Domingo de serie

Domingo de serie: Olive Kitteridge (HBO)

posted by Omar Little 30 noviembre, 2014 0 comments
Corazón avinagrado

Olive Kitteridge

No es que haya sido este un año especialmente fecundo en mini series. Cada año nos suele entregar al menos un puñado de mini series a las que echar el lazo, ya sea desde tierras inglesas (BBC o Channel 4) como  yanquis (principalmente HBO). Lo más seguro es que me estaré olvidando de alguna, pero diría, con el riego sanguíneo de mi cerebro a medio caudal, que durante este año solo hemos tenido que celebrar la llegada de The Honorauble Woman (y algunos añadiríamos Utopia y Li’l Quinquin, esta última aún pendiente ), y supuestamente, la respuesta norteamericana la tenía que ofrecer HBO con Olive Kitteridge pero…

Algún spoiler

Organizada en cuatro capítulos de 55 minutos, Olive Kitteridge, como habrán adivinado los más avezados, se construye alrededor de este personaje al que da vida Frances McDormand. De un carácter particular, a ratos irascible, a ratos intratable, y siempre distante, sin ápice de empatía corriendo por sus venas. Marcada por el suicidio de su padre, Kitteridge tiene una visión del mundo cínica y ácida. Una pesadumbre que arrastra y que termina contagiando a los seres de su círculo cercano: un hijo que le acaba reprochando su papel como madre, y un marido (Richard Jenkins) que se encuentra en las antípodas de ella, siendo todo corazón, bondad y generosidad. La serie se encarga de destapar, en diferentes etapas de la vida, la relación de esta pareja, avenida pero a la vez distanciada por el amor no resuelto de ella con un vecino del pueblo (Peter Mullan).

Pese a contar con un reparto de lujo – tanto McDormand (genial en el papel de este avinagrado carácter, cuyo clímax alcanza en la escena del parque en el último capítulo), como Jenkins, demostrando su autoridad delante de la cámara, como sus secundarios: Rosemaire DeWitt, Peter Mullan, Bill Murray (un gran personaje desaprovechado), Brady Corbet, hasta la músico Marta Wainwright tocando el piano-, la mini serie topa con un escollo insalvable…Lisa Cholodenko. Una directora que se ganó sus lugar en el paredón tras vomitar Los chicos están bien, una de esas anómalas películas que no hace falta ver para odiarla. El tema es que la Cholodenko imprime cero atisbo de interés y gancho en la historia, con una realización plana que pone al descubierto su nula habilidad en las artes de la dirección, y cuya papeleta es salvada por unos actores a los que no hace falta dirigir.

Los únicos dos instantes en que logra captar nuestra atención mediante el plano visual, son  dos salidas de guión surrealistas. Una, cuando el hijo de la madre depresiva con tendencias suicidas (no, no Olive, otra), se encuentra hablando con Olive dentro de su coche, y como si estuviera ciego de LSD, ve a ésta convertida en un elefante. La otra es en el tercer capítulo, cuando Olive, tras la desgracia que deja a su marido convertido en vegetal, tiene un sueño Lynchiano, bastante mal rollero la verdad.

Por lo demás su sello sosainas simpatiza con la sensación general que deja esta serie, la de un estado templado, ni demasiado frío, pero tampoco acalorado, un producto que no permanecerá retenido en las retinas por demasiado tiempo. A años luz de melodramas construidos por otros mimbres más sólidos pero salidos desde la misma casa ( Mildred Pierce), o bien, desde otros géneros (Generation Kill). Más cerca del nivel de propuestas como Empire Falls, con la que parece compartir cierto anhelo de capturar el costumbrismo de la América rural. Puede que Olive Kitteridge termine llevándose a casa un buen puñado de premios, pero queridos lectores, no se lleven al engaño, si eso ocurre es porque no compite nada mejor. Mala cosecha (de mini series) en territorio yanqui.

6


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