Domingo de serie

Domingo de serie: The Eddy

posted by Omar Little 31 mayo, 2020 0 comments
Jazz europeo marginal

La simbiosis entre el universo musical, y, en particular, el jazz, y las series tiene un rastro de fácil seguimiento. Tres semanas atrás se incorporó a este reducido grupúsculo The Eddy, una serie cuyo ingresó en nuestra lista de deseos catódicos del curso fue inmediata desde que se publicitó la presencia de Damien Chazelle (La La Land) y Jack Thorne (The Virtues) en el guisado.

Aunque es probablemente el segundo quien más huella deje en el desarrollo de esta serie alrededor de un exmúsico de jazz, de perfil torturado, que huye de un hijo que no tuvo el valor de enterrar. Con la intención de remontar anímicamente se instala en un París multicultural donde intenta salir adelante con la gestión de un club de jazz en números rojos y asediado por distintos frentes. La llegada de su hija, más el acarreo de mil movidas profesionales y personales, son los lastres que le impiden volver a tomar aire en su vida. En este cubículo de melodrama familiar y drama personal se le inserta una abultada, innecesaria, y, a veces, farragosa capa criminal  que, básicamente, entorpece los satisfactorios momentos musicales que aporta el producto. Es esta última intersección donde la serie sacar su mayor rendimiento y lo que la distingue de productos que se le puedan comparar; cuando su dispositivo narrativo conjuga con la música y su ejercicio vital como bálsamo y terapia curativa para inquietudes y problemas acechantes en unos personajes (el músico que interpreta André Holland y el círculo que lo rodea) a los que cada capítulo les guarda un espacio preferencial en paralelo al avance narrativo principal  y sus meandros.

Si la asimilación del entramado musical resulta crucial para la trama y los personajes, dejando incluso un par de momentos gloriosos. la subtrama criminal con las movidas que enlazan la serie con las mafias del este resultan forzadas, como si las hubieran (auto)impuesto para dar una mayor entidad a la trama central y/o para poder vender mejor el producto entre los concursantes. Sin embargo y, especialmente con las constantes visitas de Eddy a la comisaria de policia, todo este embrollo dramático ralentiza el visionado y lo desvía de sus conductos más favorables.

Los mismos que parecen edificarse con materiales de ese cine social francés que impregna la partícula estética de la serie. Especialmente de su variante criminal en la línea de Jacques Audiard, cuya obra parece erigirse como buscado molde para el retrato de las barriadas mestizas  del París actual. La otra gran inspiración es indudablemente Treme, la gran serie musical y sobre músicos de la historia televisiva reciente. Si en la obra de David Simon este arte servia a sus golpeados personajes para reconstruir sus ánimos y vidas, aquí desempeña un papel similar para la mayoría de personajes incluyendo su protagonista, quien la aparca por motivos trágicos, pero que, a su vez,, le sirve para cicatrizar sus heridas más profundas, y, durante la mayor parte de los ocho capítulos, para tomar aire en su ajetreado trance vital.

Otra de las cualidades destacables es la influencia de Chazelle (quien dirige los dos primeros episodios) en la realización de la serie. Su cámara nerviosa y rítmica (hay que recordar sus estudios de batería) se reflejan notoriamente cuando sigue a los personajes por los entresijos de los ensayos y el club, un poco como el Iñárritu de Birdman y al propio continente que desempeñó en su aclamada ópera prima, aunque sin llegar al estado febril propio del free jazz anfetamínico de aquella. No obstante, la imprenta formal más evidente es esa estética de iluminación hosca, algo de grano, cámara inquieta y al hombro, en definitiva, esa voluntad naturalista asociada al cine social y al cine de autor europeo donde se podría encuadrar a Thorne. y en el que Chazelle se adapta con suma facilidad, demostrando, una vez más, su admirable versatilidad.

La ficción de Netflix supone así un producto marginal en su catálogo. Una serie atrevida, desacoplada  del canon que impera a su alrededor, y enfocada sobre valores y situaciones poco habituales en la ficción actual. Esa valentía formal y narrativa queda desbaratada con ese pulso criminal mal encajado y dispuesto. Perdiendo así la oportunidad de modular una ficción mucho más noble. Pese a sus taras, su visionado debería satisfacer a los melómanos y amantes del jazz, como serie residual entre los gustos generalistas que se potencia desde la plataforma estadounidense. Solo por esa audacia y por su pulso a contracorriente brindamos por su existencia.


Leave a Comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.