Domingo de serie

Domingo de serie: Mr. Robot (Temporada 4)

posted by Omar Little 5 enero, 2020 0 comments
De repente el último hackeo

Se ha implantado cierto consenso entre la seriefilia en el que las miniseries son la nueva mierda, el nuevo manjar del club gourmet. Sin ánimo de cuestionar esa afirmación, (el curso saliente ha dejado un listado donde no lo contradice), también es cierto que el poso emocional que deja un serial de larga durada no es comparable al del formato corto y de-temporada única. Mr. Robot es el último caso que sirve para poner de relieve este posicionamiento.

La criatura de Sam Esmail ha sido como la serie tapada que no terminaba de eclosionar. Y así se ha mantenido en estos lares hasta su temporada de despedida. También se ha tenido la sensación, para la hueste que la hemos seguido sin la necesidad imperante de enchufarse religiosamente su dosis semanal (en ese sentido, sin miedo al spoiler en el timeline de turno), que Sam Esmail se sentía cada vez más liberado para hacer con sus personajes y sus tramas lo que le viniera en gana, tal y como ha perfeccionado en su última entrega, esta cuarta temporada que atañe.

Si la primera temporada fue una carta de presentación irreprochable para aquellos que anhelábamos cierta televisión de calidad, madura, nihilista, atrevida y de autor, en la línea de The Knick, la segunda sucumbió a unos baches que en la tercera, y, especialmente, en esta cuarta, han quedado holgadamente enderezados.

La última visita al universo ciberguerrillero de conspiraciones globales, y grupúsculos de élite inspirados en el club Bilderberg, ha encontrado una última ración de episodios contagiados por la pulcritud, solvencia y transparencia narrativa, así como por su amplio recargo emocional. En ese sentido, la temporada se ha volcado en esa trama de los supervivientes de f society (AKA Elliot Alderson, Mr. Robot y Darlene) en plena guerra directa contra Whiterose, todo su ejército oscuro y los poderes tácitos y sumergidos de su telaraña, sin olvidar un ampliado papel de la agente del FBI Dominique DiPierro.  Todo ello cerrado con ejemplaridad – recordad también la revelación dispuesta en la pieza de cámara que da pie al capítulo 6 – y honestidad, dejando atados todos los cabos, sin espacios para conjeturas, teorías o bullying hacia alguna de las cuentas digitales de Sam Esmail. Aunque lo más significativo, la voladura más inesperada, el regalo más inaudito de esta temporada de despedida, se lo saca su showrunner mediante una mini temporada en forma de epílogo conformada por los tres últimos capítulos, los que tiene lugar una vez cerrada a cal y canto la trama principal contra Whiterose y los poderes que representa. Y es ahí donde la maestría como narrador y escritor de Esmail ha vuelto a posicionarse fuera de toda duda.

Terreno de spoilers

Hay un punto de inflexión, que más adelante, cuando las piezas encajen, se transformará en una clase magistral, entre el grueso de la temporada y ese final desconcertante en tres etapas. Que conste en acta que este servidor se temió lo peor en la primera etapa de esta trilogía final. Tras la explosión de la central, y con Elliot (Rami Malek) descentrado y descolocado en esa especie de reverso pleasentville de su mundo conocido, quien escribe temió un acercamiento burdo a David Lynch y lo conseguido con la insuperable tercera temporada de Twin Peaks. Plantar Doppelgängers y universos paralelos en una estructura de ficción y dramática que no ha dado cancha a estos, parecía un cortocircuito demasiado osado como para funcionar. Sin embargo, me comí esos pensamientos a las pocas esquinas, desde el momento en que ese añadido, esa anexión, se desvelaba como un giro de genialidad sobre toda la trama dispuesta por Esmail en toda su serie, sin alterar su recorrido, simplemente, volcando sobre esta una nueva luz que tergiversaba la perspectiva de lo visto. Y es precisamente su capítulo final en que la coronación no admite discusión ni apelaciones. Es cuando se produce el último hackeo en la mente del espectador con ese giro final en el que, al contrario que la mayoría de productos de similar índole, todas las piezas encajaban a la perfección. La aventura de todos esos años y temporadas, capitaneada por Elliot Alderson y su inesperable sombra esquizoide, no era más que la protagonizada por otra personalidad emancipada de un ser anodino y normal de Nueva York, con anhelos, eso sí, de revertir el orden mundial y de convertirse en ese ser justiciero con el que se había imaginado a través de bocetos. Y esa relevante revelación se juega en dos espacios, por un lado en el personaje central de la serie asimilando su naturaleza como mera personalidad, como otra proyección de su huésped, y, al otro lado de la pantalla, un espectador alucinado ante el último golpe de efecto en la representación observada. Quizá todo ello no hubiera salido tan redondo, sino fuera por el inspirado espacio final que alumbra Esmail. Esos parajes conceptuales que representan la mente del huésped original, en los que Elliot (nuestro único y absoluto protagonista) empieza aceptar su condición secundaria, mientras anda por esos pasillos hasta coincidir, en una sala de cine, con las otras personalidades (con las que ha cohabitado en el relato global de la serie) y que encuentra un clímax emocional de moco y pañuelo con ese fascinante conducto lumínico que remite a la escena lisérgica de “2001” y que, por si fuera poco, recrudece los efectos emocionales de fin de trayecto, de fin de etapa y despedida, con la capa emotiva que imprime en toda la secuencia el “Outro” de M83.

Sería difícil encontrar, más allá de Twin Peaks (Lynch siempre juega en otra liga) un final más brillante y emotivo para un producto de estas características. un colofón de oro para una serie que conectó con su tiempo como pocas y que consiguió edificar unos personajes de apego emocional inconmensurable como evidenció su fantástico cierre. Hasta siempre, Elliot, Mr. Robot, y todas sus personalidades adjuntas.

marco 75

PD: Dice mucho del impacto emocional contenido en su final cuando la escucha de esta canción irá ligada, de ahora en adelante, a las imágenes de Mr. Robot


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