Domingo de serie

Domingo de serie: The House of Cards

posted by Omar Little 19 febrero, 2012 2 Comments
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The House of Cards

Imaginaros el reciente congreso del PSOE donde se eligió al próximo looser electoral de las generales, pero cambiando la disciplina socialista por el seno del partido conservador inglés. Ahora coger (agarrar si la frase os da asco) los barones del PSOE y añadirles la flema y la distinción británica. Por último pensar en toda la antipatía y recelo que genera la clase política en nuestra sociedad y ya tendréis una idea aproximada de lo que propone House of Cards.

Una mini serie con aura clásica y de prestigio de la siempre fiable BBC, desapercibida en nuestro país, pero que con gran criterio Cameo ha tenido la sensatez de traer en una edición que incluye también las dos siguientes temporadas que tuvo (ahora también están disponible en Filmin).

Su argumento arranca con la caída de Margaret Tatcher. El partido conservador debe elegir al torie que reemplace a la dama de hierro, y es entonces, cuando arranca la encarnizada lucha por coger el relevo. Todos los buitres despliegan sus picos y garras, menos un personaje, Francis Urquarth, que se mantiene en la sombra, como chief whip se mueve entre las bambalinas del poder. Todo da un vuelco cuando Henry Collingridge, un político del ala más liberal, se impone como líder del partido y gana las elecciones por la mínima. En ese momento Collingridge desoye las recomendaciones de Urquarth y lo aparta de cualquier cartera, y con ello, se gana una enemistad política que le costará cara….muy cara.

El peso de esta trilogía de cuatro capítulos por temporada se pone en los hombros de Francis Urquarth, un despiadado, mezquino, inteligente y hábil político que ambiciona llegar a la cima del poder, y es capaz de todo con lograrlo. Mediante una sorprendente posición de narrador omnipresente que interactúa (con sus speeches a cámara) con el espectador, asistimos a la salvaje escalada de un personaje que se mueve siempre entre bastidores, sujetando a su interés, y con desbordante inteligencia, los cables políticos, periodísticos, de la opinión pública y demás.

Verlo actuar en el arte de la demagogia, en el aparentar desinterés pero actuar con interés (actitud que recoge con acierto la frase que abre esta entrada y que él utiliza constantemente) es un placer recompensado además con la extraordinaria actuación que se casca un Ian Richardson en estado de gracia. Ver en acción a este desalmado hijo de Satán moviendo hilos, zancadilleando a quién se ponga por delante, y acuchillando si es necesario, es como encontrarse directamente con la versión inglesa y televisiva de El príncipe de Maquiavelo. El actor escocés (fallecido hace unos pocos años) aporta su clase al personaje de una forma rotunda. Su personaje está relleno de sutilezas, de la ironía agridulce, y consigue lo más difícil, hacer de este manipulador mezquino alguien odiosos, pero también, cautivante.

House of Cards es una lúcida cartografía de la clase política (comprobamos que la imagen deshonesta que tenemos de ella sigue invariable), de la codicia, la ambición, y el poder ligada a su ejercicio. Hay algunos fragmentos del guión que chirrían por su carácter algo forzado, pero en general su visionado es un disfrute para las neuronas más exigentes, seguidoras de la ficción británica con pedigrí y de esas historias donde el guión, los diálogos y los actores lo son todos (marca de la casa de la televisión británica). Y sí, antes de Aaron Sorkin y su Ala oeste de la casa blanca, los británicos (siempre adelantados) ya habían radiografiado las vergonzosas interioridades de la clase política.

marco 75

 La serie completa de The House of Cards está editada en DVD por Cameo


2 Comments

Granbonobo 20 marzo, 2012 at 18:18

Maravillosa serie, la acabo de acabar hace nada. El guión es un poco maniqueo, pero no deja de ser una maravilla. Solo una corrección: hasta donde llega mi conocimiento, Francis Urquhart es un torie, es decir, del Partido Conservador, no del Laborista…
En cualquier caso, gran elección

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Omar Little 21 marzo, 2012 at 09:36

¡Osti qué despiste! Corregido…gracias Granbonobo. Tienes toda la razón en que el guión es un poco maniqueo, pero las actuaciones, el discurso y los diálogos lo compensan sobradamente

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