Domingo de serie

Domingo de serie: Succession (Temporada 3)

posted by Omar Little 19 diciembre, 2021 0 comments
El tanque de los tiburones

Succession Temporada 3

El asalto de Succession a los corrillos y las conversaciones digitales ha ido en paralelo a su crecimiento indiscutible como producto de consumo popular de referencia. Tras la partida de Juego de Tronos, pocos acontecimientos seriéfilos han aglutinado el consenso y el entusiasmo auspiciado por la criatura de Jesse Armstrong. Las tropelías de los Roy se erigieron en tiempo récord en la nueva franquicia de calidad de HBO, y en esa ficción en la que depositar el tiempo, las discusiones, el calendario y, especialmente, la fe.
Todo ello se ha podido seguir en las últimas semanas con el desarrollo de su tercera (y álgida) temporada. Las manifestaciones y las riadas de comentarios y reacciones surgen como brotes incontrolables en las redes. Esa monopolización del debate seriéfilo queda asimismo apuntalado por el recibimiento crítico (difícil encontrar una lista del año donde no aparezca entre las 10 primeras. La de esta casa no será la excepción, esto que avanzo) y de laureles. Así que mientras los puñales y las dagas siguen presentes en su propio tablero dramático, en el plano extraserial, no hay necesidad de sacar el botín armamentístico para ocupar el trono de calidad dentro del consumo de banda ancha.

Y eso curiosamente que la tercera temporada empezó renqueante, agarrada a un modo acelerador desacoplado del fluir orgánico habitual. Quizá la impresión viniese potenciada por ese desajuste entre el tiempo esperado y las expectativas acumuladas – recordemos que el rodaje se paralizó por la pandemia, y el año pasado HBO no lanzó su paquete de entrañas Waystar  – y lo ofrecido en una apertura que parecía volver a un punto de partida explorado. Se trataba de una entrada algo afectada por los atropellos y los forzamientos de guion – algo que también ha incurrido, aunque en menor medida, un final que servidor tampoco encajaría en los instantes de oro de la temporada…ni de la serie – pero a partir ahí todo fue una escalada sin oxigeno al Everest, coronada con algunos capítulos imbatibles (el 5, el 7 y el 9). Porque en líneas generales la temporada ha dejado una comunión dialéctica y de situaciones disparatadas que han resultado de difícil contestación. Como si los distintos equipos de guionistas se batieran a duelo de ingenio entre ellos con aras e ocupar el sillón preferido del capo Armstrong. Una sucesión de capítulos memorables donde el equilibrio entre el humor y el sablazo dramático se ha conjugado a la perfección.

Si bien es verdad que el tablero dramático y la evolución de ciertos personajes parecía algo atascado,  como si la serie se encontrara en un bucle – ¿aunque no es acaso ese el hilo caudal de Successión?; observar el tanque de los tiburones en el que viven atrapados sus personajes, despedazándose mutuamente a diario – como igual de cierto es que algunos personajes se han liberado de esa sombra dimensional, presentando una arco evolutivo ejemplar, y en algunos casos ofreciendo un salto de calidad meritorio, apoyados por las tremendas interpretaciones del plantel actoral que les infunde vida en la pantalla, y que, durante esta temporada, ha alcanzado un estadio de excelencia que probablemente se vea recompensado en la próxima temporada de premios.

Ha sido sin lugar a dudas la temporada del salto de aprecio de Kendall. Su divagar apestoso y cabizbajo por las villas, estancias kilométricas, despachos desangeladas y fiestas extravagantes de rapero con inseguridades han ganado protagonismo a su gran rival en el plano diegético: un Roy que sigue provocando muertes súbitas con cada aparición y cada «Fuckkk offf» que suelta, pero que se ha acuartelado ante la subida de protagonismo de sus hienas cachorros. Tal ha sido el desarrollo dramático empleado con Kendall que a lo largo de la temporada lo hemos visto sufrir altibajos anímicos más pronunciados que la primera bajada del Dragon Khan. Desde desafiar a su propia corporación y al trono de su padre con muchas agallas pero pocos apoyos, a venirse abajo y ser repudiado y hasta humillado por consanguíneos. El mérito estriba aquí que su balanceo calamitoso por la temporada ha favorecido el apoyo empático sobre un personaje que, por lo general, o hasta esta temporada, incluyendo ciertos momentos de esta, no había sido precisamente una fuente de simpatía o compasión. Ha sido potenciar su vulnerabilidad lo que ha humanizado a un personaje endiosado, mimado y odiable, facilitando así el vínculo empático. Y Jeremy Strong ha respondido en cada fase de aprecio/desprecio de forma extraordinaria.

