Domingo de serie

Domingo de serie: Occupied (temporada 3)

posted by Paloma Méndez Pérez 16 febrero, 2020 0 comments
Un bien mayor

Dejamos la segunda temporada de Occupied en Movistar, con el retorno del líder en el exilio y un magnicidio como colofón. La serie con una clara temática medioambientalista quizá llegó algo pronto y desde una fuente política a contarnos lo que sin duda prefieres escuchar de boca de adolescentes.

Son los nórdicos algo menos naif en esta creación, especialmente en su tercera temporada, espoleada por los acontecimientos que se suceden en el mundo hoy en día. Es la autonomía energética de Noruega y su decisión de no continuar con la explotación de gas y petróleo lo que en España se viene a llamar aquello que pasa en Cataluña y que levanta pasiones entre los amigos de la patria más exaltados. Gente que en otras condiciones quedarían para verse en sótanos y no a plena luz del día, sacan banderas, fusiles y equipamiento militar para oponerse a no se sabe ni a qué. Desde la primera temporada se señaló a un país como responsable exterior de la discrepancia en Noruega y ese fue Rusia. No hay que tener mucha imaginación, salen prácticamente en todas las quinielas cuando hay que buscar países responsables de acosar a otros países y además son vecinos.

El lío había quedado en un compromiso de retomar la producción de gas y petróleo, aceptar supervisión de la Unión Europea (no vamos a necesitar supervisión solo los de siempre) y la vuelta de Jesper Berg (Henrik Mestad) gran padre de la autonomía energética, a la par que racista, verdugo de la democracia y un hombre al que es mejor visitar sin alhajas por si te las roba. Jesper Berg el Frank Underwood noruego.

Tenemos a los rusos, los amigos de los nazis y a un criminal como presidente y solo podían faltar unas elecciones. A ello vamos en la tercera temporada. Ahí Occupied intenta ser aun más grande y abarcar no solo el conflicto medioambiental si no los derechos de las parejas homosexuales, la financiación de partidos políticos por países terceros, la limpieza étnica, el registro de ciudadanos y dónde están los límites de un parlamento, que es tanto como preguntarse dónde están los límites de la soberanía del pueblo. Quizás mucho contenido para una serie a la que la ambición no le hacía ninguna falta.

Todo esto en el paraíso de la socialdemocracia, todas las razas, todas las orientaciones sexuales, el ateísmo como bandera y la sanidad, educación y calefacción para todos y todas. Si en estas tres temporadas alguien se ha cuestionado algo en Noruega ha sido en un plano político, filosófico, conceptual. No habrá sido porque hayan visto ni media amenaza en sus condiciones de vida. Solo Bente Norum, una excelente Ane Dahl Torp, quien parece tener unos principios tan sólidos como muchos abrazabanderas.

La tercera temporada considera el conflicto democrático como gran concepto a debatir. Nos presenta a la pareja de la embajadora Sidorova (Ingeborba Dapkunaite), como exiliadas por su condición lesbianas y por otra parte nos enseña su intervención política precisamente a través de la defensa de sus derechos como homosexuales. De nuevo la coartada de un bien mayor, la noble defensa de la libertad de practicar la orientación sexual preferida de cada uno, como excusa para amenazar en nombre de la madre Rusia. Mismo estilo el que presenta Jesper quien además busca cariño en otra mujer que podría ser su hija (¿otra vez, Jesper?). Se acerca al grupo de terroristas medioambientales para que le ayuden a venderles la historia del software defectuoso que dejaron los rusos a los europeos y promuevan la opción de la generación renovable. ¿Con qué estimable fin? Con el de ganar las elecciones.

Pero hay un detalle que todavía genera preocupación en los noruegos. El asesinato de Anita Rygh no parece aclarado del todo y eso de los magnicidios lleva a teorías alternativas, que con Rusia de por medio nadie quiere dejar al llamémosle azar. Con la preocupación de una posible implicación de alguien del gobierno entra en la investigación Hans Martin Djupvik (Eldar Skar) y con él su esposa Hilde (Selome Emnetu) ejemplos perfectos de lo que supone una alteración del proceso democrático en Noruega. No es casualidad que Hilde termine contando su historia en Washington, por las mismas fechas que esta temporada se estrenaba allí estaban discutiendo cosas parecidas.

La nobleza de los principios al servicio de los de siempre, un rosario de normas para llegar exactamente al mismo punto de antes, unos intereses a los que atender y muchas explicaciones a la ciudadanía, en twitter, en la tele… Una historia que no puede decir más alto que si huele mal, mejor no insistas, está podrido.

8


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.