Domingo de serie

Domingo de serie: Occupied (temporada 2)

posted by Paloma Méndez Pérez 16 diciembre, 2018 0 comments
Cuando los medios no justifican el fin

Occupied temporada 2

Hay unos países que son estrellas de la estabilidad y de las políticas sociales, sitios en Europa que son como diría Gene Hackman como ver crecer la hierba, o más bien ver nevar en la hierba.

En esos mismos países hay ciertas creaciones, todas muy noir y en relación directa con el esplendor de la novela negra nórdica, que nos enseñan que no es nieve todo lo que reluce. De entre esas creaciones destaca Occupied que vuelve con su segunda temporada y con el apoyo de Jo Nesbo como productor, a contarnos cómo es esto de las invasiones pacíficas. Si la primera temporada se centraba más en el inicio de la invasión y en la soledad noruega ante el dominio ruso, en la segunda el foco es claramente social. ¿Cómo responde una sociedad que no recuerda episodios de tensión semejantes a una amenaza a su soberanía? ¿Qué hacen los ejércitos en la Europa moderna en la que los soldados saben que lo más cerca que verán una guerra es en la tele?

Esta vez el foco deja de ser la energía, a los gaseoductos noruegos se les nombra de pasada en uno de los últimos capítulos, para ser un juego político en una sociedad entre iguales. Los invasores rusos se descubren como lo que son, oligarcas a la caza del petróleo noruego con un ejército como escoltas. Los noruegos tardan en reconocer de que va este conflicto y la antigua política, representada por Jesper Berg (Henrik Mestad), en el exilio desde el comienzo de esta segunda temporada, busca las soluciones tradicionales, moviliza al ejército y llama a la UE.

Convencidos de que semejante crisis se llevará por delante a cualquier político, la única con suficiente valor o inconsciencia es Anita Rygh (Janne Heltberg), quien harta del manoseo (literal) de la antigua política decide dar un paso al frente y tomar la responsabilidad como primera ministra.

Ya los rusos no son lo importante, son un mal menor en un conflicto que cada vez se parece más a una guerra civil como culminación de una economía boyante. Por fin las soluciones pasan por hacerse el fuerte ante ambas potencias y en mantener la paz social lo suficiente como para que el conflicto se apacigüe. Mucha creatividad utiliza la joven Anita Rygh valiéndose del algo desdibujado en esta segunda temporada Hans Martin Djupvik (Eldar Skar), para poner algo de perspectiva en la solución del conflicto.

Políticamente esta segunda temporada es de manual y si algo se echa en falta es la ausencia de ese componente personal, familiar, que en la primera temporada quedaba naturalmente incluido en todas las tramas y que en esta segunda aparece encajado algo a la fuerza. Quizás más capítulos, con más minutos de ver la interacción con madres, abuelas y novios rusos nos habrían ayudado a fijar la esfera personal de los principales personajes.

Lucha de género, generacional y de principios en una serie que parecía ciencia ficción en sus primeros capítulos y que se ha descubierto como el Borgen de las soluciones extremas. Quizá ese sea ahora su mejor paralelismo, un retrato de las tensiones políticas en Europa como eran hace 10 años (a Borgen le está pesando la realidad) a un ejercicio de ficción con partidos de extrema derecha, líderes en el exilio, intereses internacionales y atentados en plena Europa. Si hay algo más realista que esta segunda temporada es lo que ponen en las noticias.

8


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.