También ha ganado enteros, propiciando algunas de las salidas más brillantes y humorísticas de la temporada, un Roman comiendo terreno en su carrera como sucesor favorito de su padre. Roman se ha ganado galones de aprecio en buena medida a su lengua viperina, más desatada que nunca, a sus cagadas gloriosas y a la imponente labor que desempeña Kieran Culkin para darle volumen.

Por último, la tercera contrincante de entidad en la sucesión del trono. Una Shiv (Sarah Snook) que responde sin una personalidad tan marcada ni tan laminera para quien interpreta, pero de ahí estriba el gran valor, al dotar al personaje de una ambigüedad (cada vez menos) satánica. Entre el ser más maquiavélico y malevo de la faz de la tierra, hasta presentar sarpullidos de ternura y compasión en los momentos más reveladores y dramáticos de los últimos nueve capítulos.

Todo ello sin olvidarse de la que hace tiempo que designamos aquí como la mejor pareja cómica de la televisión desde Scott- Schrutte. Un Tom-Greg que han vuelto a dar raciones sobradas para rebajar la tensión y los zarpazos de tragedia griega que los envuelve. Sus apariciones son un propulsor mágico de vibraciones en la caja torácica.

La temporada también ha resuelto con mucha brillantez ese complejo equilibrio entre las bolsas de comicidad seguidas no ya momentos de aspereza dramática, sino de secuencias descorazonadoras, instantes de humillación y/o de secretos revelados como  latigazos en la espina dorsal. Los diálogos en que sacan trapos sucios enquistados entre Shiv y su madre en el capítulo 8, y, casi en paralelo, entre Roy y Kendall en esa cena de tensión no ya tensa, sino presidida por John Le Carré. O la humillación perpetrada por Roman a su propio hermano mayor en su propia fiesta, para más inri, y todas las puñaladas previas entre ellos, así como la desafección absoluta de Kendall en su propio cumpleaños, han resultados instantes devastadoras, un puntapié atroz de las miserias familiares de los Roy directa al esternón del espectador. A su vez, esos momentos de crueldad dramática extrema se han impuesto como los clímax de los mejores capítulos del serial, sumando además el glorioso capítulo 5, donde una convención empresarial, y una tensa negociación empresarial, brota no solo en la tensión propia del thriller financiero, sino en un humor descacharrante, con todos los implicados envueltos en una especie de comedia alocada de los hermanos Marx, en la que los diálogos afilados que se lanzan entre ellos, y el slapstick más delirante, afloran de forma arrolladora. Impagable, vaya.

De ahí quizás que el desenlace de la contienda entre las dos facciones que ha marcado el hilo narrativo de la semana no le resultara a quien escribe tan satisfactorio como el resto de la temporada. No por la sucesión de acontecimientos que precipita esa cadena de giro dramáticos de aúpa en su sección final, sino por lo atropellado de las acciones que precipitan la entente entre hermanos. No obstante el final de temporada ha dejado un par de secuencias gloriosas, Kendall, el apestado arrodillado entre cubos de basura en las inmediaciones de la villa toscana e incómodamente arropado por unos hermanos incapaces de mostrar empatía y cariño, pero al menos, mostrando algo de compasión por primera vez – especialmente en el caso de Roman. Por otro ese pacto con el diablo entre la buddy com más irresistible del ancho televisivo. Su abrupto plano final constata que el diablo se esconde en todas las estancias de la familia Roy, incluso en las regentadas  por las (no tan) serviles marionetas. Y queda claro que en la próxima temporada volveremos en cierto modo al punto de partida, al conflicto de siempre, a un nuevo capítulo de esa guerra interna en el clan Roy con la sucesivas facciones…¿pero y qué?…no hay nada más placentero que ver al 0,1%, con sus respectivas bajezas a cuestas, despellejarse en carne viva…y eso es Succession, básicamente…además de la indisoluble tragedia de pertenecer al linaje familiar de la realeza empresarial.

8,5

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