Domingo de serie

Domingo de serie: ‘Podría destruirte’

posted by Omar Little 30 agosto, 2020 0 comments
 Una nueva voz irrompible

Michaela Coel (Aka Nina Simone) va disparada a convertirse en uno de los rostros femeninos protagonistas de la funesta campaña del 2020 tras copar portada del New York Magazine y otras rotativas de referencia. Un salto meteórico ganado a pulso con su primera creación como artista total, este Podría destruirte que hoy ocupa este espacio.

La serie producida por BBC y distribuida por HBO, pone el acento en los avatares dramáticos de Arabella Essiuedu (Michaela Coel), una joven escritora a quien se proclama voz de su generación en su primera visita a imprenta. Sin embargo, su vida personal da un terrible vuelco en una noche nublada por el alcohol, las drogas y un traumático episodio de agresión sexual en un baño.

Misma experiencia que sufrió en propia piel Michaela Coel, la osada creadora, actriz y guionista de esta ficción alrededor de los traumas sexuales y el consentimiento sexual. Estaba escribiendo la segunda temporada de Chewing Gum, cuando decidió hacer una pausa y salir a tomar algo con sus amigos. Esa noche alguien puso droga en su copa y la asaltó sexualmente. Tardó dos años y medio en recomponerse, el tiempo que invirtió en escribir el potente relato que configura Podría destruirte; una catarsis que se traduce en uno de los visionados más primorosos de la temporada veraniega y más allá.

El grado de arrojo y valentía con la que Coel destapa las intimidades de todo el proceso traumático que conlleva una agresión sexual y su asimilación (psicológica, física y social) es solo comparable a la frescura con la que le da salida, la forma que permite suavizar ese nudo que de vez en cuando se forma en la garganta con lo narrado. Podría destruirte se gradúa con honores como un dramedy orientado desde el Yo en clave femenina. Coel se une al grupo de privilegiadas narradoras (Lena Dunham y Phoebe Waller-Bridge) que desnudan sin tapujos sus universos internos, sus vergüenzas, sus filias, sus quejas, sus encuentros y desencuentros amorosos (y sexuales) y sus desvarios generacionales. La principal diferencia es que ella lo lleva a cabo inmersa en la era post #MeToo, y sobrecapacitada para enfrentar y dar visibilidad a ciertos temas no tratados por la ficción.

Quizá su mayor virtud sea su habilidad por expresar y generar emoción desde la sutileza, los detalles más ínfimos, gestos y palabras que adquieren un significado más demoledor una vez los créditos enfilan sobre negro. Ocurre en varios momentos de la temporada. Y se concentran en el genial capítulo en el que las dos amigas viajan a Italia. Anabella inicia una relación de amor (a distancia) con un narcotraficante menor y su amiga es engatusada para hacer un trío. La verdad asoma en cada plano de ese tremendo episodio. Enredos, vergüenza, excitación, la intimidad sexual desacoplada del tabú, el romanticismo efímero y no postalero confluyen en un episodio narrado con una finura, madurez y agudeza deslumbrante y demoledora, propio de ese estilo que caracteriza a su creadora y al personaje principal; capaz tanto de lanzar un puntapié y ser muy explícita (a veces demasiado), como reducir, y plegarse a la sutileza y a los momentos recogidos y emotivos.

Algo que también se aplica en esa tensión entre drama y comedia que define el serial en toda su amplitud y que encuentra su máxima expresión en un final discutible. Donde Michaela imagina tres escenarios, entre la realidad, la fantasía y lo surrealista. Arabella cierra así su arco traumático, con un final, por momentos,  algo displicente, pero acorde y coherente con la historia y el drama que afecta al grueso de la temporada. Y, al fin y al cabo, el más cercano, imaginamos, a su propia realidad.

Su rabioso y moderno estilo se desenvuelve como el necesario lubricante para digerir y engullir los oscuros episodios que Coel  narra en voz autobiográfica. Por si fuera poco, lo adorna con una mirada irónica y ácida hacia su generación, sus fobias y adicciones. Siendo crítica, así como absurda y desternillante, con el rol que juegan las redes sociales y la tecnología. Ese retrato lo diluye en la masa dramática principal ya descrita. Y además lo condimenta con un estilo visual fresco, llamativo y adictivo. Correspondido con esa golosa banda sonora rellena de hits rabiosamente contemporáneos.

Así que sí, Podría destruirte confirma el alzamiento de una nueva voz femenina, urbana y negra a la que no perder el rastro. Ya había dejado muestras como actriz, pero ahora demuestra ser un talento 360º, valiente, sin tapujos y arrollador. Seguiremos sus pasos.

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