabor agridulce de esa relación de amor imposible entre Dev y la chica italiana que fija el centro de la temporada.

Hay un traspaso de madurez entre temporadas, la peripecia despreocupada de la primera (aunque también incluyera el conflicto amoroso) da paso ahora a un amor adulto, narrado con atendida exquisitez, que nubla, durante muchas partes, el resto de sensaciones a las que te abocaba la primera temporada.

Masters of None sigue siendo un producto notable, a veces rozando la perfección, como cuando se expande al mediometraje (como ocurre con el penúltimo capítulo), que ha sabido asimilar con prontitud las sensibilidades europeas y filtrarlas al molde cómico de Ansari y Yang, eso sí, este quedando algo más desatendido que en la anterior temporada. Ha sido el curso en que Anzari ha querido emerger como un cronista muy válido y capacitado para exponer las llagas alojadas en los recodos más invisibles del corazón.

marco 75


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