Domingo de serie

Domingo de serie: Mr. Robot (Temporada 3)

posted by Omar Little 15 abril, 2018 0 comments
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Mr Robot temporada 3

Tras suavizar la deflagración provocada por uno de los cyberthrillers más contundentes y explosivos de la televisión con una segunda temporada irregular y desorientada, Mr. Robot ha logrado recobrar el pulso primerizo con una tercera entrega que vuelve a entonar a Elliot y Mr. Robot como la dupla heroe/antiheroe más estimulante del momento. Lo escribía este servidor en el último párrafo de la crítica de la segunda temporada, y ahí me remito: “Pero no por ello hay que perderla de vista, porque no debería ser demasiado difícil volver a la calidad de la primera temporada”. Curioso e inapropiado que ni el propio emisor de ese mensaje cumpliera sus recomendaciones, porque la última temporada de Mr. Robot, por alguna razón que se me escapa, quedó aparcada hasta un nuevo aviso que ha sido completado pocas horas atrás de la escritura de este texto.

Aunque no es la obligación de este texto discernir los tempos más adecuados para hincarle el diente, sino de señalar las cualidades recuperadas en una de las series más punitivas y anticonvencionales del panorama actual. De entrada, resalto que el acierto de Sam Esmail ha sido disponer de un tapete argumental con suficiente garantías para abordar el desarrollo de diez capítulos. Tras la pérdida de la brújula argumental en la segunda temporada, la serie ha recuperado su rumbo poniendo a Elliot en la encrucijada de comprobar cómo su revolución cibernética no ha terminado con los males de la sociedad, sino que los ha aumentado, hundiendo a las clases bajas en una crisis de proporciones épicas ( otro paralelismos con nuestra historia reciente). Si en el plano exterior el objetivo de Elliott ha consistido en intentar revocar sus acciones y enfrentarse al ejército oscuro para volver a la situación 0 (al final E-Corp no era Satanás, había peores), en el plano interno, el conflicto de la temporada, lo marcan las dos posiciones enfrentadas de Elliott y Mr. Robot, hasta el punto de que el primero deberá arrinconar al segundo si quiere cumplir con sus planes: encontrar a Tyrell y volver a la casilla inicial. Todo ello adornado con detalladas y profundas subtramas relacionadas con Darlene, Angela, Tyrell y los principales personajes (así como los nuevos, gran acierto la incorporación de la agente del FBI DiPierro) implicados en esta revoluciòn antisistema convertida en parte del sistema, utilizada en beneficio de este 1%, como apuntan de forma lúcida en varios instantes de los 10 capítulos.

Sin duda estas motivaciones y conflictos tan bien definidos han favorecido mucho el ritmo y el aprecio global de la temporada. Esmail ha dejado aparcado ese lastre arrastrado desde la primera temporada por el cual la serie se veía como obligada a volarte la cabeza con algún giro inesperado (en la segunda se repitió con el capítulo de la prisión). En esta las voladuras han venido selladas por la puesta en escena y las maniobras de realización de algún episodio, o con el planteamiento de ese capítulo desvinculado de la trama principal de la temporada, que funciona como la respuesta del 2×01 de Master of None, y donde asistimos, con abundante dosis de nostalgia pop, a la aventura de Elliot con el hermano de la integrante de fsociety convertida en terrorista. Una anomalía dentro de la serie que le permite a Esmail indagar en la relación de Elliot con su padre. Un episodio fantástico que expone la habilidad del showrunner con la escritura. De hecho la temporada ha mantenido un nivel alto en todo su desarrollo, quizá ese final algo atropellado y previsible ha reducido la inercia ganadora. Como desconcertante ha supuesto ese largo epílogo en que se presenta un nuevo personaje en forma de cliffhanger.

La tercera temporada de la serie de USA Network ha supuesto un grato reencuentro con ese producto de voluntad revolucionaria, plenamente inscrito en nuestro presente, con constantes alusiones a la historia reciente de los Estados Unidos, y que bajo la superficie esconde una inusual, y, hasta cierto punto, transgresora reflexión sobre la agenda oculta de los poderosos, el terrorismo y otros mecanismos para agitar el miedo, la dificultad de desentrañar la verdad de los hechos o las revoluciones que termina absorbidas por el propio sistema.  Y es que en el fondo, el relato de Elliot de esta temporada ha supuesto el de un hacker revolucionario atrapado por los mecanismo ocultos del sistema, superado por un sistema capaz de mutar y adaptarse para sacar rédito de los imprevistos y las hecatombes terroristas. Bajo su aparente sencillez y modalidad de viñeta de superhéroes y villanos, Mr. Robot sonsaca acertadas reflexiones y críticas sobre nuestro mundo, y el funcionamiento de sus cloacas para mantener el status quo (acaso no es sintomático que el supervillano sea alguien tan escurridizo y enigmático como Whitehorse, y que el antagonista último sea ese 1% que podría simbolizar el club Bilderberg).

Como tampoco Elliot es un héroe convencional, sino un ser nihilista, esquizofrénico, antisocial, depresivo, ni la serie un plato convencional, sino la ficción más atinada y certera sobre la paranoia Post 11-S, la mentira y la podredumbre aflorada tras el derrumbe de otras torres, las de Lehman Brothers. Bienvenida de nuevo.

marco 75


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