Domingo de serie

Domingo de serie: Succession (temporada 2)

posted by Omar Little 15 diciembre, 2019 1 Comment
Sacrificio empresarial

El pasado curso Succession erosionó el parqué de la ficción internacional con una de las nuevas llegadas más resplandecientes que se recuerdan de esta década. El traslado de El rey Lear hacia las luchas cainitas y fratricidas en el seno de una familia dominada por un magnate intratable se saldó con un tiovivo de emociones calibradas con guiones tan ingeniosos como precisos, y por una galería de personajes intasable, favorecida por un reparto en estado de gracia.

Tras la voladura final de sesos de la pasada temporada que dejó a Ken con la soga en el cuello y una jeringa en el brazo como único escape al “marronazo”, la segunda temporada devuelve el foco al corral de las altas esferas de los Logan en las jornadas posteriores a ese instante en que, sus instintos animales y los últimos destellos de humanidad, quedaron despellejados con el crítico desenlace. Ken en un retiro de desintoxicación, y todas las hienas a la vera de los movimientos de ese temido león que con sus rugidos desatada el drama y la tragedia en los orificios de la serie.

Sin el mismo tiempo de preparación que la anterior, Succession vuelve por la puerta de las grandes, erguida en ese complicadísimo equilibrio entre el melodrama familiar y el thriller financiero. Unos latigazos que agrietan la epidermis del espectador y que lo zambullen en un potaje de emociones encontradas, como corresponde a un paseo tragicómico por las bajezas morales de una familia de avaricia despiadada.

Si bien el nuevo paquete de capítulos arranca renqueante, desprovisto de la ingeniera narrativa de su primera temporada, capaz de sacar el mejor caldero de exaltaciones humanas – las que terminan con acuchilladas por la espalada – en el mejor de los escenarios.  Finta incluso con acomodarse a ciertos raíles convencionales o transitados, acercándose, peligrosamente, a construcciones autoparódicas de sus personajes,  los mismos que se habían ganado el favor eterno en su temporada de presentación. No obstante, la superdotada pluma de Jesse Armstrong (quien actúan también de showrunner) no hace sino que preparar el escenario para otros caudalosos instantes catódicos que guardar en el baúl de este 2019. Unos en que los que pondríamos incluir el stage de los empresarios en un resort montañoso donde una agua mineral se paga con stocks de Apple, el encuentro entre las dos familias empresariales en vistas a la posible fusión, el homenaje a regañadientes a Logan, o esas impagables vistas en el Senado y todos los preparativos entre bambalinas, y, por descontado, ese final pletórico donde toda la preparación posterior estalla en un capítulo magnifico, de una tensión inenarrable. Esa que asoma con cualquier contacto con Roy Logan, a quien interpreta el magnifico Brian Cox. Un personaje que acojona, con su mera presencia, a todos los personajes. Que inunda de mal rollo hasta una convención de Peppa Pig en Disneylandia. Una presencia amenazante que respira violencia y toxicidad en pantalla. Todo ello en proceso de ser heredado por esos hijos batallando por la sucesión del trono. Ese esquema shakesperiano removido por la avaricia sin contención moralista sigue siendo el mástil principal de la serie. Pero no deja de maravillar el tino con el que sus guionistas consiguen retratar esos ambientes exclusivos de los billonarios del 1%. Desde las flotas marítimas donde, señaladamente, ocurre el capítulo final, hasta esos campus, retiros, e incluso los bastidores del senado. Todo ello respira una autenticidad (tanto por los diálogos, como por las actitudes de los personajes, las acciones que desarrollan, la dirección artística, pero especialmente, por la minuciosidad y la complejidad con la que abordan las cuestiones empresariales y sus jugadas internas y externas) que ya hubieran querido para ellos Oliver Stone o Scorsese cuando radiografiaron las mismas zonas de confluencia.

Una temporada que además mantiene a la perfección ese equilibrio entre el drama descorazonador y la comedia más infatigable. En el segundo paquete Tom, Greg y Roman como el trío que sabe sonsacar la comicidad en las situaciones más tensas y ridículas, la más angustiosas para sus implicados, especialmente cuando atañen al mejor dúo cómico desde The Office, el que conforman los dos primeros citados (“You can’t make a Tomlette without breaking some Greggs”). En el paquete dramático se impone por goleada el patriarca y su núcleo duro: Shiv y Ken, este último como un remolino de altibajos y ambigüedad cuyo cenit lo da con el sonado giro final (el cual, todo sea dicho, a nivel discursivo podría haber sido más potente). Un personaje que lo hemos visto, sin apenas variar su rictus de cadáver en vida, ganarse de nuevo la confianza de los suyos pese a su alta traición, abrazar la vida de fucker, y dar la cara ante el senado sin perder de vista un ambiguo plan interno que lo convierte en el personaje con más anclajes empáticos para el espectador. Y ahí estriba otras de las grandezas de la serie, ser capaz de articular una empatía hacia sus miserables y deleznables personajes. Si bien Logan se mantiene invariable en la piel del villano capaz de sacrificar a un hijo para mantener a flote su emporio, tanto Ken, Greg, como Tom, e incluso, Roman, generan una simpatía (una lástima) que no abrazarían en la vida real.

Una temporada que termina por todo lo alto como ya se ha avanzado unas líneas más arriba. Quizá, y a diferencia de la anterior, le han faltado algunos giros climáticos de mayores consecuencias en los parques bursátiles en algunos tramos de la temporada, pero parece como que el propósito era ir cocinando a fuego lento toda la trama enrevesada de la temporada para servir un delicioso banquete en los dos últimos episodios, en los que el navío Waystar empieza a avistar su iceberg, hasta finalmente llegar a ese final de whodunnit en ciernes, donde la tensión latente se vive como un asesinato inminente, entre unos personajes alterados y acojonados ante el temible golpe de timón de su impecable capitán.

Succession permanece de este modo como uno de los buques insignia de la HBO y de la ficción de calidad. Ni su posible Globo de Oro rebajará el valor de este serie impecable, tanto en el registro de sus ambientes y sus personajes, como por su capacidad de generar un cosquilleo interno tan elevado como sus estratagemas narrativas, y, todo ello, mientras va soltando lastre cómico para poder tomar aliento en esta jauría de almas viciadas . En fin, larga vida a la guerra entre los Roy.

8


1 Comment

Circe 16 diciembre, 2019 at 13:56

Veremos qué nos trae la temporada 2.

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