Domingo de serie

Domingo de serie: Mindhunter (temporada 2)

posted by Omar Little 3 noviembre, 2019 0 comments
El rastro de un perfil impecable

Mindhunter se ha convertido prácticamente en la única ficción capaz de negar la extinción de la tercera edad de oro de la televisión. El producto escrito por Joe Penhall, y guiado por la estética y el tacto narrativo de David Fincher (el de Zodiac, para ser más exactos), se ha convertido en uno de los puntales de la ficción norteamericana actual y especialmente, de las pocas notas de alarde de la plataforma Netflix. Una excepcionalidad que no solo repiten en su segunda temporada, sino que, por momentos, parecen incluso superar.

Esa segunda sesión que arranca con la crisis nerviosa que afecta la capacidad del agente Holden a la hora de liderar la unidad especial del FBI. Sin embargo, lo curioso es que la conflictividad del agente Holden en toda la temporada queda enmarcada en la manera de aceptar su genio dentro de las formalidades y parámetros, primero del FBI y luego de la comisaria de policía. En ese sentido, el personaje parece perder dimensión dramática sobre la anterior temporada, Anulada su vida privada y personal, y relegando su conflicto a su obsesión por ser el más listo de la clase, por ver conformadas sus teorías ahí donde son requeridas, mientras lidia con burocracia exasperante y el control férreo que le dispensan sus compañeros.

Quien sí da un salto mucho más avanzado, aportando multitud de matices al carácter de su personaje, es el Agente Tench. Interpretado por el descomunal Holt McCallany, buena parte del metraje de la segunda temporada incide en el drama familiar que se le planta en el salón del hogar. Esa preocupación latente de que su hijo adoptado pueda llegar a formar parte del programa especial de su unidad de trabajo lo tiene atormentado. Y la manera de plasmarlo en pantalla: con los incómodos silencios del niño, el estrés de ir a un lado al otro sin dejar de lado sus obligaciones profesionales, o cómo todo ello va mermando su relación con su esposa, resultan sublimes; como si Zodiac hubiera abierto un resquicio para observar a Mad Men. También el personaje que interpreta Olivia Dunn cobra una nueva dimensión gracias a su difícil abertura emocional a una relación lésbica. Esa dificultad de una persona tan metódica y seria para abrazar su sexualidad, el amor y el sentimiento en un universo que, por otra parte, y especialmente en el campo laboral, resulta hostil a que se muestre cómo es, y recela a que su inteligencia y capacidades se entrometan en territorio masculino. Las diferentes conflictividades del personajes resultan excepcionales.

Más allá de los matices dramáticos que afectan al trío protagonista, Mindhunter encadena una trama paralela de sumo interés. Por un lado, las entrevistas con populares serial killers ( con cúspide laboral cuando entrevistan a Charles Manson, dejando un glorioso episodio para las listas de fin de año), por el otro unos intrigantes arranques de episodio en los que se siguen la cotidianidad siniestra de un venidero serial killer de Kansas (¿Dennir Rader?). Y ese esquema tan propio de la primera temporada, el día a día de la unidad, sus trabas burocráticas, su metodología cuestionada o alabada, más los conflictos de los integrantes de esta, más el añadido comentado de las intros, da un vuelco en positivo cuando los servicios de la mejor buddy cop del momento son requeridos en Atlanta, de nuevo para reseguir un caso real que aterrorizó la ciudad de Georgia durante los dos años que desaparecieron y murieron tres decenas de niños. Toda esta trama de búsqueda y captura, de dar palos ciegos en el aire y de ver cómo la sangría de víctimas aumentan ante la frustración de todos los actores implicados para dar caza al asesino y una ciudadanía cada vez más colerizada, le da un subidón de interés y tensión notable a la temporada. Sin perder por eso sus señas de cocción lenta, apremio a los diálogos y a la ausencia de estos. La serie sigue en sus cauces de narrativa selecta y de tempo lento, pero la atmósfera amenazante y el cronómetro angustioso aporta a toda la temporada una mayor sensación de terror agudizante, a mano de muy pocos creadores y producciones.

Porque Mindhunter está perfilado con una mano depurada y selecta. Una ficción sin fisuras que recurre a una narrativa desnutrida de la acción y la tensión lacerante característica del mapeado serial killer, para en su lugar levantar una atmósfera cinematográfica inapelable, un dibujo de personajes hechos con un trazo a prueba de hormigón y una tramas que van calando entre los personajes y a ojos de los que asistimos al espectáculo bajo condiciones de extrema fascinación.

8,5


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